Gabriela Díaz de León

Gabriela Díaz de León

 

Gabriela Díaz de León

 

Formación: 

Literatura y Artes plásticas

Facultad: 

Taller literario Miguel Donoso Pareja y Taller libre de artes plásticas Primo Soria

Nació en San Luis Potosí SLP. Desde 1966 estudió en diferentes Talleres Literarios y de Artes plásticas destacando los de “Miguel Donoso Pareja”, “Primo Soria”, “Punto de Partida” y  “Tierra Adentro”.  Cuenta con 4 Diplomados por el ITAM en: Literatura del Siglo XX,1984-85; Ideas e instituciones de México, 1988-89: Historia de Occidente, 1989-90; Arte Contemporáneo, 1991-92, terminado en 1997.

Publicaciones: Libros de Cuentos: No te niego que vivo, Editorial Universitaria Potosina 12 de julio de 1984, SLP.  Al vino vino, Ed. Punto de Partida de la UNAM, marzo de 1982.  Novela:   Nunca es igual, Edamex, 15 de enero de 1989, México, D:F.  Ensayo: “Naranja dulce limón amargo: Alicia entre el ser cómo y el ser en sí” en Escribir la infancia, El Colegio de México, PIEM.  1996.

Ha colaborado en la columna semanal “De cabo a rabo” en la revista EPOCA, 1991-92. Adicionalmente ha colaborado en ”La Silleta”, en tiempo de CUADRANTE, UASLP, 1977.  ”Seis cuentos cortos”. Separata, en tiempo de CUADRANTE, UASLP, Año VIII, No 4, 1980. SALAMANDRA, revista de literatura, UASLP, octubre-diciembre de 1982. LETRAS POTOSINAS, Ed. Luis Chessal, agosto 1979. ”, siete mujeres y un hombre, TIERRA ADENTRO, INBA. Abril de 1978.  MÉXICO DESCONOCIDO, No. 78, mayo de 1983.

Ha participado en más de 10 exposiciones de pintura colectivas y 4 individuales: dos en San Luis Potosí, una en Mazatlán, Sin.  Y otra en el Puerto de Veracruz.

Actualmente escribe la novela “Los Murciélagos de Chamela”, escribe cuento, pinta, investigadora privada, hace poquísimo  análisis literario, punto de cruz y dulce de chilacayote, es diletante de la vida y sus alrededores, observadora de pájaros, juega con su perro y acaricia al gato, a veces también cuida a sus nietos[1].

[1] http://tallerdianamoran.com/gabriela-d%C3%ADaz-de-le%C3%B3n-0

 

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Qué casualidad

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Sube la marea y nadie se da cuenta por estar comiendo los bocadillos y duro que dale con el vino. Esa ola los va a tapar, adiós toallas y sombrillas, aquí estoy yo sola con ganas de reírme, aguantándome la burla; ¿sabes? sería bueno que estuvieras conmigo, los dos disfrutando de la tarde. Con sus bíceps envaselinados, Hércules me hace ojitos, luego me propone algo, no sabe que me dan asco los atléticos, prefiero un flaco con gafas, tú sabes, ¿qué hacer? sonrío de oreja a oreja y le doy un “go ching your mother”, no sabe qué es ching, ni habla inglés, le da igual y se va pensando que sería bueno aprenderlo para conquistar gringas. Se acerca alguien y me dice hola, caigo en la trampa y contesto hola en lugar de hello, es un flaco con gafas, aunque viéndolo bien no está tan flaco, las gringas escriben en inglés, me dice (brillantemente deduzco que me estuvo espiando); qué escribes Cartas, qué casualidad, yo también estoy solo, te invito una copa, charlamos, por la noche podemos ir a bailar y luego si quieres te muestro algo maravilloso.

Y claro, se te hará extraño que te cuente todo esto, pero fíjate que me la pasaba hablando sola, estaba cansada de la no comunicación, y qué mejor que platicar con alguien, bueno, ya basta de disculpas. Fui con el tío de las gafas a tomar la copa, la noche nos cayó encima charlando, teníamos tanto en común, qué te cuento, nos metimos a una discoteca y bailé mejor que Travolta, aplausos, risas. Salimos de ahí y me mostró algo maravilloso. Por respeto no voy a entrar en detalles. Cuando dejábamos el hotel nos topamos con tu madre. Qué pequeño es el mundo ¿no?

Gabriela Díaz de León
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 153

Ritual del fuego

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Cuando oiga que te acercas a la alcoba, fingiré dormir. De reojo en la penumbra observaré cómo, paso a paso, te irás desnudando, sin prisa. El resentimiento me invadirá en forma de ráfaga de fuego y luchará con mi instinto de mujer, con mi pasión por ti.

Te acostarás, deslizándote suavemente hasta rozar mi costado.

Tus ágiles manos se toparán con una figura de hielo, sin rendirse. No importa el tiempo que te lleve, tratarás de derretir mi orgullo, ése es tu pasatiempo favorito. Querrás hacerme olvidar, aunque sea sólo por un momento, tu abandono, tu deslealtad; mi dignidad.

Con ternura, un beso; midiendo el terreno, otro.

Al igual que el ciclón a la palmera, me doblegarás; haciendo de cada centímetro de mi piel un acontecimiento. Me sentiré única, me sentiré nueva, me sentiré bella.

En plena ebullición mi sangre te reclamará. Vencida por la inercia, mi cuerpo será un compás abierto marcando el ángulo del infinito. Convertida en el epicentro del terremoto que desgarrará mi geografía, saciaré tu deseo de mí.

Después, nada. Nos envolverá el silencio. Te daré la espalda y fingiré dormir. Encadenada a este rito, a este mito, a esta cama.

Gabriela Almendaro
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 145

Carolina Luna

Carolina Luna

Carolina Luna

 Nació en la ciudad de Mérida. Escribe cuento y ensayo. Integrante del Centro Yucateco de Escritores. Premio y Mención de Honor en el Certamen Nacional de Cuento convocado por la revista La Pluma y El Jaguar de la Universidad de las Américas en Puebla (1990); Primer lugar en el Premio Estatal de Cuento organizado por el Instituto de Cultura de Yucatán y Mención honorífica en el Certamen de Literatura Antonio Mediz Bolio (1990); y Mención de calidad en el Primer Concurso de Narrativa Erótica “Papanicolau”, convocado por la revista El Correo Chuan de Monterrey (1998). Becaria del Centro Yucateco de Escritores, (1992), del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Yucatán en la categoría de Jóvenes Creadores y de trayectoria (1993, 1996, 2005), del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (1997), y del Centro de Escritores Juan José Arreola, Casa Lamm (2000). Está incluida en el Diccionario de escritores de Yucatán (CEPSA editorial, 2003). Ha publicado en Blanco Móvil, Cantera Verde, Castálida, Contraseña, Cuadernos Literarios de la  Universidad Autónoma de Yucatán, Cultura Norte, Cultura Sur, El Ángel, de Reforma, El Cuento, El Juglar del Diario del Sureste,   Fronteras, La página Gorgona de Novedades de Yucatán, La Revista (Yucatán), Lectura de El Nacional, Navegaciones Zur, Páginas, Parva (Tabasco), Playboy, Sábado del Unomásuno, Tierra Adentro, Unicornio de Por Esto! (Yucatán), Voices of México, y X-X. Ha impartido talleres para la UAM y Conaculta y elaborado guiones radiofónicos educativos; ha estado a cargo del cuidado de ediciones, dictámenes editoriales y de la Jefatura de Corrección de estilo en el Fonca (1999-2000).

Cuento: Nocturno (La Gorgona,1990) || Límites de sangre (1991) || Cuentos de sangre para antes de dormir (Colección La Hoja Murmurante, editorial La Tinta del Alcatraz, Toluca, 1992) || El caracol (Conaculta / ICY, 1993) || Prefiero los funerales (Conaculta / Fondo Editorial Tierra Adentro 1996 y 2001)  || El Matagatos y otros cuentos (UAM, 2002) || Los espacios que nos ocupan (Conaculta / DGP, 2004)

Antologías: Entre el silencio y la ira (Ediciones Zur / Talleres Gráficos del Sudeste, 1992) || No nacimos para celebrar, (Ediciones En la Mira, 1992) || Horas a salvo (ISSSTE / ICY / CEPSA editorial, 1994) || Creación Joven (Conaculta / Foeca, 1999) || Los becarios del Centro Mexicano de Escritores, (Aldus/Cabos Sueltos, 1999) || Atrapadas en la cama (Alfaguara, 2002) || La Otredad (ICY / CRIPIL / CYE /CAIYAC, 2006)[1].

[1] http://escritoresenyucatan.wordpress.com/2010/07/21/carolina-luna-1964/

Concupiscencia

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Como si una hoja en blanco me rellenara la boca. Mi lengua se mueve lenta, percibe los dientes apenas húmedos de líquido amargo.

Fuera, la piel del rostro se aduerme sobre las sábanas y mis pupilas se dilatan, única señal de vida en los ojos fijos. Mi cuello tenso se relaja al hundir la barbilla en la almohada. Inquietud inofensiva y creciente. Mis hombros sensibles al roce; los senos, al contacto inmóvil de la tela y del recuerdo reciente de la última saliva: es cuando el abdomen, los muslos rígidos por un instante, premonizan movimiento en mis caderas y una furia contenida en la cavidad más femenina de mi cuerpo.

Desprendo la mano de la almohada introduciéndola en texturas sintéticas y cálidas, buscando. Mi propio peso la hace inquirir sin prisa; creándose espacio encuentra el vientre; luego, vello entre mis uñas, carne bajo mis yemas.

En el ansia de penetrar, clavo las rodillas en la cama y mi pelvis espera.

Huele a sábanas y a cuerpo, a cabello deshecho entre los dedos.

Las yemas lúdicas continúan hasta llegar al punto (flujo de mar, prosapia u origen), y el sentido de ser revienta en mí, en mi cuerpo, como lluvia de relámpagos inauditos.


Carolina Luna
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 144

Citlali Ferrer

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Citlali Ferrer

 Nació en la ciudad de México en 1963. Narradora. Estudió danza y teatro en las escuelas del INBA. Obtuvo el premio en el Festival Internacional de Teatro en Nueva York, 1980; mención honorífica en el Concurso de Cuento de la Casa Universitaria del Libro, 1990 y otra en el concurso de Cuento Edmundo Valadés, Iztacalco-INBA, 1996. Fue becaria de Jóvenes Creadores, FONCA/Conaculta, en el área de Literatura, 1998-1999. Becaria de Apoyo a Residentes en Morelos, Conaculta/FONCA/Instituto de Cultura de Morelos, 2002-2003 Becaria de Artes por Todas Partes, 2005. Becaria de Intercambio de Residencias Artísticas, FONCA-Ministerio de Cultura de Colombia, 2006.  Actualmente es becaria del programa del FONCA-Instituto de cultura de Morelos, en la categoría de Creadores con Trayectoria. Ha colaborado en CastálidaCrónica 13, El BúhoEl ZaidExcélsiorLa Cuiria, Mala VidaPasto Verde, los suplementos Estado y Primera Fila del periódico Reforma,Revista de la Biblioteca de México y Universo del Búho. Parte de su obra se encuentra en diversas antologías como Jóvenes Creadores, 1999-2000, Conaculta/FONCA, 2000;Cuentos de otro tiempo y de otro lugarCuentos de amor y desamor, Editorial Gutemberg, Hidalgo, 2001; Desde el fondo de la gruta, UAEM, 2004; Trilogía poética de las mujeres en Hispanoamérica: Pícaras, Místicas y Rebeldes, Conaculta/FONCA, UAM, UNAM, BBVA, La cuadrilla de la Langosta, 2004; Antología  Cofradía de Coyotes, La Coyotera Editores, 2007;Cazadoras de Mariposas, antología de cuento breve, Cofradía de Coyotes 2009 y Ocho para escoger, Antología de cuento erótico, Cofradía de Coyotes, 2011. Imparte el Taller de Creación Literaria en la UAM-Xochimilco desde 2003 y en La Tallera Siqueiros desde 2003 ala fecha.  Profesora de Literatura en la Escuela de Escritores Ricardo Garibay de la SOGEM y en la Licenciatura de Artes Visuales del Centro Morelense de las Artes, de 2007 a la fecha[1].

[1] http://www.literatura.bellasartes.gob.mx/acervos/index.php/catalogo-biobibliografico/indice-geografico/mexico/ciudad-de-mexico/731-ferrer-citlali

Entrega

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En la tortería que hay junto al trabajo pido una Especial para llevar y un refresco enlatado. Me los ponen en una bolsa. Checo mi tarjeta y paso al mostrador de servicios, la secretaria me da la orden y las llaves de la camioneta.

La torta huele bien, pero nos tienen prohibido comer en horas de trabajo, así que me aguanto las ganas de probarla. Echo la bolsa en la guantera y pongo en marcha el motor para que se caliente. Veo cómo los muchachos bajan con cuidado por la rampa, las ruedas de la camilla rechinan. La caja se inclina por un momento pienso que se les vendrá abajo. Abro la cajuela y deslizan el pesado cajón. Golpetean la ventanilla y se van. Verifico el número de la carga con el de salida. Aseguro la puerta. Al ponerme el cinturón de seguridad siento que mi estómago se retuerce, está haciendo demasiado ruido. Salgo del estacionamiento y en la calle me espera una larga fila de coches que incluye un camión. Vamos despacio y con los faros prendidos. Durante el viaje como la torta y bebo el refresco, mientras se pone una luz roja estiro el brazo y me reclino para abrir el ataúd y deslizar mi mano sobre los pechos de la mujer.

Cruzo la reja y estaciono la camioneta. Abro la puerta trasera para que retiren la carga. Me apoyo en el cofre para fumar un cigarro y con un cerillo retiro los restos de comida de mis dientes.

Citlali Ferrer
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 141

Autorretrato

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Sé que puedo tocar el rostro dormido de mi madre y dibujar su imagen en segundos. Describir la sencillez que tanto admiro den mi padre; y las experiencias al convivir con siete hermanos. Pero yo, ¿quién soy?

Nací en San Gabriel, arcángel y vecino del ánima de Sayula; donde los montes y los cerros embriagan sus entrañas con la sabia de los magueyes. Ahí abro una ventana y me desnudo, avanzo y plasmo a una niña apiñonada de ojos obscuros e inquietos, que siguen el vuelo de las aves y despiertan en un tejabán rodeado de estrellas. Veo unos pies descalzos, que a los cinco años le presumen y le reclaman al río sus zapatos nuevos. Unas manos grandes que juegan con tepalcates y sostienen una muñeca de trapo, manos que hacen del suelo un pizarrón para enlazar las vocales.

Una ráfaga de viento recorre los caminos; es la niña que acompaña a los pájaros hasta la ciudad; busca su campo y cielo, crece, y dirige a los pequeños de primaria; vestida de blanco se entrega y atiende a los enfermos.

Se perfuma de azahares; su vientre enciende tres luces, trece años es esposa. Acude a los tribunales, firma en el frío su divorcio. Regresa a su pizarrón y busca su derrotero.

Marycruz Estrella
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 139

El viaje

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Cuando Laura echó marcha atrás en su memoria encontró muchos detalles que eran clara evidencia de la situación de Julio.

Aquella llamada misteriosa de una amiga que le prevenía de la enfermedad que él padecía, aquellas extrañas reacciones de su prometido en determinadas circunstancias, no pudieron hacerle pensar que había algo especial en su comportamiento.

Ella siguió adelante hasta ver realizado su deseo. El viaje de bodas había sido cuidadosamente planeado: lugares interesantes, visitas a museos, iglesias, conventos; sitios siempre viejos llenos de historia y de misterio.

La devoción de Julio por aquellos lugares parecía extraordinaria; hablaba todo el día del arte clásico nunca más superado. Las contínuas visitas a diversas iglesias y monasterios impregnaba el ambiente de un sutil pero ineludible misticismo en el que Julio parecía estar inmerso.

Pasaba largos ratos meditando sobre la naturaleza de las cosas; el bien, el mal, las debilidades humanas lo preocupaban demasiado.

Tal parece que hubiera querido encontrar de un solo golpe la respuesta a todas las interrogantes y cuestiones que desde siempre lo inquietaron.

Sus inquietudes y reacciones antes las situaciones cotidianas eran inexplicables. Sus temores se agudizaban y las medidas de precaución eran extremas: la vida representaba un gran peligro.

Pasadas tres semanas de viaje el aspecto de Julio se había transformado. El rostro demacrado revelaba su existencia atormentada.

Habían iniciado un viaje juntos del que Julio nunca más regresó.

Judith Maldonado
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 136

Recuerdos en mecedora

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El sonido monótono del ir y venir de la mecedora era casi lo único que se escuchaba en la calle. A lo lejos, como en un segundo plano, se oían los graznidos de los tordos anunciando la noche.

Rosaura se mecía en la terraza tratando de engañar al calor, que, ni por la hora parecía dispuesto a disminuir. Sabía que debía recordar algo importante, algo que estaba ahí, casi a la vuelta de algún rincón de su memoria. Desde temprano se despertó con la sensación de que debía preguntar algo a su hermana que, parada cerca de un pilar, atisbaba la esquina para ver quién regresaba del rosario.

Frunciendo el ceño hizo un nuevo esfuerzo y decidió dejar que el recuerdo se abriera paso a través de sus años. Tomó su tejido y empezó a hilar puntadas caprichosas para una blusa que llevaría al bazar de Semana Santa. Sus dedos recorrieron el hilo una y otra vez.

De pronto el vaivén cesó y con el mismo sobresalto de quien acecha una sombra de reojo a las seis de la tarde, recordó.

Radiante volvió el rostro hacia su hermana y ansiosamente preguntó:

—Adela, ¿cómo se llamaba papá?

Xochitl De San Jorge
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 135

El xerofonodonte

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Tenía, como cualquier otro, aspiraciones y retrocesos, inclinaciones y desviaciones, diferencias y consecuencias, cavilaciones e intenciones, altas y bajas, negativas y aportaciones, simpatías y definiciones, palpitaciones y desesperanzas, perspectivas y sospechas, logros y avances, circunspecciones y expectativas.

Pero lo que no tenía era una cola.

No pudiendo soportarlo encaminó su destino: tomó mucha cocacola, dé de cola de caballo, un colicoli y un colaborador. Comió colación y colada. Se puso coladera y una coleta. Se untó colágena y colirio. Buscó un colambre y un colador. Sembró colinabo, coliflor y cola de zorro.

Compró una colanilla, un colapez y un colibrí.

Exhausto y frustrado enfermó de colitis y se colapsó.

Un día, al acostarse, Xero se dio cuenta de que en la parte baja y posterior de su cuerpo empezaba a brotar una pequeñísima cola. Su alegría fue tan grande que se sintió el xerofonodonte más exitoso sobre la tierra. Cenó champaña, caviar y todo tipo de quesos exóticos. Se tomó unas vacaciones en Europa y el Medio Oriente. Se compró un yate en Acapulco, una casa de campo en Tapalpa y una membresía en el mejor club deportivo de la ciudad. También un carro del año, una moto último modelo, unos lentes para el sol, una antena parabólica y una suscripción al Newsweek, aunque no sabía inglés.

Eran las diez de la mañana de un domingo soleado cuando Xero abrió los ojos y todavía medio dormido intentó salir de su cama para ir al baño. No pudo. Miró sorprendido el tamaño de su cola. Había crecido tanto y era tan pesada que no le permitía moverse. No supo si en realidad su cola había crecido o él empequeñeció.

Quiso correr, pedir auxilio, pero se quedó quieto observándola larga y fijamente. Entonces creyó ver que ella le sonreía burlona. Xero comprendió que ahora era sólo un pequeño retoño que su cola había deseado tener.

Adriana Chávez
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 124

Xóchitl de San Jorge

Xóchitl de San Jorge

Xóchitl de San Jorge

(Xóchitl María del Carmen de San Jorge Cárdenas)

 Abogada y Antropóloga Social, con Doctorado en Sociedades Multiculturales y Estudios Interculturales por la Universidad de Granada. Es Investigadora de Tiempo Completo en el Instituto de Ciencias de la Salud de la Universidad Veracruzana y docente en la maestría virtual en Prevención Integral del Consumo de Drogas.

Representa a la Universidad Veracruzana ante la Oficina de Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito por lo que participó en la formación de la Red Centro Americana de Investigación en Adicciones (RECIA), en la creación de una Plataforma para la Capacitación de Encargados de Centros de Tratamiento en adicciones en los países de esa región. Actualmente coordina a un equipo técnico de Académicas de la Universidad Veracruzana que desarrollan el proyecto “Prevalencia del VIH e identificación de factores de riesgo en consumidores de drogas en Centroamérica: evidencias para enfocar estrategias de intervención”

Sus trabajos de investigación se inscriben en la línea base de generación y aplicación del conocimiento para la Reducción de la Demanda de Drogas, en donde aborda temas como “El Estado del Arte en la Investigación sobre Adicciones en Veracruz”; “Consumo de drogas, delito y tratamiento de adicciones en el Centro de Rehabilitación Social de Pacho Viejo, Veracruz” y “Prevalencia del VIH e identificación de factores de riesgo en consumidores de drogas en Veracruz: evidencias para enfocar estrategias de intervención”.

Ha publicado trabajos, abordando temas relacionados con el marco normativo para la prevención del consumo de drogas y tratamiento y rehabilitación de las adicciones y actualmente dirige un Cuerpo Académico denominado “Drogas y Adicciones: un enfoque multidisciplinario”[1].

[1] http://www.uv.mx/mpicd/files/2013/01/De-San-Jorge-Cardenas-Xochitl.pdf

El motivo

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De nuevo te descubro frente al espejo cuando apenas amanece; has saltado de la cama creyéndome dormido, ignorando por completo que me encuentro aquí. Tan ausente te encuentras, tan ensimismada, en eso que se ha posesionado de ti, arrancándote de mi propia posesión, que por primera vez me siento desplazado.

Desnuda, a contraluz frente a la ventana, te estiras en un obstinado ritual de tu cuerpo y tu perfil me muestra el motivo que lentamente me ha ido sacando de ti: tu vientre con cinco meses de una nueva vida en su interior.

Deslizas las manos por esa inflamación que te hace brillar los ojos, enfatizando la plática que lleva no sé cuánto tiempo, la melancólica conversación hacia tu interior, el estrecho diálogo entre tu hijo y tú.

Acaricias la imagen de tu rostro en el espejo y con dulzura la reconoces tuya; sonríes, ganándole la batalla a la perseverante extraña que ocupaba tu lugar. Algo se mueve en tus entrañas reclamando atención inmediata y te pierdes en la observación de las señales de vida que un misterioso inquilino insiste en enviarte.

La fuerza que emanas ahora, contradice la ternura de tu mirada y la quebradiza delgadez de tu cuerpo que inspiraba los más recónditos deseos de protección; y ¡qué ironía!, en estos momentos eres tú quien protege.

Reparas en mi presencia y me sonríes con la picardía de una niña que se ha descubierto a la mitad de una travesura. Eres la vida misma y me has sonreído. El sentimiento de abandono se sacude junto con la modorra y me haces tu cómplice: “Está pateando, ¿quieres sentirlo?”

Tomas mi mano entre las tuyas, la paseas por tu vientre y nos perdemos en la observación de las señales de vida que el misterioso inquilino insiste en enviarnos.

Maritza Oropeza
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 118

Gabriela Marentes Garza

Gabriela Marentes Garza

Gabriela Marentes Garza

 

Hace demasiados años, mi papá esperaba con mucha ilusión un hijo cuando nací yo. Ni modo. Fue en la ciudad de México el 11 de octubre de 1958. Soy el sándwich de una familia muégano de diez vástagos. Fui la primera mujer de mi casa que decidió estudiar la preparatoria. Quise meterme a la carrera de arqueología pero no me dejaron mis papás porque en la Escuela Nacional de Antropología e Historia –que en ese tiempo estaba ubicada en el Museo Nacional de Antropología- “había muchos comunistas”. Alegremente, la vida me regaló dos hijos maravillosos. Por una casualidad estudié la carrera de Comunicación en la Universidad Anáhuac, me especialicé en radio; acabo de terminar de cursar los créditos de la maestría en Comunicación y Estudios sobre la Cultura en el Instituto de Investigación en Comunicación y Cultura. Me gusta escribir y hacer dibujos en las servilletas. Llevo casi treinta años trabajando en el Instituto Nacional de Antropología e Historia abrazada de un proyecto profesional de vida que es como otro hijo más: Radio INAH. Hubo una ruptura, luego, cuando se empezaron a morir mis hermanos y la existencia se me reveló descalza y helada como una tormenta. Del cajón de recuerdos: en 1990 gané el primer lugar del Concurso Internacional de Guiones para Radiotreatro que organizó Westdeutcher Runfunk a través del Instituto Goete y Radio México Internacional; en mayo de 1996 tomé el Curso-Taller “Escritura de Guión Dramatizado” en la Universidad el Claustro de Sor Juana impartido por la Deutsche Welle. Por el trabajo del INAH, he obtenido algunos reconocimientos a las realizaciones radiofónicas del área por parte de Radio Querétaro, de la Asociación de Radiodifusoras del Valle de México, A.C y de la Dirección General de Radio y Televisión y Cinematografía de la Secretaría de Gobernación. Con mucho orgullo la revista El Cuento en 1997 publicó una de mis obras literarias que es un cuento titulado “Refugio contra la tormenta”. Dibujo como para poder seguir respirando. Escribo porque no puedo cantar y necesito drenar los pensamientos y los sueños que se agolpan en mi cabeza.[1].

 

[1] Semblanza enviada por lapropia Gabriela Marentes vía e-mail

Refugio contra la tormenta

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Afuera, la noche se extendía… Rodaba entre los árboles, las piedras y los alacranes…

Adentro, la luz de la lámpara de buró, el calor anaranjado de la chimenea…

Más adentro, la cama: disponible y limpia.

Afuera, el cielo era todo nubes chispeantes y húmedas.

Adentro, Eduardo y Samira tenían los ojos fijos en el fuego. Él vestido con pantalones y camisa de mezclilla; se quitó los tenis y los aventó a la orilla del cuarto de hotel.

Más adentro, ella dejó caer la bata al piso y se tumbó sobre la cama vestida únicamente con un collar largo de perlas.

Afuera, el cielo lamía una tormenta en el vientre de la noche.

Adentro, Eduardo puso sobre el hombro de Samira la mano caliente de sus veinticinco años.

Más adentro, la joven admiró el brazo grande y moreno en contraste con su piel blanca.

Imaginó que su cuerpo entero cabía dentro de aquella mano…

Afuera, el cielo y la noche gemían en un abrazo que se escurrió por las paredes del hotel, los árboles, las piedras… Un abrazo que mojó a los cristales temblorosos de las ventanas.

Adentro, Eduardo pasó su mano rápidamente por la cabellera de su esposa.

Más adentro, ella sorbió con sus ojos cafés la imagen de Eduardo y luego los cerró para desnudarlo.

Afuera, la noche sembró charcos a sus pies.

Adentro, Eduardo dio un beso en la frente a Samira, mismo que ella con su pensamiento arrastró hacia la nariz, más abajo humedeció sus labios, dibujó su barbilla, saltó al cuello con su memoria y lo detuvo entre los senos. “Ahorita regreso. No me tardo”, le dijo él.

Más adentro, la muchacha le preguntó al marido viéndolo ponerse los tenis y la chamarra: “¿A dónde vas? Está lloviendo.” A lo que él respondió: “No me tardo, linda. Voy a ver si consigo una televisión, aunque sea chiquita, para ver el partido de futbol y no aburrirnos”.

Gabriela Marentes Garza
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 110

Carta a Dios

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Dios, soy Sili. Quiero pedirte perdón por todas las cosas horribles que he hecho desde el día que comulgué. Perdóname por escuchar las groserías de Rosa, por haber espiado al suizo, por verle su sexo a Daniel y por desnudarme en la azotea y tocar mi cuerpo. Sé que son cosas malas, pero no entiendo, Diosito, por qué son tan bonitas.

Estoy triste porque ya no podré comulgar nunca, pues el padre no me va a perdonar tantos pecados, además de que ni siquiera me atrevo a contárselos. Ahora tú y yo vamos a estar separados. Ya no aspiro a ser buena como Sab, ahora voy a ser una niña triste porque mi alma no está limpia y tú no puedes perdonarme. Aunque si quisieras sí podrías perdonarme, sin que los curas se enteren, pero yo no lo voy a saber porque tú no hablas, ni escribes, ni te apareces.

Quiero decirte, Jesús, que pienso mucho en ti y que sí me arrepiento. Por favor, te lo ruego, perdóname. Ya no te prometo ser buena porque eso es imposible. Tú te das cuenta de que sin querer cometo pecados y que sufro por eso. Mira, te prometo rezar, ir a la iglesia y amarte mucho, mucho.

Diosito, no hubieras inventado a los sacerdotes; mejor hubieras hecho una fuente en donde nacieran solitas millones de hostias y todos los que nos arrepentimos y creemos en ti fuéramos a comulgar. Qué padre sería que sólo tú oyeras mis pecados y que me perdonaras sin ponerme penitencia ni castigos; que me perdonaras sólo porque me quieres y yo te quiero y somos amigos. Pero como no es así y tengo que confesarme con esos señores, pues me quedo lejos de ti, triste, muy triste.

Silvia Castillejos
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 109

Amelia Domínguez Mendoza

 

Amelia Domínguez Mendoza

Amelia Domínguez Mendoza

Nació en la huasteca hidalguense, el 21 de diciembre de 1955. Estudió su licenciatura en Antropología Social en la Universidad Autónoma de Iztapalapa (UAM‑I).  Laboró en el Instituto Nacional Indigenista, en Chiapas; en el Instituto Nacional para la Educación de Adultos (INEA), en el Estado de México: en el INEA Veracruz; en el Gobierno del Estado de Oaxaca, en la Unidad Regional Oaxaca de Culturas Populares. Desde 1983 ejerce el periodismo cultural, colaborando en el semanario “Hora Cero”,  “La Crónica” y los diarios “Política “y El Mundo Veracruzano” de Xalapa, Veracruz, los diarios “El Liberal”, de Coatzacoalcos, Ver. Desde 1992 es reportera y responsable de la sección cultural del periódico “Síntesis” que circula en Puebla, Tlaxcala e Hidalgo.  Entre sus publicaciones se cuentan: Coautora de los libros de cuentos Tiene que haber olvido (UNAM 1980); Al vino vino (UNAM, 1982); Memorias del Tercer Encuentro Nacional de Jóvenes Escritores (UNAM‑INBA, 1984); Por la literatura. Mujeres y escritura en México, Universidad Autónoma de Puebla, 1992).

También es autora de los libros de cuentos Después de tanto silencio (edición de autor, Mexico 1989) y En la boca del incendio (Universidad Autónoma de Puebla‑ Daga Editores, Mexico, 1999).  He publicado poesía, cuento y entrevista en las revistas Guchachi Reza, de Oaxaca, Crítica (UAP) Aula Abierta (UPN) e Itaca, de Puebla y en el suplemento La Jornada Semanal del diario mexicano La Jornada.  En 1996 obtuvo el Premio a la crítica teatral durante la V Muestra Estatal de Teatro Poblano.  En 1997 fue becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Puebla, en el rubro de creadores con trayectoria[1].

[1] http://spanport.byu.edu/faculty/GarciaM/new/entrevistas/dominguez.html

Guadalupe Ángeles

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Guadalupe Ángeles

 

Nació en diciembre de 1962 en Pachuca, Hidalgo. Actualmente reside en Guadalajara, Jalisco.

En 1993 la Editorial Mala Estrella publicó su libro de relatos “SOUVENIRS”. SOBRE OBJETOS DE MADERA, (cuentos), fue publicado por el Fondo Editorial Tierra Adentro en 1994; SUITE DE LA DUDA (también de relatos) apareció en 1995 en la colección Los cuadernos del jabalí de la Editorial del Gobierno del Estado de Jalisco; un cuento suyo fue incluido en la antología Cuentistas de Tierra Adentro III, publicada en abril de 1997; algunos de sus trabajos fueron recopilados en la Muestra de literatura contemporánea de Jalisco, editada por la Universidad de Guadalajara en septiembre de 1997, asimismo en noviembre de 1998, Extremos, Cuento último de Guadalajara, antología preparada por la Editorial Arlequín incluyó una narración suya.

Su novela Devastación, obtuvo Mención Honorífica en el Concurso Juan Rulfo para Primera Novela convocado por el gobierno de Tlaxcala en 1998 y en 1999 obtiene el Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos convocado por el gobierno de Chiapas.

En noviembre del año 2001 es publicada su segunda novela “Quieta” bajo el sello editorial Paraíso Perdido. En julio del año 2002 la editorial Conexión Gráfica publica su colección de relatos: “La elección de los fantasmas“. “Las virtudes esenciales“, es publicado por Literalia ediciones el año 2006[1].

[1] http://rostrodeagua.blogspot.mx/2008/11/guadalupe-ngeles.html

Encuentro

136-137 top

Un hombre camina a mi lado, no lo sentí llegar. Me habla de ciudades que no conozco, toca mi brazo derecho, yo sonrío sin comprender por qué, pues muchas de sus palabras me suenan extrañas. De pronto, pasamos por una esquina y la luz de una ventana iluminada me permite ver sus facciones: es muy joven, creo conocerlo pero cuando estoy a punto de recordarlo se despide; lo veo alejarse en la oscuridad entonces me doy cuenta de que debe ser muy tarde y vuelvo sobre mis pasos, aunque no sé para qué.

He caminado algunas calles y recuerdo su nombre, su voz; y la tibieza de su beso en mi mejilla al irse vuelve a mí, es lo único que tengo ya de él, eso y sus palabras quizá sin sentido, pero el tono de su voz será lo más preciado para mí desde ahora.

¿Qué hice antes de caminar por aquí? No sé. Creo que desde que existo camino por esta calle; ha cesado la lluvia y quizá pronto amanezca. Ya no tengo frío. Alguien se acerca. Me cubre con una manta seca y dice dos palabras que no entiendo.

Caminamos en silencio. La calle es tan larga.

Le hablo de mi padre y sonríe, dice: “Sí, así es la muerte.”.

Guadalupe Ángeles
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 105