El manantial y el río

Un manantial sereno brota libremente en la inmensa llanura, y sus aguas tranquilas van formando un camino, atraviesan contentas los prados, los senderos, la tierra que antes seca se transforma a su paso, y los prados florecen y las aves se alegran, y flota en el ambiente un aroma sutil de perfumes y flores; y el manantial sigue su rumbo libre, pero busca afanoso un lugar no lejano donde vibre gozoso… y de pronto se escucha un murmullo aún distante que estremece la tierra… y el manantial se acerca y el murmullo aumenta; ya se percibe el ruido, es un río imponente, ¡qué fuerza traen sus aguas! ¡qué ruidosas y fuertes!, y el manantial se acerca cada vez más contento, al cabo ha encontrado el fin de su camino, y a la vez… el principio de la gran aventura.

Y en un salto imperioso quedan al fin unidos el Manantial y el Río, y sus aguas se unen transformándose en una… no podrán separarse, estarán siempre unidas, y seguirán su curso, unas veces sereno, y otras muchas envueltos en un fuerte torrente, y tal vez a su paso formarán arroyuelos que se separen de ellos y que al llegar a adultos se transformen en nuevos manantiales y ríos.

Y seguirán su curso, por siempre al infinito, las aguas cristalinas del manantial sereno y del impetuoso río.

María Moguel de Sanz
No. 53, Mayo-Junio 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 110