La edad del pudor

129-130 top

Era un niño tan sensible que cuando le preguntaba el profesor qué era una curva, se ruborizaba.

Ramón Gómez de la Serna
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 109

Anuncios

Ángel de luz

129-130 top

 

“Mamá está en mi cuarto”, le dije a mi hermana. “Dice que quiere hablar contigo, que vayas”.

Mi hermana me miró con lástima, aunque también con reproche.

“No puede ser”, me contestó.

“Mamá está muerta”.

“Ya lo sé, pero ahí está. Ven a ver”.

“Bueno, está bien. Vamos”.

Y atravesamos la pared cogidos de la mano.

Agustín Monsreal
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 107

Creación

129-130 top

“De todas las cosas que han sucedido y de todas las cosas tal y como existen, y de todas las cosas que uno sabe, y de todas las cosas que uno puede saber, se hace algo que no es una representación sino una cosa totalmente nueva, más real que cualquier otra cosa verdadera y viva, y uno le da vida, y si se hace suficientemente bien, se le da inmortalidad. Es por eso que yo escribo y por ninguna otra razón”.

E. Hemingway
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 103

La bomba

129-130 top

El hombre, junto a la cama, veía a través de las ranuras de las ventanas oscurecidas de “balas” de luz, que descendían lentamente acompañadas por el ruido de oleadas de aviones dando vueltas por encima de la fábrica, a 30 metros de su vivienda. El ruido de los aviones resultaba como un tic tac familiar de reloj. Cuando se aproximara, las bombas caerían, dirigidas como flechas seguras, brillando sus reflejos plateados a las luces de las “balas” numerosas. El hombre se estremeció ante esta idea. “¿Cuál será mi último pensamiento?”, se preguntó. ¡Tenía que marcharse al sótano! Bajar una escalera… eran cuatro segundos, nada más. Entonces se hallaría seguro.

Las bombas no caían aún, pero los aviones iban aproximándose. El hombre no se movió, se sentía pesado, con los músculos endurecidos, prisionero allí, sentado en una silla. Quería escapar, pero seguía sentado. Contempló a su mujer en la cama. Estaba pálida, inmóvil, con los ojos cerrados, asomándose a la base de la nariz pequeñas gotas de sudor. Las últimas palabras del médico habían sido: “No deberá ser transportada. Peligro de muerte”. Añadió: “La vida de su mujer está en sus manos”. Y él ¡la quería, la quería! Pero, pensó oprimido por el miedo: ¡De todos modos no va a vivir!

Fuera continuaba el ruido monótono. Los aviones buscaban su blanco. ¡En tres saltos, abajo, seguro! ¡Cuatro segundos más! Escuchó atentamente y esperó las bombas. Pronto, sería demasiado tarde. Rememoró la fórmula de caída de los cuerpos… Si la velocidad inicial es cero…

Se irguió, agarrándose a la cama, mirando a su mujer, que seguía igual y pensando: “¡Tú eres mi muerte!” Luego: “¡Oh, Dios mío, que no caigan las bombas, o haz que no tenga miedo1” De repente, recibió un fuerte golpe y sus pulmones fueron invadidos por el dolor. Se halló echado en el suelo, a un metro de distancia de la silla, cogiéndose la cabeza con las manos. Oía explosiones, las sirenas, gritos y vio un agujero en la techumbre, por donde penetró la bomba, que no había explotado aún. “¡Ahora ya no hay cuenta de cuatro segundos, estoy encima de una bomba sin explotar!” Se contemplaron, el agujero y él. “¡Qué mojado estoy!”, se dijo. Se levantó sin experimentar dolor ninguno, y se acercó a la cama. “¡Amor mío, siento el miedo hasta en los huesos de los pies! ¡Hay una bomba aquí!” Le puso a la enferma una compresa fría. “¿Por qué me pasará a mí, Dios mío?” El miedo le empujaba las piernas para arriba, produciéndole náuseas. “¡Amor mío, no quiero morir!” Tú no tienes ninguna posibilidad. “¡Yo quiero vivir!” Su mujer lo miraba ahora. “Vete”, le dijo. Y sonreía. Él le acarició una mano; su voz le había recordado el pasado con ella. Respiró profundamente; el miedo se había disipado. Inclinándose, le acarició el cabello. “¡Pronto… estarás mejor… has sonreído…!”

La bomba les dejó aún dos segundos de profunda compañía.

Theo Van Der Wal
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 100

Saturnino Rodríguez Riverón

Saturnino Rodríguez Riverón

Saturnino Rodríguez Riverón

(Placetas, Cuba, 1958)

Narrador y poeta. Ha obtenido premios y menciones en diversos concursos nacionales e internacionales. En 1999 obtiene el Premio Calendario Narrativa con el cuaderno Manuscritos en papel de cigarro ( Ed. Abril, 2001); publicó Cuentos de papel (Letras Cubanas, 2007)  y Muchas veces mucho (Letras Cubanas, 2013). Ha sido incluido en diferentes antologías, como: Cuentos cubanos contemporáneos. Palabra de sombra difícil (Ed. Letras Cubanas-Ed. Abril, 2001); Certamen Jara Carrillo, Premios 2003-2005, Vol. 8, Premios 2006-2007, Vol.9 (Alcantarilla, 2005, 2007); Karma sensual. Antología de relatos eróticos (El Taller del Poeta, Pontevedra, 2005); Con buenas palabras (Jirones de Azul, Sevilla, 2006), Bendito sea tu cuerpo (Ed. Olandina, Perú, 2008), Más allá de la medida (Museo de la palabra, 2010), Miradas y Letras en el camino de la lengua castellana (Camino de la lengua, 2010, 2011), entre otros.

Trabaja como periodista en la emisora Radio Reloj, La Habana.

1) ¿Cuánto hace que escribe y qué lo impulsó a escribir?

Supongo que empecé a escribir cuando ciertas lecturas espolearon la sensibilidad, que al parecer poseía, y de ahí la propia sensibilidad sugirió mayor lectura, y así hasta el día de hoy. Es un mecanismo de retroalimentación que llaman cultura, y forma parte del proceso civilizatorio. Creo también que por el mecanismo mimético propio de la especie, también descubierto en algunos primates. Pero, ojo, no se trata de mono ve mono hace, sino de ver y hacer lo mismo pero diferente. He ahí la creación, cuando a partir de algo establecido haces algo distinto

2) ¿Qué clase de lector es?

Soy un lector que ahora escojo, a partir de gustos formados. Que releo mucho. En la adolescencia fui compulsivo; ya no. Me gusta el Voltaire de Cándido y el Diccionario filosófico, Papini, Arreola, y una biblioteca completa

3) ¿Cuáles han sido sus principales fuentes de inspiración llegado el momento de escribir – ya sean del campo literario u otros?

Mis fuentes casi siempre han sido literarias, por lo del mecanismo mimético, pero formamos parte de la realidad, y quiéralo uno o no, ya sea por el lenguaje o las circunstancias de una vida, o de las que te rodean, las historias se te cuelan en tu existencia, y te influyen.

4) ¿Cuando escribe, piensa en el « lector », si así fuera, quién / cómo / dónde está?

Cuando escribo, el lector es un ente abstracto. Me atrevería a decir que un escritor escribe para sí propio, toda vez que se trata de un lector especializado, cuya creencia es que si escribe lo que le gusta, al hipotético lector también le gustará.

5) Cuando está falto de inspiración, ¿dónde o cómo la encuentra de nuevo?

Cuando me falta inspiración, leo. Cuando la tengo, leo. El escritor es fundamentalmente un lector.

6) ¿Nos puede hablar un poco del cuento traducido aquí?

¨Letra peligrosa¨ parte de una reflexión irónica sobre los avatares existenciales de los escritores, y un consejo que se pretende moraleja sesgada desde la vivencia exterior de una persona desconocedora de los intríngulis de la literatura.

7) ¿Qué impresión le causa saber que su cuento está siendo traducido?

La traducción me produce una extrañeza. Saber que otros leerán lo que escribí en un lenguaje diferente, que multiplica evidentemente mi mensaje, pero que al mismo tiempo no será lo que escribí.

8) ¿Qué opinión le merecen las nuevas tecnologías en lo que a literario se refiere?

Las nuevas tecnologías han extendido la divulgación de la literatura, pero a la vez han abaratado el producto hasta la gratuidad. Como lectores, albricias; como escritores, algunos ven mermar su economía hasta besar arañas, y optan por dedicarse a otros menesteres.

9) ¿Si estuviera en el lugar de Rilke, qué consejos le daría a un « joven poeta / escritor »?

Si estuviera en el lugar de Rilke, es posible que a un poeta joven le diera el consejo de ¨Letra peligrosa¨: suelta esas cuartillas. Pero si el asunto es tan fuerte que no puede soltarlas, entonces le sugeriría: Prepárate y lee, lee todo lo que puedas. Solo después enfréntate a la cuartilla, y no la sueltes hasta lograr algo bello[1].

[1] http://entretiensld.blogspot.mx/2014/02/saturnino-rodriguez-riveron-cuba.html