Jaime Adolfo Muñoz Torres

Jaime y el cuento

Jaime Adolfo Muñoz Torres y su colección de El Cuento. Los tiene siempre a la mano,  entre su dormitorio y el WC, pues los revisa a diario.

 

El 27 de septiembre de 1958, ya muy noche, debió nacer, pero solo atinó a sacar su brazo derecho, él dice que porque el hombre debe ser tantiao, lo cierto es que la partera se asustó y en lugar de nacer en la cama donde habían nacido sus seis hermanos anteriores y que había levantado el pedido de los siete, fue a nacer a una clínica en donde lo voltearon y sacaron con fórceps, cosa que le dejó la cabeza boluda. Para entonces ya había comenzado el día 28. Sin embargo se llama Adolfo y no Cosme o Wenceslao.

Jaime significa: El que mete zancadilla. Adolfo: Lobo noble ¿Afán de equilibrio, tal vez?

Nació bajo la influencia de Libra, y sí, apenas la libra.

Es nacido en Aguascalientes, sus piernas miden 110 centímetros, con ese tamaño de pasos, debía ser un vago. Él dice que sí lo es, pero aún radica en su tierra natal, de la que casi no sale.

Estudió una carrera de ventas, pero nada vende, apoya a artistas.

Se casó y enviudó. Se volvió a casar y se divorció.

Fue bautizado en la fe católica y no va a misa los domingos.

Nació hombre y… sigue machín, eso sí, es admirador de shorcitos y escotes

Se siente guapo y manda su foto para el desengañe.

A sus 18 años, sufrió crisis de llanto, manos dormidas y dolores de cabeza, debido a que su sangre no llegaba a al cerebro con la suficiente presión. Trabajaba, estudiaba, era seleccionado en basquetbol, entrenaba fut bol americano, se ponía borracho en discotecas y no comía verduras ni empanizados porque no le gustaban. A los 25 años se recuperó de este mal.

Miope desde los 10, a los 25 recupera 3 dioptrías y a los 47, otra media.

Padeció de hipertensión y desgaste en las rodillas, ambas las erradicó haciendo teatro (2006) Nunca lo pensó así. Atinó, por casualidad.

Morirá a los 84 años, babeando delante de personas (que pena. Lo ha soñado) entre el 7 y el 27 de diciembre del 2042.

Postdata, a pesar de todo, es feliz, tiene cuatro hijos y tres nietas, aún cinco hermanos y su mamá.

Posdata dos: La cama en la que no nació, llegó a ser su cama, cuando sus padres la desecharon por vieja y guanga. Seis polines le dieron nueva macices. Ahora después de 70 años de uso, por fin la jubiló, convirtiéndola un librero y mesa de trabajo. La cama actual de Jaime (Mueran de envidia) es alta, de 1880, con patas torneadas y un águila en la cabecera. Bastante firme.

Posdata tres: Su platillo personal es; huevo estrellado, cocinado con la receta de huevo revuelto, más queso y totopos. Una delicia.[1]

[1] Semblanza enviada por el propio Jaime Adolfo Muñoz, vía e-mail

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