Magna peccatrix

Los ojos de las serpientes gimen. Quien haya acercado el oído alguna vez –las jirafas, por ejemplo, y las orugas y otros animalitos que sobrevivieron al Día del juicio- lo habrán notado. Desde muy adentro, al fondo de sus pupilas, se escucha en llanto largo, seguido por un crepitar vidrioso, como sueños rotos al final del espectáculo.

José Renato Tinajero Mallozzi
No. 142, Enero-Marzo- 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 47

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