La venadita

El sacristán tenía tres hijas, crecieron así, al natural, a pesar del padre que tenían, no se hicieron para nada beatas.

La menor se quiso ir pronto con el novio y se fue, era chiquinita, calladita y muy enojona. La de en medio estaba flaca, flaca como palo de cerca, dicen que se enamoraba hasta de las vacas, a todos les daba su chance. La mayor era una reina, de una hermosura que no le sé describir, señor. Verla era detenerse donde uno estuviera y con quien sea, daban ganas de llevársela. Con aquel cabello, alta, ojos negros que parecía que se retraban las cosas en su mirada, así de cristalinos.

Yo, platiqué con ella, nada más el saludo; que buenos días, que buenas tardes Juana Margarita. Donde le iba yo a decir algo más, si me dejaba todo callado, medio atolondrado, quien sabe cómo.

Así estaban las cosas por aquellos días, las tres mujercitas haciéndose deveras hembras, pero destacando “La Venadita”, era como le decían por los ojazos que tenía, de un encanto, bueno, toda ella ¿verdad? Porque estaba muy bien hechecita. ¿cómo le diré?, tenía lo suyo, las nalguitas levantadas, cuando se ponía su pantalón, ¡cállese! le chiflaban y decían cuanta cosa, pero con mucho respeto, porque acá en Tlaxicomulco la gente no se alterca ni se pasa de la raya, usted me entiende.

Ya le digo, aquella mujer estaba de la mejor hechura de cuantas se puedan encontrar y pues vino el gobernador y de pura chiripa que la ve entre el gentillal. Ah, no, hubiera visto cómo se le quedó así que parecía atarantado, bueno, hasta que no se aguantó y les dijo a los andaban con él, sabe que cosa y señalaba a la muchacha. No falta es esos casos quien  se acomida para arrimarle sus gustos a los personajes, y le acercaron a La Venadita a la hora del banquete.

El gobernador sí toma, y le gusta el tequila derecho, se aventó sus alcoholes, habló bonito del pueblo y se fue. Tlaxicomulco quedó igual, sólo que sin La Venadita.

Antonio Villa
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 60

Dibujando patos

A la memoria de Demetrio, Juan Carlos, Maricela y tantos otros…

Apenas el martes me dijiste que te ayudara a dibujar un pato. ¿Un pato? Te pregunté. Sí, un pato que nade bajo el agua. ¿Lo quieres buceando como pelícano? No, que vaya igualito que afuera pero hasta el fondo del agua. Dibujamos un pato blanco y gordo con el pico rojo. El agua era azul con verde y arriba flotaban unas flores amarillas. Las quiero bien amarillotas, como las del día de muertos, me aclaraste.

El jueves no quisiste dibujar. Tenías mucho frío y te tapé con una cobija de rayas. Voy a parecer mariachi, me dijiste y los dos nos reímos como si hubieras dicho algo gracioso, como si nuestras risas pudieran espantar a la muerte, que andaba tan cerca sin que lo supiéramos. Vi que tus manos temblaban no solo de frío sino también de miedo. Si pudiera creer que Dios nos escucha, le hubiera pedido que te llevara con cuidado, que te la hiciera más leve, pero entonces yo no podía adivinar que estabas muriéndote.

Hoy me dijeron que te fuiste el domingo. Todavía me pregunto si al dibujarlo, tú presentías que cinco días después estarías como ese pato. Que estarías hasta el fondo, no del agua, sino de la vida, hasta el fondo de todo lo que es bello, de los besos y las risas. Quisiera preguntarte qué se siente estar nadando bajo el agua sin ahogarte. Te llevaron solamente flores blancas.

Me dicen que te fuiste así como si nada. Sin despedirte. Como un pato que se hunde. En mis ojos no hay lágrimas. Me siento furiosa. No contra ese Dios lejano que nunca nos pela, a eso ya estoy acostumbrada. Estoy furiosa contra esta sociedad mugrosa que te obligó, niño de ancha sonrisa, a vender tu cuerpo moreno por un poco de pan y tortillas para tus hermanos pequeños. Estoy indignada contra esta pinche sociedad que mata de rechazo y vergüenza a un enfermo de sida, desde antes que su cuerpo muera. También estoy enojada conmigo, que no me di cuenta a tiempo de que tú eras ese pato para llevarte tus flores amarillotas, cempasúchiles eternos…

Alejandra Padilla
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 56

Parque botánico

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Aquellos dos estudiantes alimentaban a sus plantas con residuos de viejecitas y niños, robados en la morgue de la Facultad de Medicina, pero aquél día las plantas decidieron por sí solas el menú y desde entonces los detectives, asombrados e impotentes, no han podido descubrir el paradero de los dos distinguidos aspirantes a botánicos.

Alfonso Chase
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 55

Isabel Allende

Isabel Allende

Isabel Allende

(1942/08/02 – )

Escritora chilena

Nació el 2 de agosto de 1942 en Lima, Perú, ciudad donde su padre se encontraba destinado como diplomático.

Asistió a diversos colegios privados y viajó por varios países antes de regresar a Santiago para concluir sus estudios y trabajar en la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO). A los 17 años se inicia como periodista. En 1962 se casa con Miguel Frías y al año siguiente nace su hija Paula. En 1966, tras viajar por Europa regresa a Chile y nace su hijo Nicolás. En 1973, se vio obligada a abandonar su país y partir como exiliada en Caracas, cuando su tío Salvador Allende, presidente de Chile, fue derrocado durante el golpe militar encabezado por el General Augusto Pinochet Ugarte.

Fue en el exilio donde escribió su primera novela, La casa de los espíritus (1982), una crónica familiar con recuerdos de infancia, aquellos que poblaron la vieja casona habitada por sus abuelos. Le sigue De amor y de sombra en la cual narra la aparición en una mina del norte de Chile de los cuerpos de campesinos asesinados por los servicios de seguridad de la dictadura. En 1987 se divorcia de Miguel Frías y publica Eva Luna y en 1991 aparece El plan infinito, basada en la vida de William Gordon, con quien se casó. Más tarde escribió Paula en la que describe la terrible enfermedad que terminó con la vida de su hija. El 21 de abril de 1998 presentó Afrodita en Barnes & Nobles en New York. El 29 de enero de 1999 presentó en España Hija de la fortuna. el 2000 publica Retrato en sepia.

Residió en San Rafael, (California) durante más de 15 años y obtuvo la ciudadanía estadounidense en 2003.

En mayo de 2007 fue Doctor a Honoris Causa por la Universidad de Trento (Italia) en “lingue e letteratture moderne euroamericane”. En septiembre de 2010, fue galardonada con el Premio Nacional de Literatura de Chile por “la excelencia y aporte de su obra a la literatura, la que ha concitado atención en Chile y en el extranjero, y también ha sido reconocida por múltiples distinciones y ha revalorizado el papel del lector”. En junio de 2011 es galardonada con el premio Hans Christian Andersen de literatura[1].

[1] http://www.buscabiografias.com/bios/biografia/verDetalle/786/Isabel%20Allende

La casa de los espíritus

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Barrabás acompañaba a la niña de día y de noche, excepto en los periodos normales de su actividad sexual. Estaba siempre rondándola como una gigantesca sombra tan silenciosa como la misma niña. Se echaba a sus pies cuando ella se sentaba y en la noche dormía a su lado con resoplidos de locomotora. Llegó a compenetrarse tan bien con su ama, que cuando ésta salía a caminar sonámbula por la casa, el perro la seguía en la misma actitud. Las noches de luna llena era común verlos paseando por los corredores, como dos fantasmas flotando en la pálida luz.

Isabel Allende
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 53