Mi vecino

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Sorprendo a mi vecino mirándome desde su ventana; me hace señas para llamar la atención. Me asomo. Como él vive en el edificio de enfrente que separa la calle y en el mismo piso que yo (el 17), me parece muy peligrosa la forma en que está asomado. Parece tan ansioso que saco medio cuerpo fuera de mi ventana, a riesgo también de perder la vida. Me grita a todo lo que da su voz, pero no puedo oírlo. Al fin comprendo que lo que quiere es que tendamos una soga de edificio a edificio (miro con terror hacia abajo) para así poder conversar a gusto. Me tira la soga que agarro con dificultad y la ato a mi ventana. Compruebo que está bastante fuerte pero no me atrevo a pasar. Me grita cobarde. Lleno de amor propio me agarro a la soga y ¡ya me estoy balanceando en el aire! Al llegar al punto medio, voy con los ojos cerrados por el terror que me causa el vacío, tropiezo con sus manos. Lo mismo que yo, él está suspendido sobre el abismo. Se ríe y dice que siga, que no tenga miedo. Llego hasta su ventana y entro. Lo veo a él de nuevo; ahora asomado desde mi ventana. Estamos exactamente igual que al principio.

Luis Lastra
No. 82, Julio-Agosto 1980
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 202

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