No voltees

El poblado quedaba lejos aún. Apretó el paso de su caballo y con una voz que pretendía serenidad, me dijo:

—Apúrale a tu yegua y no voltees.

Escuché entonces el crujir de una rama que se levantaba, como si hubiera sido liberada de un gran peso.

Sin poder evitarlo volví el rostro.

A mis espaldas, recortada en la casi total obscuridad de la noche, alcancé a ver la figura de un hombre alado que levantaba el vuelo.

Leticia Herrera Álvarez
No. 142, Enero-Marzo- 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 8

Anuncios

Opina

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s