Boca en el estómago

136-137 top

¡Ay, estómago!, órgano de la conciencia involuntaria; cuántas veces he deseado aniquilarte, clausurarte para siempre, ulcerarte de a poquitos para drenar la maldición de amor que siento por ese hombre; a culpa de poner al roce nuestros brazos, de besar, en el saludo fortuito, sin querer, sin darme cuenta, la comisura de sus labios, la cerradura de sus labios, el delito de beberle, enredarle las miradas. Tus ácidos disuelven mi voluntad, la debilitan y caigo lenta, vertiginosamente en el abismo de su aroma, sus alientos. Desbocada en los remolinos de la imaginación recorro los bordes de su cuerpo encendido; clandestina lo viajo, lo sueño, lo peco; luego tú, de manera indiscreta, lates, lates, supuras, anuncias tu presencia guardiana, insistente me devuelvas las memorias enfermas, empachadas de deseo, me conciencias.
Calle esa boca, estómago!, deja de secretar tus venenos, tus aullidos de bestia enfurecida; no me delates con ella, la que celda, la que grieta, la que condena: yo misma; la peor de las jurados.

Vicki Nizri
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 62

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