Héctor Canales González

Héctor Canales González

Héctor Canales González

 

Nació en El Grullo, Jalisco, en el año de 1949 y radica en Zamora, Michoacán, desde 1966.

Miembro fundador y primer director de La Casa de la Cultura del Valle de Zamora.

Miembro fundador de la Corresponsalía en Zamora de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística “Alfonso García Robles” en 1988, y presidente de la misma en el periodo 1992-1993.

Participó en el Encuentro Latinoamericano de Narradores (1985), en el V Encuentro Estatal de Cuentistas y Narradores (1989) y en el V Encuentro Internacional de Narrativa (1990), realizados en la ciudad de Morelia, Michoacán.

Participó en el Primer Encuentro de Poetas, en Zamora, 1997.

Director de la revista Signos y de la editorial del mismo nombre.

Ha publicado en revistas y periódicos de la ciudad de México, Zacatecas, Jalisco y Michoacán.

Miembro del Consejo de redacción y colaborador del semanario Guía, 1980-1982 y del suplemento Las Ventanas, 1977-1982.

Director ejecutivo del periódico Identidad, 1989.

Miembro del Consejo de redacción de la revista Hontanar, 1991-1992.

Miembro fundador de la Correspondiente en Zamora del Seminario de Cultura Mexicana.

Miembro fundador y Secretario del Consejo Municipal para la Cultura y las Artes de Zamora.

Director del suplemento Dominó, del diario Z de Zamora, 2001-2002.

Ha publicado:

Apariciones (cuentos), 1981.

13 Cuentos, 1984.

Maniático y obsesionado (opemas y prosemas), 1985.

Justo a tiempo (cuentos cortos), 1988.

El más feliz (cuentos), 1989.

Diario de viaje (relatos), 1999.

Epílogo del vuelo (poemas), 2002.

Deseada carne (textos breves), 2006[1].

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Deseada carne

Acaricio tu cuerpo húmedo con la yema de mis dedos para sentir el placer de mi piel sobre a tuya.

Acaricio tu cuerpo con un deseo creciente porque conozco tu espíritu, porque sé que en tu interior late la esencia divina y el demonio: eres portadora del bien y el mal.

Lenta y cuidadosamente voy despojándote de la piel que te cubre, y siento agua en la boca al pensar en tu carne blanca y dulce. Te observo, desnuda ya, y me extasío en la contemplación, para lamer las gotas del néctar maravilloso de tus secreciones. No puedo resistir por más tiempo el deseo y muerdo, desgarro, despedazo, mastico, revuelvo y trago tu carne con desesperación, eres maravillosa como la vida y breve como la felicidad.

Con desenfado arrojo las semillas con un impulso de la lengua y arranco de aquel racimo otra uva a la que voy quitando despacio y cuidadosamente la piel.

Héctor Canales González
No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 313

El sueño

Durante toda su vida le acompañó el mismo sueño. Se soñaba en la azotea de un alto edificio, subía a la cornisa y se arrojaba al vacío. La sensación de caída le proporcionaba un placer doloroso, pero invariablemente, antes de estrellarse contra el pavimento despertaba. Sin embargo, una noche no despertó a tiempo y se estrelló.

Cuando los ambulantes recogieron su cuerpo, ni siquiera se dieron cuenta de que todo era un sueño.

Héctor Canales G.
No 79, Septiembre 1977-Marzo 1978
Tomo XII – Año XIII
Pág. 647

El paraíso

Yo estuve en el paraíso. Ahí, todos los deseos se cumplían. El lugar era hermoso y el clima perfecto. Nada turbaba la tranquilidad. No se podía discutir con nadie ni poseer una sola mujer. (Ni siquiera estaba permitido gritar.) Me pasaba los días en una modorra continua. Era tan aburrido, que solicité mi traslado al infierno… y aquí estoy de nuevo.

Héctor Canales G.
No 79, Septiembre 1977-Marzo 1978
Tomo XII – Año XIII
Pág. 625