Descubrimiento

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En aquella isla, dicen, viven hombres que no son mayores de un palmo, pero cuyas orejas son largas como ellos mismos, y cuando duermen una les sirve de colchón y la otra de frazada. En aquel otro islote, en cambio, sólo viven mujeres y a ningún hombre le es permitido pisarlo. Y, no obstante, aquellas mujeres quedan embarazadas, lo cual es obra del viento. Todos los niños que dichas mujeres dan a luz son muertos invariablemente y sólo dejan vivir y crían a las niñas.

Stefan Zweig, Magallanes
No. 133, Abril-diciembre 1996
Tomo XXVIII – Año XXXII
Pág. 146

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