Sucedió en diciembre

136-137 top

Dicen que siempre le gustaron los caballos, quizá porque nació bajo el signo de Sagitario o porque su primer juguete fue un sonajero con forma de corcel.

Cuando la llevaban a las fiestas, su júbilo ignoraba límites en los tiovivos, encaramada en alguna figura caballuna, acariciando las grupas de madera.

Ya mayor, coleccionaba todo objeto de apariencia equina y hasta compró —no sin sacrificio— un pequeño rancho caballar.

Fue en ese sitio donde una noche de viento —según relató un palafrenero— penetró a su habitación un enorme caballo alado, que de tan blanco hería las pupilas. Una doncella contó que ahí mismo se escucharon resoplidos y jadeos.

Lo cierto es que luego de esa noche, nadie supo de aquella mujer. Aunque hay quien afirma haberla visto en las dehesas, abrazando a un bebé que, en vez de lloriquear, emite tenues relinchos.

Svetlana Larrocha
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 35

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