Hooligans

 

Esa mañana al salir de casa, mamá me dio su bendición con lágrimas en los ojos. Me llevaban al fut por primera vez en más en mis  cinco años, aunque me chocaba ir con casco y coraza. Papá decía que echaban concreto de las gradas de arriba. Consideraba único el ambiente en vivo. Los del sol entraban con sus marros y la policía no se atrevía a decirles nada.

Éramos once hermanos, yo el más chico. A mi padre le gustaba mucho ir con nosotros. Mis hermanos no lo acompañarían nunca más.

Enrique G. Saavedra
No. 111-112, Julio-Diciembre 1989
Tomo XVII – Año XXVI
Pág. 594

Anuncios