Libros

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A la experiencia sufraga la razón. El ejercicio literario, siendo conforme al genio y no excediendo en el modo, tiene mucho más de dulzura que de fatiga; luego no se puede ser molesto o desapacible a la naturaleza, y, por consiguiente, ni perjudicial a la vida. He puesto las dos limitaciones de ser conforme al genio y no exceder en el modo; pero éstas son trascendentes a toda ocupación, pues ninguna hay que siendo o en la cantidad excesiva o respecto del genio violenta, no sea nociva. ¿Qué cosa más dulce hay que estar tratando todos los días con los hombres más racionales y sabios que tuviesen los siglos todos, como se logra en el manejo de los libros?

Feijóo
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 75

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El fin del mundo

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El fin del mundo ocurrió cuando Cristo murió en la cruz. Nosotros sólo somos el alma en pena de los pecadores, de ahí que la existencia nos parezca un infierno.

Carlos Isla
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 71

Literata

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Yo no me casaría nunca, pero con una mujer literata menos aún. Cuando uno se enamora de una mujer, se le encuentran todas las virtudes que uno necesita, pero cuando esa mujer cede y se la lleva uno a su casa, al día siguiente no sabe qué hacer con ella. Eso tratándose de una mujer común y corriente, porque de una mujer que escribe, aunque escriba bien, la vida se hace insoportable a los cincuenta minutos de estar con ella. La vida en común con una mujer es una constante contradicción; con una literata sería una constante catástrofe.

Dr. Atl
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 69

Lugar de prueba

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Gravemente, Barba Azul ordenó a Anima: “Jamás, bajo ninguna circunstancia, abras esa puerta”. La presumible desobediencia de la muchacha habría de ser motivo más que suficiente para asesinarla. Pero Anima desconocía la virtud de la curiosidad y nunca padeció la tentación de develar el enigma que encerraba la advertencia. No buscó la ocasión subrepticia, no inventó ardides, no merodeó siquiera. Barba Azul, justamente indignado, tuvo que matarla. ¿Quién soporta a una mujer tan falta de imaginación, de aspiraciones y porfías, de codicia?

Agustín Monsreal
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 67

Revelaciones

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—Cuando yo escribo un cuento, sé muy bien cuál es el principio y cuál es el final, lo que ocurre en el medio me va siendo revelado a medida que escribo.

—Usted siempre usa la palabra revelado “Me fue revelado”, como si una voz ajena a usted le dictara.

—No. Es como si el cuento ya existiera y yo fuera viéndolo cada vez más cerca. Al principio lo que veo es una forma general vaga, con más claridad en las dos puntas.

—Onetti me dijo una vez: “Sé lo que va a pasar, no sé cómo va a pasar”.

—Viene a ser lo mismo, A veces me ha pasado con un cuento que he escrito dos páginas y de golpe me doy cuenta de que las cosas no sucedieron así.

Entonces las borro y vuelvo atrás.

Entrevista a Borges
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 63

El que fue a aprender a mentir

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Había uno antes —cuentan— que quería aprender a mentir. Se lo dijo a su padre.

Su padre le contestó:

—Voy a mandarte con el maestro de los mentirosos de nuestro pueblo para que vea si puedes aprender.

Cuando llegó a donde estaba el maestro, éste le dijo:

—Veremos si tienes vocación. Vamos a empezar ahora mismo. ¿Ves esas hormigas que están peleando sobre aquel cerro?

—No —dijo el aprendiz—, no las puedo ver porque estoy mal de la vista, pero sí oigo el ruido que hacen cuando chocan.

—¿Y cómo quieres que te enseñe? Ve a ver a quien engañas. Tú ya sabes, lo único que pretendes es venir a engañarme.

Víctor de la Cruz
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 62