El príncipe azul

La dama del décimo piso ya no piensa más en el matrimonio. Sabe que a su edad lo mejor es resignarse a permanecer soltera para siempre. No obstante, todavía sueña con su príncipe azul y, en ocasiones, mientras toma su té en medio de gatos somnolientos y carpetitas bordadas, se pregunta cuál sería el aspecto de éste y por qué nunca apareció.

Lo triste del caso es que el príncipe sí acudió a la cita. Hace veinte años, se apeó del caballo frente al edificio donde ella ha vivido desde que era una niña y, al encontrar descompuesto al ascensor, intentó subir por las escaleras. Desgraciadamente la pesada armadura y la fatiga producida por el largo viaje le impidieron llegar: en el séptimo piso se desmayó a causa del agotamiento. Allí lo encontró una mujer quien le ayudó a quitarse el yelmo, lo cuidó, lo alimentó y se casó con él.

La dama del décimo piso baja casi todas las tardes al séptimo para ver la televisión con su vecina. En ocasiones, observa de soslayo al marido de ésta (un señor calvo y mofletudo que sólo habla de fútbol) y se sorprende al sentir un ligero hormigueo recorriéndole la espalda.

Luis Bernardo Pérez
No. 133, Abril-diciembre 1996
Tomo XXVIII – Año XXXII
Pág. 82

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