La despedida

136-137 top

Todos vendrán a la despedida. Ya escogí la música —las flores las mandarán más tarde—, acomodé las sillas y puse los nombres de cada quien en su lugar. Cuidadosamente he rotulado las invitaciones: a cada uno un pensamiento especial para que no falte. Ahora una cita de García Lorca: “Sólo el misterio nos hace vivir”.

Dispondré que alguien esté en la puerta, nunca falta uno que quiera entrar sin invitación. No puedo dejar pasar ni el más mínimo detalle: después no podré hacerlo. ¡Qué problema es organizar el propio funeral!

Ysabel Galán
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág.65

Anuncios

Vicki Nizri

Vicky Nizri

Vicky Nizri

 

Presentan el poemario Lilith, la otra cara de Dios mañana en el Museo del Carmen:

“Vengo de una raza de mujeres donde no hay lugar para las alas”, afirma Vicky Nizri

 “Vivimos en una sociedad en que los hombres se casan con Evas, pero andan tras las Liliths”

 César Güemes

 

Una certeza guía el trabajo creativo y la posición intelectual de Vicky Nizri: “Vengo de una raza de mujeres donde no hay lugar para las alas”. La afirmación se da en el contexto de la plática con la novelista y poetisa a propósito de la aparición de su más reciente libro, el poemario Lilith, la otra cara de Dios (Miguel Angel Porrúa), que presentarán este lunes 24 Raquel Serur, Adriana González y Rocío Cerón en el Museo del Carmen (Avenida Revolución 4, San Angel).

-El poemario puede verse, también, como un libro-objeto. ¿Cómo balancear el diseño, las imágenes y los textos para que no privara un elemento sobre otro?

-El personaje de Lilith no es muy conocido para la mayoría de la gente. Hoy en día el elemento visual forma parte de nuestra manera de entender el mundo. Yo tenía muy clara idea de Lilith, ahora había que encontrar quién la interpretara. La búsqueda fue cansada y por un momento dudé que fuera posible ilustrar el texto. Sin embargo, era preciso integrar el concepto de dualidad en la obra.

-Señalas que el pintor es una persona dedicada a la manufacturación de quesos, ¿cómo se conocieron, por qué trabajaron juntos? ¿A qué se refería cuando te dijo “yo soy Lilith”?

-Conocí el trabajo de Alfonso en una exhibición en Médica Sur, cuando ya me había resignado a que el libro no sería ilustrado. Aquella colección de cuadros, mujeres montadas en toros rojos, mujeres incendiadas de toro, revivió el proyecto original. Lo contacté y durante cuatro meses nos reunimos, una vez por semana. Al calor de los capuchinos bien cargados leímos los poemas y Alfonso hizo mil preguntas: ¿Quién es Lilith?, ¿cómo es el Paraíso para ti?, ¿qué opinas de Eva?, ¿de Adán? Respondí a cada pregunta sin titubeos, pues los personajes y los espacios habitaban mi imaginación hacía ya mucho tiempo. A cada respuesta o descripción mía, Alfonso sonreía con agrado. Lilith es una hembra, pero no puede ser representada en las categorías de lo humano. Lilith es una lechuza blanca, le decía yo, es la serpiente que recorre el texto, es el fruto prohibido, el gozo. La famosa manzana es un higo. El higo es el sexo femenino. El Paraíso es un corral, Adán es un ser demasiado temeroso, Eva es una niña ingenua. Lilith quiere poseer a Adán y a Eva para divinizarlos. Adán huye. Eva prueba la manzana. Cuando trajo su primer cuadro, lo entregó orgullosísimo y me dijo: ‘yo soy Lilith’.

-Es claro que detrás de lo literario hay una investigación sobre el personaje de Lilith. ¿Cómo la realizaste, a qué necesidad respondió?

-Como buena mujer, la inquietud sobre Lilith, surgió de la prohibición. Lilith es un nombre prohibido. Lilith es el dios hembra que el monoteísmo ha aniquilado. Nada más prohibido en una cultura monolítica que el dos. Mujer es dos en potencia, mujer es malo, es prohibido, es pecado. Atributos terribles que se le adjudican al carácter femenino para anular su posibilidad dual. Hay muy poco escrito sobre Lilith. Lo poco que hay se encuentra en libros cabalistas difíciles de hallar y muy complicados. No fue fácil y me tomó mucho tiempo introyectar su naturaleza contradictoria: Lilith es la destructividad que hace posible lo creativo. Esta investigación me llevó también a reflexionar sobre el sentido de la obediencia tan destacado en nuestra cultura, principalmente para las mujeres; medité también sobre el concepto de la esposa-madre. Vivimos en una sociedad en la que los hombres se casan con Evas, pero andan tras las Liliths. Una sociedad donde las buenas familias enseñan a sus hijas a ser buenas Evas y atacan brutalmente cualquier intento de Lilith. Este libro responde a la inquietud de un nuevo tipo de mujer: Lilith-Eva. Uno que las contenga a ambas en una convivencia complementaria. Una nueva índole de madres que además de tejer chambritas rosas para sus niñas, les tejan alas.

-Una de las características de los textos es que en algunos de ellos verbalizas los sustantivos, algo ciertamente arriesgado y que se emplea poco en la poesía mexicana. ¿A qué obedece este recurso formal?

-Siempre se le ha dado a Adán el cargo de nombrar las cosas. Dicen que uno es dueño de lo que nombra y Adán se adueñó de todo, animales y cosas y, sobre todo, de su Varona. En Lilith, la otra carta de Dios, Eva husmea el mundo. Lo conoce como las mujeres solemos conocer lo que nos rodea: por la boca, el gozo, por el fruto. Si Eva está husmeando el mundo, también está inventando el lenguaje. Por eso: “Yedra su ser Adán sobre mi cuerpo echa raíces me fuega Eva”, descubre la naturaleza de las cosas mediante el lenguaje que inventa. Fueron los personajes los que dictaron la forma expresiva del libro.

-Vida propia, tu libro anterior, era novela. ¿Cómo cambias de canal hacia la poesía?

-De mi novela se ha dicho que es prosa poética. Lilith, la otra carta de Dios es poesía en prosa. De alguna forma reluce de manera insistente esta manía que tengo de enamorar a las palabras. De enamorarme de ellas. Entonces, no hay tal cosa como cambio de canal. Más bien es una reiteración a varias voces.

-En ese mismo tenor, y por último: ¿dónde dejas a Esther Shoenfeld, protagonista de la novela y personaje histórico? ¿Hay lazos entre ella, el personaje de Lilith y tu trabajo actual?

-Vengo de una raza de mujeres donde no hay lugar para las alas. Este pensamiento guió mi trabajo al escribir Vida propia. Las alas son otro de los elementos que me obsesiona. Mujeres aladas. Tal vez el personaje de la novela no pudo ser más que como una típica mujer de principios del siglo pasado, impedida y amoldada. Un ave de corral. Una gallina que a lo mucho alcanzaría a brincar una pequeña cerca. Lilith, la diosa, la lechuza blanca, ha alzado el vuelo. Viven enlazados todos mis personajes. Un solo viaje literario: escribir con el cuerpo. Viajar piel adentro y jamás salir a salvo[1].

[1]http://www.jornada.unam.mx/2002/06/23/14an1cul.php?origen=cultura.html

Boca en el estómago

136-137 top

¡Ay, estómago!, órgano de la conciencia involuntaria; cuántas veces he deseado aniquilarte, clausurarte para siempre, ulcerarte de a poquitos para drenar la maldición de amor que siento por ese hombre; a culpa de poner al roce nuestros brazos, de besar, en el saludo fortuito, sin querer, sin darme cuenta, la comisura de sus labios, la cerradura de sus labios, el delito de beberle, enredarle las miradas. Tus ácidos disuelven mi voluntad, la debilitan y caigo lenta, vertiginosamente en el abismo de su aroma, sus alientos. Desbocada en los remolinos de la imaginación recorro los bordes de su cuerpo encendido; clandestina lo viajo, lo sueño, lo peco; luego tú, de manera indiscreta, lates, lates, supuras, anuncias tu presencia guardiana, insistente me devuelvas las memorias enfermas, empachadas de deseo, me conciencias.
Calle esa boca, estómago!, deja de secretar tus venenos, tus aullidos de bestia enfurecida; no me delates con ella, la que celda, la que grieta, la que condena: yo misma; la peor de las jurados.

Vicki Nizri
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 62

Renato Prada Oropeza

Renato Prada Oropeza

Renato Prada Oropeza

(1937 – 2011)

Texto tomado del blog del Filósofo y Psicoanalista, Doctor Julio Ortega,
Catedrático de la Universidad Veracruzana

 

Era un boliviano nacionalizado mexicano, considerado uno de los semiólogos más importantes de México y Sudamérica, vivía en Dos Ríos, Veracruz, desde donde viajaba a la ciudad de Puebla para desempeñarse como profesor-investigador de tiempo completo de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Siempre trabajando, sin descanso, ahora estará más en paz pero no lo aseguro del todo.

Lo conocí al estudiar la maestría de filosofía. Fue mi maestro y después se convirtió en amigo. En Xalapa fue docente de las facultades de Filosofía y Letras Españolas de la Universidad Veracruzana, y también fue investigador del Instituto de Investigaciones Lingüístico-Literarias, y fundador junto con otros, del Instituto de Investigaciones Filosóficas.

Era Doctor en Filosofía por la “Università degli Studi di Roma” (Italia), Doctor en Lingüística por la “Université Catholique de Louvaine” (Bélgica). También fue Director de la revista Semiosis (1978-2007).

Autor de varios libros de teoría literaria, hermenéutica y semiótica . Entre los últimos: Los sentidos del símbolo I (1990, UV), Los sentidos del símbolo II (1998, Iberoamericana Golfo), Literatura y realidad (1999, F.C.E/UV/BUAP), El discurso-testimonio (2001, UNAM), Hermenéutica. Símbolo y conjetura (2003, Ibero/BUAP), La narrativa de la revolución mexicana. Primer periodo. (2007, Universidad Veracruzana/UIA Puebla), Los sentidos del símbolo III (2007, UV) y Estética del discurso literario (libro en trámite de publicación).

Publicó siete novelas: Los fundadores del alba (Premio Casa de las Américas 1969), El último filo (1975, Planeta, Barcelona; 1985 Plaza & Janés, Barcelona; y 1987, Arte y Literatura, La Habana), …poco después, humo (1989, BUAP, Col. Asteriscos, Puebla), entre otras. Ocho libros de cuentos publicados en diversos países y traducidos a diferentes idiomas, entre ellos: Los nombres del infierno (1985 Universidad Autónoma de Chiapas), La noche con Orgalia y otros cuentos (1997 Universidad Iberoamericana y Universidad Autónoma de Tlaxcala), A través del hueco (1998 UNAM, Col. Rayuela, México), El pesebre (2003, UNAM Col. Rayuela, México) y Las máscaras del “el Otro” (2007, UV, Col. Ficción).

Lo rememoro en sus clases como un excelente pedagogo, siempre preocupado en hacer el trabajo de transmisión de saber sin guardarse nada para sí, era generoso y un excelente didacta. También era un cinéfilo sin remedio que lo veía como una manera más de hacer filosofía. Evoco hoy que nos exhibió Gritos y susurros (1972) de Bergman – el cine era una de las cosas que más él disfrutaba- para ilustrarnos el concepto de angustia, que ya habíamos estudiado en Kierkegaard. Yo la había visto varias veces, pero él la recordaba mejor que yo e hizo comentarios sobre ella que francamente yo no hubiera pensado.

Había nacido en un pueblito de Bolivia, sin electricidad, en una zona completamente rural, dónde en contacto con su patrón, empezó a leer sus primeros libros, en especial Dostoievski a escondidas, y un día cuando el señor cacique platicaba con sus amigos, el jovencito se atrevió a corregir un detalle. Renato estaba mortificado, pero el hombre de la casa, lo tomó a bien y le patrocinó sus estudios, regalándole al final las mentadas obras de Fiódor.

También recuerdo haberlo defendido en la maestría, cuando un compañero lenguaraz, le acusaba ante el coordinador, de que no nos había dado clases y que no había dado bibliografía. Yo había tomado apuntes en mi notebook de todo y pude citar textualmente lo que él nos había enseñado y recomendado.

Fue una de las primeras personas en interesarse en esta ciudad de Xalapa por el psicoanálisis al que promovió a través de su Seminario de Semiótica y después publicó en su revista Semiosis algunos de los trabajos del Coloquio a 100 años de la Traumdeutung que organicé en la Universidad Veracruzana.

Un gran amigo, con el cual disfruté mucho viendo cine, yendo al cine (¡Fuimos a ver El Aro!), comiendo y riendo. Era un hombre que no sabía callarse la boca ante el poder y defendía con argumentos fuertes sus ideas, que siempre fue crítico de todo, curioso obsesivo, estaba pendiente de qué se publicaba y que corrientes de pensamiento circulaban. Trabajó en el cine con su hijo Fabrizio Prada, con quien colaboró en el guión, para filmar las películas Tiempo Real y Chiles Xalapeños. Tenía su propio site en la red (www.renatoprada.net) que revela cómo siempre estuvo a la vanguardia en todo.

Hago también memoria de que me invitó un día a su casa para ver una película, y terminé instalando el home theater después de muchos trabajos, y luego él me aplaudió y me dijo: “¿No que no sabías?”. En un momento dado, estaba yo deprimido por la próxima muerte de mi perrita vieja, me regaló una cachorra de pastor alemán (Greta) que me hace recordarlo siempre. Vino a comer hace unos meses a mi casa y la vio, jugó con ella y hasta subió a la azotea para ver el paisaje… no imaginábamos entonces que dejaríamos de verlo, y sin embargo siempre estará presente.

Un hombre admirable en todos los sentidos, divertido, sencillo y amable. Lo vamos a extrañar muchos, pero de alguna manera más, a quienes nos concedió el honor de tenerlo como maestro y amigo[1].

[1] http://psicoanalisisextension.blogspot.mx/2011/09/in-memoriam-renato-prada-oropeza-1937.html

Destino

Ahora sé que el tren no llegará a su destino; es decir, al lugar que yo me dirigía cuando lo tomé. En las tres primeras estaciones debí advertir que algo raro pasaba, pero me sentía aturdido por el sopor y el cansancio: no me pareció raro que mi compartimiento se vaciara precipitadamente en la segunda estación y que, en la tercera, no subiera nadie. Como me quedé dormido no sé qué pasó en las siguientes. Al despertar ya era de noche y el tren corría con tanta velocidad que casi no se sentía su repiqueteo adormecedor de antes. Pero mi compartimiento estaba oscuro y no logré descubrir ni a un solo pasajero en los momentos que ramalazos de luz repentina invadían, por fracciones de segundo, el estrecho y largo recinto. Decidí recorrer el resto del tren para cerciorarme: no encontré ni una sola persona. Ni un celador… ni siquiera el maquinista cuando terminé mi recorrido. Me detuve, perplejo. Me detengo, entre sorprendido y desorientado en esta pieza caliente, llena de palancas, cuadrantes, y desde cuya ventanilla delantera sólo se vislumbra, a la luz del faro del tren, ráfagas de objetos, como bosquejos de un cuadro abstracto, vertiginoso.

Renato Prada Oropeza
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 56