José Luis Cárabes

José Luis Cárabes

 

José Luis Cárabes

José Luis Cárabes dice de sí mismo: el elenco de mi currículum inconfesable aparece en la dedicatoria de este libro… Nací en Paricutín. El volcán arrasó los archivos y me dejó indocumentado. Viví adolescente frente a la orgiástica finca de Luis Napoleón Morones, en Tlalpan. Estudié y fui maestro en la Universidad de Guadalajara. Cobré como negro o ghostwriter de algunos analfabetos funcionales, hoy premiados (callo nombres para sobrevivir). Con mi firma he publicado Feliz como un piromaniaco en el infierno y La sexy secta de las insectas mujeres. Y ahora, con los millones de mis regalías, emprenderé un viaje redundante a bordo del transiberiano, con equipaje de ciberiano e insistente twittero[1].

[1] http://www.editorialterracota.com.mx/autor.php?autor=290

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Débito conyugal

Por desgracia me enteré de que en la familia de mi esposa abundaban los locos y los débiles mentales hasta que ya estaba casado.

La posibilidad de preñarle un hijo mongoloide acabó con mi libido matrimonial.

Histérica y desnuda me exigía el cumplimiento del débito conyugal.

—Soy tu esposa, eres mi hombre —me gritaba.

Yo sufría el terror de su amenazadora gravidez.

Estoy en deuda con ella. Le adeudo un mongoloide.

José Luis Cárabes
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 26

Pecado a medias

Es conveniente que las sirenas que decidan abandonar el reino de los mares para ir en pos de algún príncipe hermoso, adquieran con anticipación un par de piernas y todo lo que entre ellas debe haber.
Resulta obvio que a ningún príncipe que se jacte de ser decente le gustaría ser acusado de bestialidad a medias.

Liliana Valderrama Blum
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 25

El fuego

¡Ah que mi apá! Mira que dormirse en lo mero bueno de la borrachera. Los dos estuvimos tomando cuando empezaba a pardear la tarde. Él fue el que me jaló. Ya sabes que siempre me retaba.

—A ver si puede con su madre m’hijo.

Desde que estaba de a’tiro escuincle por todo me retaba: Que a ver quién cargaba más adobes, que unas venciditas, que a ver quién traiba más lana a la casa. Él siempre ganaba, claro. Yo estaba ansinita de este pelo.

Ya luego, cuanto estaba más crecidito, que a ver quién tomaba más pulque. A ver quién podía con las viejas. Como él, que no se acordaba de mi amá… yo sí me acordaba…

Por eso en lo mejor de la borrachera, cuando se quedó dormido con el cigarro prendido en la mano, juntito a la lámpara de petróleo, yo le dije bien clarito antes de salirme:

—A ver si puede con el fuego… Apá…

Ma. Cristina Ramírez H.
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 22

Socorro Venegas

Socorro Venegas2

 

Socorro Venegas

Nació en San Luis Potosí en 1972. Estudió comunicación social en la UAM-X. Ha sido coordinadora de La Jornada de Morelos; guionista del programa de radio “La Divina Comedia” de Radio Educación. Ha impartido diversos cursos y talleres; fue jefa de redacción de Mala Vida y tutora del FOECA-Morelos 2004. Ha colaborado en Blanco Móvil, El Nacional, El Universal, Mala Vida, y Tierra Adentro. Fue becaria del FOECA-Morelos, 1995; del FONCA, 1997 y 1999; del Centro Mexicano de Escritores, 2001; y del Writers Room de Nueva York 2003.

Su libro de cuentos Todas las islas obtuvo el Premio Nacional de Poesía y Cuento “Benemérito de América” 2002. En 2004 su primera novela, Será negra y blanca, ganó el Premio Nacional de Novela Ópera Prima “Carlos Fuentes”. Sus cuentos han sido incluidos en diversas antologías, entre ellas Nuevas voces de la narrativa mexicana (2003) y Los mejores cuentos mexicanos 2004, y sus cuentos se han traduciedo en Concho River Review, The Modern Review, Literal, y The Listening Eye, entre otras publicaciones.

Bibliografía

Será negra y blanca (Premio Nacional de Novela Ópera Prima “Carlos Fuentes” 2004) Todas las islas (VI Premio Nacional de Poesía y Cuento “Benemérito de América” 2002) La muerte más blanca (2000) La risa de las azucenas (1997)[1]

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Socorro_Venegas

Retorno

136-137 top

Mientras él penetraba en mí, con fuerza, yo veía media luna blanca en el cielo negro. Recordaba los detalles de mi viaje a la isla, la mano suave de Alexis, su cabello largo. Vi otra vez un malecón y un mar que no me devolvieron la infancia, pero sí una amargura de adolescente enferma.

Cuando acabó, él se interpuso entre el cielo y mis ojos entornados en el sueño y la distancia. Su mirada delató una ansiedad vieja, oscura. Parecía preguntarme, querer saber de dónde venía yo, mi cuerpo hastiado, por qué no sentía nada. Ladeé la cabeza y cerré los ojos, harta. Es que ya no podía luchar más contra el fastidio de esa cama, de ese cuerpo sin luz. No te deseo, le dije. Y con tal firmeza que salió de la habitación, azotó la puerta. Se fue desnudo y del techo cayó cal, ese polvo muy blanco que entró en mis ojos haciéndolos llorar. Todo se cayó del techo, la luna blanca, el cielo negro.

Socorro Venegas
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 20