Destino

Ahora sé que el tren no llegará a su destino; es decir, al lugar que yo me dirigía cuando lo tomé. En las tres primeras estaciones debí advertir que algo raro pasaba, pero me sentía aturdido por el sopor y el cansancio: no me pareció raro que mi compartimiento se vaciara precipitadamente en la segunda estación y que, en la tercera, no subiera nadie. Como me quedé dormido no sé qué pasó en las siguientes. Al despertar ya era de noche y el tren corría con tanta velocidad que casi no se sentía su repiqueteo adormecedor de antes. Pero mi compartimiento estaba oscuro y no logré descubrir ni a un solo pasajero en los momentos que ramalazos de luz repentina invadían, por fracciones de segundo, el estrecho y largo recinto. Decidí recorrer el resto del tren para cerciorarme: no encontré ni una sola persona. Ni un celador… ni siquiera el maquinista cuando terminé mi recorrido. Me detuve, perplejo. Me detengo, entre sorprendido y desorientado en esta pieza caliente, llena de palancas, cuadrantes, y desde cuya ventanilla delantera sólo se vislumbra, a la luz del faro del tren, ráfagas de objetos, como bosquejos de un cuadro abstracto, vertiginoso.

Renato Prada Oropeza
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 56

Anuncios

Opina

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s