Magna peccatrix

Los ojos de las serpientes gimen. Quien haya acercado el oído alguna vez –las jirafas, por ejemplo, y las orugas y otros animalitos que sobrevivieron al Día del juicio- lo habrán notado. Desde muy adentro, al fondo de sus pupilas, se escucha en llanto largo, seguido por un crepitar vidrioso, como sueños rotos al final del espectáculo.

José Renato Tinajero Mallozzi
No. 142, Enero-Marzo- 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 47

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Origen del engaño

Entonces, los pescadores observaron el dibujo que pintaba la luz al penetrar el agua en movimiento y lo repitieron en sus redes, para que los peces entraran en ellas sin desconfianza.

Leticia Herrera Álvarez
No. 142, Enero-Marzo- 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 43

Dentro

Anoche, en sueños, vi una habitación oscura. Dentro, un hombre y una mujer, casi ancianos, conversaban sentados en un camastro. Supe que la vida no significaba mayor cosa para ellos, seres que habían sufrido hasta el límite una existencia miserable. Supe también que habían decidido morir juntos, en ese mismo lugar.

Si logramos que despierte —dijo el hombre refiriéndose a mí—, este sueño acabará y de esa manera nosotros moriremos.

Encendieron una hoguera. Muy pronto, toda la habitación estaba en llamas, y ellos ardían entre alaridos horripilantes, agónicos.

Desperté sobresaltado. Un intenso dolor me atenazaba el cráneo y una sensación de ahogo me cortaba la respiración. Abrí la boca, para gritar, para tomar aire. De mi garganta brotó, sofocando el grito, una nube de humo negro.

José Renato Tinajero Mallozzi
No. 142, Enero-Marzo- 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 40

Letras urbanas

—Neta, esta rola está chida.

—¿Neta?

—¡Ay!, ¿a poco no sientes cómo te retumba la bataca en el cucharón?

—¿Batacá? ¿Cucharoun?

—Sí nerd —responde fastidiada—. Así mero, como cuando los güeyes te echan el rollo, te doran la píldora, hasta te cierran el oclayo pa que aflojes y cuando sales con tu domingo siete, si te vi, no me acuerdo. Pero tú bien buza, ¿eh?, porque las gringas tienen fama de fresas. Y ‘ora aquí en el reven se ponen peores, cuando están jarras se sienten bien chipocludos, ¡me cai!, así como la mamá de Tarzán.

—¿Tarzan? ¿The apeman?

—¡Estás jodida! ¿Qué no venistes a México a aprender español?

Martha Eugenia Hegewisch Orozco
No. 142, Enero-Marzo- 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 39

Domingo F. Sarmiento

Domingo F. Sarmiento

Domingo Faustino Sarmiento

( 15 de febrero de 1811 en San Juan, Argentina: 11 de septiembre de 1888)

Domingo Faustino Sarmiento, nació en el Carrascal uno de los barrios más pobres de la ciudad de San Juan. Sus padres fueron, José Clemente Quiroga Sarmiento y Ana Paula Albarracín. Cuando tenía 5 años ya sabía leer y escribir y a los 15 años ya era maestro y había fundado su primera escuela en San Francisco del Monte de Oro (provincia de San Luis) donde ya se desempeñaba como maestro de un grupo de alumnos que lo superaban en edad.

Fue político, filósofo, pedagogo, escritor, docente, periodista, estadista y militar argentino; gobernador de la Provincia de San Juan entre 1862 y 1864 y presidente de la Nación Argentina entre 1868 y 1874.

Se destacó tanto por su laboriosa lucha en la educación pública como a contribuir al progreso científico y cultural de su país.

En San Juan fundó el periódico “El Zonda”. De su obra literaria, se destacan: “Facundo o Civilización y Barbarie”, inspirado en el caudillo riojano Facundo Quiroga; “Recuerdos de Provincia”, de corte autobiográfico; “Viaje”, donde cuenta sus experiencias en el extranjero; “Vida de Dominguito”, que narra la vida de su hijo adoptivo muerto en Paraguay; “Educación Popular”; “Método de Lectura Gradual”[1].

[1] http://www.elresumen.com/biografias/domingo_faustino_sarmiento.htm