Vidas paralelas

Amós, profeta escriba, miró el cielo y vio la barca de los muertos.

Hesíodo de Ascras, más modesto, vio una piedra, un río, un hombre trabajando.

Oseas, Miqueas e Isaías se deslumbraron ante el rostro esquivo de Dios.

Arquíloco de Pares y Tirteo de Esparta se entristecieron cada atardecer.

Mimnermo de Colofón dedicó una elegía.

Alemán de Sadres, una oda.

Ya nadie recordaba a Homero.

Protágoras era vituperado y a Polígnoto se lo consideró un joven pedante.

Mo-Ti vio entonces el junco, los pájaros, las nubes.

Mucho más tarde, Sacrobosco imaginó el Tratado de la Esfera.

Ahora ya nadie ignora que la marca del escriba es nada más que un plato volador, que los Trabajos y los Días aluden a los labriegos de Marte que día a día reconstruyen sus valles y llanuras. Y cualquier niño sabe que Mo-Ti, al mirar los juncos y los pájaros, descifra la verdad de todo el universo.

Pedro Orgambide
No. 36, Mayo-Junio 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 409

Anuncios

El vals


Baila, mujer, gira entre los espejos que repiten tu imagen. Baila, amor, deja que tu padre mire el reloj, en vana pretensión de encerrarte en el tiempo. Baila conmigo, mientras el húsar, tu prometido, afina su bigote con un gesto feroz, mientras se acerca a mí con esa mala fiebre de los celos y me arroja su guante. Baila, baila entre los espejos, los abanicos, las mujeres, las columnas, el jarrón de la China, las medallas de los embajadores, los perfumes, los murmullos. Baila con tus quince años apretados a mí, ahora y mañana cuando avance por la niebla del bosque entre esos hombres enlutados y tristes, cuando atraviese con mi sable el corazón del húsar. Baila ahora, mujer, antes de que tu padre se desmorone como el muro que cae por el fuego de la artillería, antes que tu madre sea una mortaja blanca que se pudre en un apacible y bello cementerio al que llevas tus flores. Baila, querida, antes que las otras parejas se conviertan en humo y ya no pueda decirte amor. Baila, baila, porque ya empieza a destrozarse el cortinado, las tapicerías de la casa, ya entran los búhos por la ventana, ya los violines dejan de tocar, ya te mueres, mientras yo, veinte siglos después te recuerdo y te amo, el que baila contigo esta noche, entre los espejos que repiten tu imagen.

Pedro Orgambide
No. 38, Septiembre-Octubre 1969
Tomo VI – Año V
Pág. 605

El incrédulo


Mienten los que dicen que Emiliano Zapata vive todavía. ¡Ni modo, mano, está muerto y bien muerto! ¡Si yo fui uno de los que lo mató! Mienten los que dicen que anda en un caballo blanco por el desierto de Arabia. Puros cuentos, pendejadas, cotorreo de esos viejos que se llenan la cabeza de pulque, de sueños y de pájaros. Se los digo yo: está muerto. A mi no me falla la memoria ni la puntería. Sí, ahorita, de un balazo, puedo acabar con el vuelo de un zopilote de las sierras. Eso de que Emiliano vive es cuento, señor, toda esa historia del caballo blanco…
Así dijo el viejo. Sólo que aquella noche, el incrédulo, vio bajar de las sierras al caballo blanco y su jinete. Sacó su pistola. Pero tarde. El jinete le disparó su 30-30. Se desparramaron en la tierra los pensamientos del incrédulo. Fue así como murió don Buenaventura Salazar, según dicen.

Pedro Orgambide
No 70, Julio-Diciembre 1975
Tomo XI – Año XI
Pág. 398

Pedro Orgambide

Pedro Orgambide

(Buenos Aires, Argentina 1929-2003)

Escritor y periodista argentino. Publicó su primer libro, Mitología de la adolescencia, en 1948, asu vuelta del interior del país, donde había trabajado durante un tiempo como jornalero. Cultivó todos los géneros literarios. Fue periodista, guionista de cine y televisión, libretista, bailarín de tango, profesor de Estética en una escuela de danza, profesor universitario y redactor creativo de publicidad, entre otros oficios. Fundó la revista La Gaceta Literaria, en Argentina, y Cambio, en México, junto a Juan Rulfo, José Revueltas y Julio Cortázar. Su compromiso político lo llevó al exilio en México durante la dictadura militar en Argentina, entre 1974 y 1983, año en que regresó a su país. En 1957 publicó su primera novela, El encuentro. Le seguirían Memorias de un hombre de bien (1964), El páramo (1965), Los inquisidores (1967), El escriba (1996), Aventuras de Edmund Ziller en tierras del Nuevo Mundo (1976, Premio Nacional de Novela de México), Un caballero en las tierras del sur (1997) y Una chaqueta para morir (1998). Publicó varios volúmenes de cuentos, entre otros: Historias con tangos y corridos (1976, Premio Casa de las Américas), La mulata y el guerrero (1986) y Cuentos con tangos (1998). Su contribución al panorama teatral argentino fue importante, con obras como La vida prestada (1959), Concierto para un caballero (1963), Don Fausto (1995) y Se armó la murga (1974). Dentro de su producción ensayística destacan los siguientes títulos: Horacio Quiroga, el hombre y su obra (1954), Crónica de la Argentina(1962), Yo, argentino (1968), Radiografía de Ezequiel Martínez Estrada (1970), Enciclopedia de la literatura argentina (1970), Genio y figura de Martínez Estrada (1985), Gardel y la patria del mito (1985), Ser argentino (1996) y Un puritano en el burdel (1997). Es autor también de una autobiografía titulada Todos teníamos veinte años (1985). En 1997 recibió el Premio a la Trayectoria Artísticadel Fondo Nacional de las Artes argentino.[1]

 

Aunque algunos escritores son más populares que otros, lo cierto es que la literatura argentina ha tenido, desde su origen, numerosos representantes dignos de destacar.

Uno de ellos es, como el título de este artículo lo indica, el autor Pedro Orgambide, un hombre que nació en Buenos Aires el 9 de agosto de 1929.

Este amante de las letras cuya vida se inició, al igual que la de su colega y compatriota Héctor Tizón, el mismo año en el que Roberto Arlt editó “Los siete locos”, debutó como escritor en1948 a través de “Mitología de la adolescencia”.

Con el tiempo, la producción literaria de este argentino que creó obras teatrales, cuentos, novelas y ensayos incluiría títulos como “El encuentro”, “Memorias de un hombre de bien”, “El páramo”, “Un caballero en las tierras del sur”, “La mulata y el guerrero”, “Cuentos con tangos”, “Enciclopedia de la literatura argentina”, “Gardel y la patria del mito” y “Un puritano en el burdel”, entre muchos otros.

Cabe destacar que, entre 1974 y 1983, Pedro Orgambide permaneció en México a causa de la situación política y social en la que se encontraba su país, un territorio que, tiempo después, quedaría marcado para siempre por la dictadura militar.

Respecto a la trascendencia que tuvo este escritor, no se puede dejar de mencionar que el también periodista, guionista, bailarín de tango, profesor y fundador de publicaciones tales como “La gaceta literaria” y “Cambio” acumuló, a lo largo de su trayectoria, una gran cantidad de reconocimientos. El Premio Casa de las Américas, la Fajade Honor concedida por la Sociedad Argentinade Escritores, el Premio a la Trayectoria Artísticadel Fondo Nacional de las Artes y el título de Ciudadano Ilustre de la Ciudadde Buenos Aires son algunas de las distinciones recibidas por este autor que falleció el 19 de enero de 2003.[2]