Punto decisivo

Siento que avanzo y estoy —lo sé— cómodamente sentado.

Humberto Guzmán
No. 47, Julio-Agosto 1971
Tomo VII – Año VIII
Pág. 200

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Fuga

Oigo música de rock muy estridente, angustiosa. De pronto, la música se interrumpe produciendo una confusión de sonidos agónicos. Sigue el estruendo de unos discos o libros, tal vez, al caer desde no mucha altura al piso de madera. Alguien respira agitadamente. Después de un rechinido de la cama ese alguien —u otro, no sé— da uno o dos pasos cortos, rápidos —el piso cruje a cada paso por cierto. Hay un momento de silencio. Pausa en el silencio. Algo así como un espejo, o tan solo un vidrio de regular tamaño es roto, repentinamente, de un golpe. Pausa. ¿Qué es eso? Un gemido. Están gimiendo muy quedito. Alguien sufre —puede ser quien gemía— un repentino y violento ataque de tos. Ahora, junto a la respiración otra vez agitada, oigo pasos (corren), van de un lado al otro de la habitación al parecer chica —debe de ser como la mía—. Puñetazos a la puerta. Mientras continúan los puñetazos a la puerta es pronunciada una palabra de manera no identificable: casi un rugido. (Quizá un nombre…) De nuevo corren de pared a pared —durante menos tiempo, pero con mayor fuerza, o ansiedad. Esta breve carrera termina al momento de aparecer el ruido grande del rompimiento de varios vidrios, y, además, golpes secos y estremecimientos metálicos. Un grito que se queda en el principio. Otro vidrio roto. Otro grito; sólo que éste es intenso y largo, muy largo, y va desapareciendo o desvaneciéndose más bien a lo lejos. Ahora, el silencio. El silencio, por fin. Únicamente, creo, había una persona ahí dentro. Puf; mañana mismo gestiono el cambio de domicilio. Aquí no se puede dormir en paz nunca en la vida.

Humberto Guzmán
No. 49, Octubre-Noviembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 415

Humberto Guzmán

Humberto Guzmán nació en México, D.F. en 1948. Novelista, cuentista, articulista y maestro de talleres literarios desde 1972.

Tiene publicados más de diez libros, entre ellos, las novelas: El sótano blanco (1972), Historia fingida (1982), Los buscadores de la dicha(1990) y La caricia del mal (1998); entre los cuentos y relatos:Manuscrito anónimo (1975), Seductora melancolía (1987),Contingencia forzada (1971) y La lectura de la melancolía (1997).

También cuenta con una autobiografía: Confesiones de una sombra(1996). Humberto Guzmán cuenta con varios premios otorgados a su obra: el Premio nacional de novela por El sótano blanco (1971), el Premio del Ateneo Español por sus cuentos (1987), el Premio de periodismo José Pages Llergo (1998), el Premio Nacional de Novela José Rubén Romero, por Los extraños (2000).[1]

Autoinmolación

Para A.G.P.

En este preciso instante, estoy seguro, soy un cadáver cuya carne empieza a descomponerse.

“¡Ah!…”, digo, cuando sé de antemano que no puedo decir nada.
Tengo sueño; se han adueñado de mí unos deseos incontrolables de dormir.

“Dios”, vuelvo a creer que digo.

Siento que me precipito en un abismo. Estoy cayendo. Voy directo al sol. Me atrae hacia él violenta, irremisiblemente. Lo veo crecer más y más. (No comprendo como puedo verlo alistarse para devorarme; suponía que en mi estado no era posible ver…) incluso comienzo a oírlo; creo que si, comienzo a oírlo.

“¡Ay!”, me hago la ilusión de que exclamo.

Pero, algo me ha desviado de mi ruta. El sol, a pesar de que casi me tuvo en sus narices, no pudo atraparme. Lo he dejado atrás. Ya no lo veo. Ahora —en este brevísimo instante que no termina— me pierdo en el infinito.

De vez en cuando descubro una estrella, pero apenas paso, desaparece. Por eso me doy cuenta de que soy yo mismo quien irradia luz; ellas serían y serán, en todo caso, un planeta que la refleja.
Ya no tengo sueño. Me siento muy bien, muy sereno. Y, francamente, no creo que ningún cadáver sea luminoso. Así es que he dejado de serlo.

Ahora soy un sol más en el espacio.

Humberto Guzmán
No. 46, Noviembre 1970
Tomo VIII – Año VII
Pág. 98