Irremediable

La misma brisa que le hizo sentir frío minutos antes, arrastraba una hoja de papel que, al contacto con el pavimento, hacía ruido (perceptible a esas horas de tranquilidad). Apartó su vista del libro y se entretuvo contemplando con qué lentitud se acercaba el papel a la banca donde había decidido sentarse. Para ello, hubo necesidad de que en el recorrido hiciera un viraje caprichoso, lo cual convertía el detalle en una casualidad sorprendente. Como lo esperaba, el papel llegó directo a sus pies. Se detuvo un instante, y él le clavó la mirada en búsqueda de cualquier cosa que pudiera entenderse como un mensaje, como una señal al menos. Una nueva ráfaga sacudió al objeto. Lo hizo girar de tal forma que dejó ver ambas caras en blanco; vacías.

Sintió una especie de desencanto que, aun reanudando su lectura, no desapareció del todo.

Rodrigo Pérez Rembao
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 43

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