Entrega

136-137 top

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En la tortería que hay junto al trabajo pido una Especial para llevar y un refresco enlatado. Me los ponen en una bolsa. Checo mi tarjeta y paso al mostrador de servicios, la secretaria me da la orden y las llaves de la camioneta.

La torta huele bien, pero nos tienen prohibido comer en horas de trabajo, así que me aguanto las ganas de probarla. Echo la bolsa en la guantera y pongo en marcha el motor para que se caliente. Veo cómo los muchachos bajan con cuidado por la rampa, las ruedas de la camilla rechinan. La caja se inclina por un momento pienso que se les vendrá abajo. Abro la cajuela y deslizan el pesado cajón. Golpetean la ventanilla y se van. Verifico el número de la carga con el de salida. Aseguro la puerta. Al ponerme el cinturón de seguridad siento que mi estómago se retuerce, está haciendo demasiado ruido. Salgo del estacionamiento y en la calle me espera una larga fila de coches que incluye un camión. Vamos despacio y con los faros prendidos. Durante el viaje como la torta y bebo el refresco, mientras se pone una luz roja estiro el brazo y me reclino para abrir el ataúd y deslizar mi mano sobre los pechos de la mujer.

Cruzo la reja y estaciono la camioneta. Abro la puerta trasera para que retiren la carga. Me apoyo en el cofre para fumar un cigarro y con un cerillo retiro los restos de comida de mis dientes.

Citlali Ferrer
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 141

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