El ángel

Una desdichada mujer anhelaba ser hermosa. Una noche, tan tristes eran sus lágrimas, que un ángel, compadecido, bajó a ayudarla. La convirtió entonces en una bella doncella, y aún fue más lejos, transformándola en flor, en mariposa, en sonrisa y en luna. Después de esto, el ángel le preguntó que en cuál de estas formas quería permanecer. La mujer, con los ojos iluminados, sin dudarlo respondió: “Un ángel, un ángel quiero ser”.

Alberto Pereda Careaga
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 57

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Novelista perverso

Siempre que deseaba acostarse con la esposa de su personaje, el escritor modificaba el relato, haciendo trabajar horas extras en la oficinal al personaje.

Eloy Pérez Benítez
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 54

Polimorfismo

Sentado en la rama del árbol del vecino, el chico miraba con codicia la manzana más madura. Tendió la mano para arrancarla y en el mismo momento recordó el pecado original que acababan de enseñarle en catecismo. Retiró la mano indeciso y buscó la serpiente enroscada en el tronco. No estaba. Son puras mentiras, se dijo y, como tantas otras veces, arrancó la manzana, la lustró frotándola contra la camisa y la mordió. Mientras masticaba, miró distraídamente la fruta mordida. Se paralizó. Escupió espantado lo que tenía en la boca y arrojó lejos el trozo que le quedaba. Había visto un pequeño gusano que emergía de la pulpa. Con el diablo nunca se sabe, pensó.

Raúl Brasca
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 53

Desde el umbral

136-137 top

Llevaba medias negras… Salía por la puerta trasera de un bar. Un botón de rosa, roja, pendía de su escote. La luz de un farol parpadeó y distinguí una melena revuelta, un peinado cuidadosamente deshecho. Llevaba medias negras… Pasó junto a mí, caminaba despacio, como sin rumbo; no iba ebria, sólo percibí un olor fuerte a tabaco. Entonces estornudé con violencia: quería verle los ojos. Dos pupilas tímidamente oscuras me descubrieron, su mirada era limpia. Llevaba medias negras… En la mano derecha apretaba un billete. Parecía contar sus pasos, retrasar intencionalmente su llegada, su destino. Alcancé a ver cómo su cuerpo, tan frágil, se estremeció; ¿lloraría? No lo sé… Llevaba medias negras… Hubiera querido seguirla, pero yo esperaba a alguien; pensé que quizás ella también era esperada y no me equivoqué. Antes de que doblara la esquina, un tipo salió de algún punto de la noche. Me hubiera gustado ser yo, para arreglar con mis manos aquel cabello, para tomar de su boca la recompensa buscada. Llevaba medias negras… y yo también.

Socorro Venegas
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 50