Concupiscencia

136-137 top

Como si una hoja en blanco me rellenara la boca. Mi lengua se mueve lenta, percibe los dientes apenas húmedos de líquido amargo.

Fuera, la piel del rostro se aduerme sobre las sábanas y mis pupilas se dilatan, única señal de vida en los ojos fijos. Mi cuello tenso se relaja al hundir la barbilla en la almohada. Inquietud inofensiva y creciente. Mis hombros sensibles al roce; los senos, al contacto inmóvil de la tela y del recuerdo reciente de la última saliva: es cuando el abdomen, los muslos rígidos por un instante, premonizan movimiento en mis caderas y una furia contenida en la cavidad más femenina de mi cuerpo.

Desprendo la mano de la almohada introduciéndola en texturas sintéticas y cálidas, buscando. Mi propio peso la hace inquirir sin prisa; creándose espacio encuentra el vientre; luego, vello entre mis uñas, carne bajo mis yemas.

En el ansia de penetrar, clavo las rodillas en la cama y mi pelvis espera.

Huele a sábanas y a cuerpo, a cabello deshecho entre los dedos.

Las yemas lúdicas continúan hasta llegar al punto (flujo de mar, prosapia u origen), y el sentido de ser revienta en mí, en mi cuerpo, como lluvia de relámpagos inauditos.


Carolina Luna
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 144

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