Pequeña travesura

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Una vez, para ser más precisos el 17 de junio de 4784, el capitán Koyle Clark entró en una casilla de telepantalla pública para llamar a su novia, la agente secreta Lucy Rall. Le informaron que no podía hablar con ella, porque se había casado la semana anterior. “¿Con quién?”, preguntó el exasperado capitán. “Conmigo”, contestó el hombre con el cual estaba hablando. Al mirar con más atención la telepantalla, el capitán descubrió, con ligera sorpresa, que el hombre con quien estaba hablando era él mismo.

Este asombroso misterio fue resuelto por Mr. Robert Headrock, el primer hombre inmortal de la tierra. Utilizando su supercerebro calculador electrónico, Headrock descubrió que el capitán Clark había hecho un viaje en una máquina del tiempo; que en una curva del pasado se había casado con Lucy Rall sin que su yo actual, ajeno a ese curva, lo supiera. Por medio de esta pequeña travesura se convirtió también en el hombre de la bolsa de Comercio. Cuando se llegó al punto del tiempo en que Clark había tomado la curva de la máquina de tiempo, el Clark del pasado y el del presente se volvieron de nuevo uno solo y vivieron felices para siempre. Entretanto, Robert Headrock, el hombre inmortal, envió a un periodista llamado MacAllister varios trillones de años atrás, y le hizo producir una explosión cósmica, que dio origen a nuestro sistema planetario, tal como lo conocemos.

A. E. van Voght en “Las armerías de Isher” Citado por Arthur Koestler
No. 81, Mayo – Junio 1980
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 53

Alfred Elton Van Vogt

Alfred Elton Van Vogt

 

Alfred Elton Van Vogt

(Manitoba, 26 de abril de 1912-Los Ángeles, 26 de enero de 2000)

Era un escritor canadiense especializado en ciencia-ficción.

Su incursión en la ciencia ficción comenzó al leer “Who Goes There?” de John W. Campbell en la revista Astounding Science Fiction. Aquello lo inspiró y le animó a escribir. Su primer relato, “Vault of the Beast”, fue rechazado por Campbell en 1938, pero van Vogt no se rindió.

El 9 de mayo de 1939 contrae matrimonio con Edna Mayne Hull. Pocos meses después Campbell acepta un relato suyo. En el número de julio de 1939 de la revista Astounding Science Fiction, aparece publicado su primer cuento de ciencia ficción, “El destructor negro”, considerado por muchos como el punto de partida para la llamada Edad de Oro de la ciencia ficción. Más tarde este relato formaría parte de El viaje del Beagle Espacial, que no sólo es un relato con peligrosos alienígenas sino que, además, el protagonista, Elliot Grovessnor, debe conseguir que se acepte su ciencia, el nexialismo, como medio para solucionar los problemas que surgen en la nave espacial de la que es tripulante. El Viaje del Beagle Espacial es base de algunas series de televisión, como Star Trek y la película Alien, el octavo pasajero.

Trabajó para el Departamento de Defensa Nacional, mientras ocupaba las noches en escribir su primera larga novela: Slan, que sería publicada a finales de 1940 en Astounding. En 1944 se muda, con su mujer, a los Estados Unidos, concretamente a Los Ángeles.

En el género, A. E. van Vogt no es un creador de temas, ni un poeta como Ray Bradbury o Theodore Sturgeon, ni tiene la intachable formación científica de Arthur C. Clarke o cultural de Isaac Asimov. Pero en cambio es capaz de llevar a su perfecta intensidad con toques originales los planteamientos que otros se encargan de trivializar de modo promiscuo e irremediable.

Otra particularidad en las obras de A. E. van Vogt es que poseen una trama argumental atractiva en la que predomina la aventura, el suspense y la intriga. A. E. van Vogt tiene el mérito de haber sido el primero en utilizar la técnica del fix-up para escribir sus novelas. Los personajes que pueblan sus novelas están bien perfilados psicológicamente, de carne y hueso y con comportamientos reales en situaciones extremas. El también escritor de ciencia ficción, Philip K. Dick, reconoció la influencia de van Vogt en su obra.

Tras la década de los 50’s, van Vogt entrará en el movimiento de la dianética, motivo por el cual pasaría los siguientes años sin escribir casi nada. Finalmente, en los años setenta, regresó a escena, escribiendo novelas, pero nunca llegó a alcanzar el éxito antaño obtenido.

En 1975 muere su mujer, Edna, con la que llevaba casado 36 años. Ese mismo año, van Vogt publica To Conquer Kiber. Volvió a contraer matrimonio, esta vez con Lydia Brayman en el año 1979.

Su última novela, Tyranopolis, fue publicada por Sphere en 1989, unos cincuenta años más tarde de su primera obra publicada. En 1996 se le concedieron varios honores: el título de Gran Maestro de la “Science Fiction Writers of America” (SFWA), un premio en la Convención mundial de ciencia ficción de Anaheim, California, por sus seis decenios en el seno de la Edad de Oro de la ciencia ficción y, por último, figura en el “Science Fiction and Fantasy Hall of Fame”.

Ya no escribió más. A. E. van Vogt fue víctima de la enfermedad de Alzheimer. Falleció de neumonía el 26 de enero del año 2000 en Los Ángeles, a los ochenta y ocho años de edad.

A pesar de que no crea ni plantea temas nuevos, la intensidad de su estilo, además de un toque original en el planteamiento acerca de los temas que otros han creado, le ha permitido labrarse un hueco dentro de la ciencia ficción.

Hay que destacar que, a diferencia de autores menores, sus personajes están bien perfilados, lo que contribuye a dar calidad a sus relatos.

Otra de las características de sus obras es que no existe una única trama argumental, sino que las historias se construyen como la suma de varias tramas independientes.

Fue el primer autor en emplear la técnica del fix-up. Esta técnica consiste en construir una única historia como la suma de varios relatos independientes, algo que Isaac Asimov utilizaría en Fundación[1].

 

Sorpresa

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Una vez, para ser más precisos el 17 de junio de 4784, el capitán Kayle Clark entró en una casilla de telepantalla pública para llamar a su novia, la agente secreta Lucy Rall. Le informaron que no podía hablar con ella, porque se había casado la semana anterior. “¿Con quién?”, preguntó el exasperado capitán. “Conmigo”, contestó el hombre con el cual estaba hablando. Al mirar con más atención la telepantalla, el capitán descubrió, con ligera sorpresa, que el hombre con quien estaba hablando era él mismo.

Este asombroso misterio fue resuelto por Mr. Robert Headrock, el primer hombre inmortal de la tierra. Utilizando su supercerebro calculador electrónico, Headrock descubrió que el capitán Clark había hecho un viaje en la máquina del tiempo; que en una curva del pasado se había casado con Lucy Rall sin que su yo actual, ajeno a esa curva, lo supiera. Por medio de esta pequeña travesura se convirtió también en el hombre más rico de la tierra, porque supo de antemano las oscilaciones de la Bolsa de Comercio. Cuando se llegó al punto del tiempo en que Clark había tomado la curva con la máquina del tiempo, el Clark del pasado y el del presente se volvieron de nuevo uno solo, y vivieron felices para siempre. Enretanto, Robert Headrock, el hombre inmortal, envió a un periodista llamado MacAllister varios trillones de años atrás, y le hizo producir una explosión atómica, que dio origen a nuestro sistema planetario, tal como lo conocemos.

A. E. van Vogt (citado por Koestler )
No. 119-120, Julio-Diciembre 1991
Tomo XX – Año XXVIII
Pág. 383