1—Edmundo Valadés: Una caja de sorpresas

Edmundo Valadés:  Una caja de sorpresas

Por Eugenia Flores Soria

En el cuento, decía Edmundo Valadés, hallaremos fantasmas, apariciones, dramas que caben en una pecera. El escritor calificaba este género de bellísimo e inagotable, y sostenía que los libros ofrecen a las personas la ilusión de no morir del todo. Quizá por eso abrazó su inquietud por la literatura como un destino y a la vez como un refugio ante la pena.

Este 30 de noviembre se cumplirán 20 años de la muerte del autor sonorense, consagrado ya entre las figuras clásicas de la literatura mexicana. Muchos de sus seguidores lo recordarán en homenajes y actividades culturales, entre ellos el entusiasta Grupo de Cuentistas Brevísimos de Edmundo Valadés. Pero a pesar de que las fechas se han convertido en un atinado pretexto para regresar a la obra de los grandes escritores, el tiempo no ha sido tan justo con Valadés. Al menos eso piensa Adriana Quiroz, su viuda, quien estuvo al lado del también periodista durante dos décadas.

Adriana evoca con nostalgia los momentos más significativos junto a su esposo. En una charla amena vía telefónica, que organizamos gracias al escritor Alfonso Pedraza, la cuentista habla de Valadés como un hombre gentil y versátil, que tenía esa astucia notable en su cuento más famoso, “La muerte tiene permiso”, a la par de la ternura que apreciamos en “Se solicita un hada”. En otras palabras, un autor que sigue abierto al diálogo, que nos conduce del erotismo a la gracia o la tristeza, y que cumple, como literato, con el requisito que él mismo formuló: un gran escritor es aquel capaz de describirlo todo.

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La publicación que Valadés fundó en 1964. Foto tomada del blog Minificciones de El Cuento.

-¿Cómo era Edmundo Valadés?

Era un hombre sumamente generoso. Muy, muy generoso. Yo veía a los demás escritores que no aceptaban entrevistas, no aceptaban ayudar a los chavos, ni aceptaban esto o lo otro. Valadés estaba siempre abierto con la juventud, creía mucho en ella y la apoyaba en talleres, en todo lo que se ofrecía. Siempre muy generoso. Esa es la palabra con la que yo podría describir a Valadés.

-¿De dónde nace esta cualidad? Durante muchos años Valadés se dedicó a promover la obra de numerosos autores en su revista El Cuento…

Siento que él descuidó su propia obra para dedicarse a El Cuento. Eso le absorbió mucho tiempo porque El Cuento se hacía en casa, era artesanal totalmente: pegar los numeritos, que el pie de página, las viñetas, todo. Así era cuando lo conocí. Respondía todas las cartas que recibía de la revista, a lo mejor cinco años después, pero tenían una respuesta los que habían escrito.

-¿Esa inclinación por la literatura y la imaginación surge desde la infancia difícil de Valadés?

Pierde a su madre a muy temprana edad y va a vivir con unas tías muy secas que no lo impulsaban. Le decían que qué pena ser escritor, que eran sueños de bohemio, que pusiera los pies en la tierra. Aún así él se aferró. Muy joven saca un periódico en la escuela, obtiene un premio y las tías le decían que de qué iba a vivir. La pérdida de su madre fue muy fuerte para él, empezó a andar como pelota por todas partes, el desarraigo de sacarlo de Sonora y traérselo a la Ciudad de México lo afectó. La literatura le abrió no un mundo, sino muchos mundos para escapar de esta realidad que tenía. Se dedicaba a leer, a devorar los libros.

-Entre sus autores favoritos estaba Proust, ¿verdad?

Cuando él trabajaba en la revista Hoy lo mandan a buscar el avión Cuatro Vientos que se perdió de Cuba a México. Él compra los primeros tomos de En busca del tiempo perdido y se enamora de la obra de Proust. En la selva me lo puedo imaginar leyendo entre el calor y el aullido de los changos. No sé por qué se identificaba tanto con él, pero era un admirador ferviente. Todavía tengo aquí en el estudio la foto de Proust, me niego a quitarla.

-¿Por qué Valadés trabajó con el cuento, un género que no tiene tanto apoyo como la novela?

Todo mundo dice “soy novelista”, pero cuando alguien dice “soy cuentista” no lo toman a uno en serio. Él se lanzó por escribir cuento porque eso le llamaba la atención. Al principio quiso ser poeta y Xavier Villaurrutia le dijo “no es por ahí”. Valadés le enseñó un poema y Villaurrutia le escribió una carta aconsejándole que siguiera buscando. Nunca más escribió poesía.

Adriana Quiróz

La cuentista Adriana Quiroz. Foto tomada del blog Minificciones de El Cuento.

-¿Cómo era la relación de Valadés con sus contemporáneos? En una ocasión Juan Rulfo declaró que a él le debía la publicación de sus primeros cuentos…

¡Qué declaración! La dice en un homenaje que hicieron a Valadés, Juan, que nunca iba a ningún lado y que también era un ser tan lindo, tierno y adorable. Fue un gesto muy generoso. Eran amigos. Juan era algo tan cotidiano en mi casa, siempre estaba invitado a comer, a leer libros, a discutir cuentos. Sabía sobre tantas cosas. Cuando estaba de novia de Valadés comíamos en un restaurante y él de ahí se iba a Novedades. Juan vivía cerca de mi casa y me daba un aventón en un carrito, creo que una Brasilia azul. Todo el camino me trataba de convencer de que no me casara. Decía que tenía mucho miedo de la diferencia de edades, no sé, creyó que me iba a llevar al baile a Valadés. Luego me decía, “me equivoqué totalmente contigo”.

-¿Cómo se conocieron?

Muchos años antes de conocer a Valadés yo ya leía El Cuento… nadie sabe para quién trabaja. Después una tía me invita a Querétaro y yo, por miedo de decirle que no, le dije que sí. Y ahí voy en camino. La poeta Paula de Allende le comentó a mi tía que en la noche iba a venir Edmundo Valadés. Pelé oído y pensé, “Edmundo Valadés, el de El Cuento”. Yo no sabía de La muerte tiene permiso ni nada, sólo lo conocía por la revista. Valadés pasó por nosotros, cosa muy extraña porque íbamos a una cuadra del hotel. Mi tía me presentó con él como su hija y Valadés le contestó: “Virginia, qué bonitas cosas haces”. Me pidió mi teléfono y se lo di por debajo de la mesa. Cuando me iba a subir al carro me dio la mano y su teléfono. Te puedo decir que fue el primer hombre al que yo le llamé. A los 15 días estábamos comprando los muebles de la sala y en seis meses nos casamos. Todo mundo pensaba que yo estaba embarazada o algo, pero no. Duramos 20 años juntos. Nos decían que estábamos locos por casarnos.

-¿Qué fue lo más especial de esa experiencia?

No tuve conciencia de con quién me estaba yo casando. Tampoco tuve conciencia de Juan Rulfo ni de Valadés ni de todos los personajes que conocí. No tenía idea a lo que me estaba enfrentando. ¿Cómo una muchacha de 22 años entra a eso? Valadés para mí era mi marido y punto. Venía gente importante a mi casa pero tampoco estaba yo consciente de que fueran tan importantes o de que un día el Presidente le diera el Premio Nacional de Periodismo. Aquí no era el figurón, era el marido. Creo que eso es lo que mantuvo el matrimonio. Quizá por eso Juan Rulfo me quería tanto, porque no lo veía como Juan Rulfo, sino como el amigo que venía a comer.

-A distancia, ¿cómo se ve esa vida?

A veces pienso, ¿estaré inventando que estuve casada con él? Porque no lo puedo creer. Lo veo tan distante, tan lejano, como un cuento hecho realidad. Tal vez yo soñé casarme con Valadés. Él me decía que a los 38 años pidió un deseo en el cielo de Hermosillo y que en ese momento yo estaba naciendo para él. Fue algo muy intenso y bonito.

-¿Qué pasa con la figura de Edmundo Valadés? ¿Es recordado o no se le hace justicia?

No se le ha hecho justicia. Creo que es un escritor muy, muy olvidado. Es más, hace 15 días escribí a Guaymas diciendo que se iban a cumplir 20 años de su muerte y el otro año su centenario. No me han respondido. Es olvidado y eso es muy triste.

-¿Alguna recomendación para conocerlo o reencontrarse con él?

Muchos escritores empezaron a escribir en El Cuento. Era un taller abierto al que uno tímidamente se acercaba y de repente pegaba un cuento. Qué mejor homenaje a Valadés que leerlo, es lo mejor que uno puede darle a un escritor. Valadés tiene algo para cada uno, es como una cajita de sorpresas.

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El número 33 de la revista que se publicó durante 35 años: de 1964 a 1999. Foto tomada del blog Minificciones de El Cuento.

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 Este Artículo se publicó en la revista digital Letras explícitas el 24 de Noviembre de 2014. 

Letras explicitas- Valades

Letras Explícitas es una revista digital mexicana, que cada lunes ofrece contenidos sobre rock y cultura. Somos un grupo de reporteros que difunde información con una visión distanciada de la industria o lo que se conoce como mainstream. Esperamos que Letras Explícitas sea una referencia para los seguidores del rock que quieran conocer historias inéditas de bandas y músicos. Contamos con la colaboración de destacados escritores, artistas, ilustradores y fotógrafos que nos ayudan a comprender mejor la escena musical y
literaria del país. (http://letrasexplicitas.com/)

eugenia Flores

Eugenia Flores Soria (Coahuila, México) Egresada de la Facultad de Ciencias de la Educación en la Licenciatura en Letras Españolas, recibió la Medalla al Mérito Juan Antonio de la Fuente, presea entregada a quienes obtienen los más altos promedios en la UA de C. Ganadora del Premio de Periodismo Cultural “Armando Fuentes Aguirre”2014, por artículo periodístico. Colabora en diarios impresos y electrónicos.

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