Moderna pitonisa

Carmen, la cubana, abrió lentamente la mano de aquel hijodeputa español. Ella vio ahí todos los signos: la pirámide, el ojo en el triángulo, la cara de aquel viejo canoso y el color verde, parecido al de las selvas africanas, que dicen son propiedad de los dioses. Ni lo pienses chico —dijo ella en su hablar habanero—, con esa pila de dólares tú puedes hacer conmigo lo que quieras.

Javier Pacheco Salazar
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 47

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