La casa de los espíritus

129-130 top

Barrabás acompañaba a la niña de día y de noche, excepto en los periodos normales de su actividad sexual. Estaba siempre rondándola como una gigantesca sombra tan silenciosa como la misma niña. Se echaba a sus pies cuando ella se sentaba y en la noche dormía a su lado con resoplidos de locomotora. Llegó a compenetrarse tan bien con su ama, que cuando ésta salía a caminar sonámbula por la casa, el perro la seguía en la misma actitud. Las noches de luna llena era común verlos paseando por los corredores, como dos fantasmas flotando en la pálida luz.

Isabel Allende
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 53

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