Débito conyugal

Por desgracia me enteré de que en la familia de mi esposa abundaban los locos y los débiles mentales hasta que ya estaba casado.

La posibilidad de preñarle un hijo mongoloide acabó con mi libido matrimonial.

Histérica y desnuda me exigía el cumplimiento del débito conyugal.

—Soy tu esposa, eres mi hombre —me gritaba.

Yo sufría el terror de su amenazadora gravidez.

Estoy en deuda con ella. Le adeudo un mongoloide.

José Luis Cárabes
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 26

Anuncios

Opina

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s