Como un búmerang

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Tiene la manía de estar enfermo, lo dice a todo el mundo, el rumor corre y finalmente retorna a él. Se entera así de que está muy grave, según opinan los demás. Entonces vuelve a lanzar la noticia en un tono catastrófico. Y finalmente, amplificada de boca en boca, la noticia lo alcanza por segunda vez, como un bumerang. Así se entera de que está muerto.

Dino Buzzati
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 35

Y así sucesivamente

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En Londres, una banda de ladrones perfora la caja fuerte de una joyería y roba collares de perlas, anillos de oro, piedras preciosas. Allí encuentran la llave de la caja fuerte de la joyería vecina que también saquean y en cuya caja fuerte hallan la llave de la caja fuerte de una tercera joyería, y…

Robert Bresson
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 25

Raymond Chandler

Raymond Chandler

 

Raymond Thornton Chandler

(Chicago, 22 de julio de 1888 – La Jolla, California, 26 de marzo de 1959)

Fue un escritor estadounidense de novela negra.

Su padre, un ingeniero civil estadounidense alcohólico y maltratador, abandonó a su familia y se divorció de su mujer, que vivía con sus tíos maternos, y ella llevó a su hijo a Inglaterra para que recibiese una sólida formación literaria. Ayudado por un próspero abogado cuáquero irlandés que era también tío de su madre, estudió en el Dulwich College de Londres (1900-1905) a clásicos y modernos; era una escuela pública donde se habían formado también escritores como P. G. Wodehouse y C. S. Forester. Después viajó a Francia y Alemania (1905-1907) y se nacionalizó británico en 1907. Tras un breve trabajo en el Almirantazgo que abandonó a causa de no simpatizar con la conducta militar, trabajó como reportero para el London Daily Express y para la Bristol Western Gazette (1908-12). Publicó 27 poemas y su primer relato The Rose Leaf Romance antes de regresar a los Estados Unidos en 1912 con dinero prestado por su tío irlandés. Visitó a su madre y sus otros tíos y se instaló en San Francisco, donde aprendió contabilidad por correspondencia, y luego en Los Ángeles, con su madre, en 1913. Participó en la Primera Guerra Mundial como soldado de los Gordon Highlander de Canadá en las trincheras del frente francés y estaba preparándose como piloto de guerra de la RAF cuando la guerra terminó y regresó a California, donde viviría ya el resto de su vida, trabajando como empleado de banca. Al morir su madre en 1924, se casó con Pearl Cecily Bowen (Cissy Pascal), dieciocho años mayor que él, una mujer con la que ya había entablado relaciones -no aprobadas por su madre-, cuando estaba casada, y una vez divorciada y celebrado el matrimonio, este duró casi treinta años, hasta el fallecimiento de ella en 1954, aunque no tuvo hijos. En 1932, Chandler había logrado ser nombrado vicepresidente del Dabney Oil Syndicate en Signal Hill (California), pero perdió este lucrativo trabajo a causa de su alcoholismo, su absentismo y sus numerosas aventuras con las secretarias. En 1933, a los 45 años y en medio de la Gran Depresión, se dedicó por entero a escribir en pulps, populares revistas de ficción criminal impresas en papel barato.

Su prosa no carece de cualidades estéticas: su estilo supera el impresionismo de Hammet y es característicamente irónico y frecuente en rasgos de ingenio cáustico, sobre todo, en los diálogos. Gracias a él la novela negra ganó una dignidad literaria desconocida hasta entonces. Su primer cuento fue Blackmailers Don’t Shoot, para la revista Black Mask, un pulp dedicado a los relatos de acción; desde entonces no abandonó el género.

Intentó imitar a Dashiell Hammett, pero su estilo es muy diferente; Hammett es seco e impresionista, y Chandler irónico y cínico. Creó ya por entonces al detective privado Philip Marlowe. Entre 1933 y 1939, produjo 19 relatos.

De Hammett toma la denuncia de la sociedad americana de la época, donde el dinero y la búsqueda del poder son los motores verdaderos de las relaciones humanas, con sus consecuentes secuelas de crímenes, marginación e injusticia. Reflexionó sobre el arte de la novela policiaca en su ensayo El simple arte de matar (1950).

A los 51 años aparece su primera novela, El sueño eterno (1939), donde Marlowe se mueve por la cara oscura de la soleada ciudad de Los Ángeles y ayuda a evitar el infarto de un millonario al rescatar a su hija de un chantaje; se considera, sin embargo, que su mejor novela es El largo adiós de (1953), en la cual descubre al asesino de la hija de un millonario, de un escritor y de un amigo suyo. En 1943 se le propuso trabajar en Hollywood adaptando el guion de Double Indemnity (Perdición), sobre la novela de James Cain, dirigida por Billy Wilder. Tras la muerte de su esposa en 1954, el escritor sufrió fuertes depresiones, aumentó su alcoholismo e intentó suicidarse en dos ocasiones.

El Noir Infestival, que se celebra cada diciembre en el municipio italiano de Courmayeur, otorga desde 1991 un premio Raymond Chandler de novela negra en su honor[1].

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Raymond_Chandler

Olvidadizo

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No sirvo para recordar nombres. Intenté alquilar un elefante en Birmania para que recordaran por mi, pues ya se sabe la fama de buena memoria que tienen esos animales, pero decidí que sus trompeteos alarmarían a los vecinos y que en mi pequeña sala, al removerse, me haría astillas los muebles.

Raymond Chandler
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 33

Edna Cantoral

Edna Cantoral

Edna Cantoral Acosta

 Edna nace en el Distrito Federal, México. (1976) A temprana edad se muda con su familia a Guadalajara, Jalisco, México , ciudad donde crece y estudia arte y literatura. Sus maestros son pintores tales como Antonio Acosta, Davis Birks, Carlos Vargas. Aprende grabado de la mano precisa del grabador Herculano Álvarez. Cursó un diplomado en creación literaria en la Escuela de Escritores SOGEM.

Fue becada por el FONCA, Fondo Nacional Para la Cultura y las Artes para estudiar un año (2004-2005)en L’ ENSAD, Escuela Nacional Superior de Artes Decorativas en París, Francia.

Ha participado en 52 exposiciones colectivas, tanto en el país, como en el extranjero: Guadalajara, Baja California, en México; y en Argentina, España, Miami, N. York, Brasil, Japón; entre ellas están: “The Artful Scriptorium”, N.York , “Derroteros”, Galería Adriana Valdés, Guadalajara, PASSION FOR FREEDOM, Unit 24 Gallery, Londres.

Cuenta con 10 exposiciones individuales, una de ellas: La firma del libro de artista: Homenaje a Juan Gelman / Hommage à Juan Gelman en la “Galerie La Hune Brenner”, Paris.

Actualmente vive y trabaja en Guadalajara y tiene la fortuna de vivir creando.

La representa:

GALERIA ADRIANA VALDES, Arte Contemporáneo, Guadalajara, Jalisco. Mexico[1].

[1] http://www.artmajeur.com/es/artist/ednacantorala/artist/edna-cantoral-acosta/66053/biography

Límites

Barro el olor de la tierra mojada. Dentro de un cuarto lejano de pared. Las paredes de la habitación esconden sus límites. No veo los muros del cuarto. Seguro que es una habitación, porque hay un aire constante, no varía, es el mismo aire que huele a tierra mojada, el mismo aire azul-café. Yo barro siempre, porque nunca acabo. Siempre, es palabra que no para, y yo no paro de barrer. Apenas presiento la pared, se me aleja extendiendo el piso y sigo barriendo. Verdad escoba, verdad que nunca acabamos de barrer. Nunca es palabra, que no pasa, es ausente.

Yo barro el piso, el mismo piso de cuadritos. Hileras de cuadritos dentro de cuadritos, de color pegajoso como tierra mojada. ¿Cómo nací escoba? Pienso que nací de ti, a lo mejor soy tu hija. O quien sabe, tal vez sea tu madre, y las madres nacen para cuidar a sus hijos, ¿verdad? Tú conoces el piso mejor que yo. ¿Qué hay debajo de los cuadritos, escoba?, ¿quedan más cuartos por barrer?

Ha de quedar limpio el piso, sin mugre de aire. Cómo se pone sucio el piso, escoba. Se ensucia porque no hay ventanas. Tú me dijiste eso. Me dijiste que cuando te aventé porque ya no quería barrer, viste una pared. Y tú, como toda escoba, deseabas ver una ventana, una ventana por donde se salga el polvo que barremos. No la viste, por eso, dices, el aire es un cubo. Después de que te aventé di vueltas por el cuarto. Perseguí las paredes sin alcanzarlas. Me tiré de panza al suelo. Busqué una puerta entre los cuadros del piso, los cuadritos ya estaban enmugrecidos. El polvo caminó por mi cabeza, como hormigas. El silencio me pesó por kilos; te busqué. Corrí el piso más largo, la escoba más lejana, el silencio encima de mí. Tan encima, que seguro me encogí y cabía entera en un cuadro de suelo. Te alcancé. Me colgué a ti, escoba, ¿te acuerdas? Empecé a barrer, así como barro ahora.

Barro. Sudo el tiempo que llevo barriendo. El tiempo ha de salir como sudor, sí, el agua se escapa, se filtra por las ranuras del suelo. Si el tiempo se quedara en el cuarto, tal vez terminaría de barrer. El agua se va. A lo mejor en algún momento sudaré ríos y el tiempo me arrastrará con él fuera del cuarto. Y ya ves, escoba, barremos, seguimos barriendo.

Edna Cantoral
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 30