En el infierno

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La condena impuesta por Satán al marqués de Sade lo obliga a asomarse por una ventanita al cielo donde retozan los bienaventurados que él nunca podrá hacer sufrir.

Leo Heinemann
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 49

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Niñeras

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Las niñeras perdían a los niños en la confusión de los juegos y nos sustituían por otros niños, tomados al azar, de suerte que nos sentíamos extraños en las casas y aprendíamos a mirar, de manera impertinente, a nuestros presuntos padres y abuelos y a sonreírles socarronamente a aquellos medio hermanos, que ya habían pasado por las mismas aventuras, de casa en casa y de niñera en niñera.

Alfonso Chase
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 47

En la clínica

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La señora se presentó ante el médico con un niño de muy mal aspecto físico y espiritual.

—Muy bien señora —dice el médico, después de un rápido examen visual del chico-. Haga usted el favor de desnudarse y acostarse en este sofá.

—¡Pero qué dice! —grita la señora-. ¡Se trata del niño!

—Al niño, señora, no es posible arreglarlo. Hagamos otro.

Silvestre Lanza
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 45

Discurso de Doña G. (mi esposa) si ella se hubiese casado con nuestro señor Jesucristo

…otra nada más que me hagas, y agarras tus túnicas y te me largas. Sólo yo que caí contigo, todo por verte hablando con los sabios del templo. Esos relumbrones son juegos de chamacos y tú ya no estás para componer el mundo.

Pero tantito me descuido y seguro te vas otros cuarenta días al desierto. Total, por ahí te estará esperando Pedro, que te solapa todo. Pero ya te dije, si lo vuelvo a ver por aquí voy a contratar unos centuriones para que lo arresten. Y no sólo a él, sino a todos los vagos que andan tras de ti; no sé qué les darás, pero deja que me entere y me las pagas, junto con esa tal Magdalena que no te quita los ojitos de encima. ¡Si eso hacen frente a mí, que será cuando no los veo! Pero con tus parábolas a todo le encuentras salida; lengua es lo que te sobra.

Y ahora sales con que ya te vas a una cena, pero te juro que es la última. Y déjame revisarte, que quién sabe cuántos denarios no te llevas escondidos en las sandalias. ¡Pura tomadera de vino! Pero te abierto, mañana no me vengas con que te ayude, porque solito vas a cargar tu cruz…

Gracida
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 43

Milagro marino

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La bella joven se reía tanto a la orilla del mar que, como la risa es la mayor provocadora de la curiosidad, asomó su cabeza un tritón para ver lo que pasaba.

—¡Un tritón! —gritó ella, pero el tritón, tranquilo y sonriente, la serenó con la pregunta más inesperada;

—¿Quiere decirme qué hora es?

Ramón Gómez de la Serna
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 39

Donde se da venturoso fin a la historia del pastorcillo que queriendo divertirse a costa de los demás, tanto mintió, que los pastores ya no acudieron a salvarlo cuando el lobo vino de verdad a hacer presa de rebaño

Y antes de que el lobo terminara por comérselo, el mentiroso, que en vano pidió auxilio, dijo en tono convincente:

—¡Corre, lobo, que vienen los pastores armados con hachas y palos para defenderme!

Y el lobo huyó a todo correr.

MORALEJA: En voz del buen mentiroso lo falso no es ni dudoso.

Gracida
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 37