Paciencia forzada

Son ya muchos los días de estar considerando la magnitud insolente del invierno. Recorriendo las calles pateo el tedio. Mientras maldigo al frío me detengo para mirar los anuncios de una compañía de viajes que promete el trópico, la descansada vida y un grupo de jóvenes mujeres hawaianas que bailan cadenciosamente en una actitud perversamente púdica de “mírame y no me toques”. Siento frío, casi me congelo, luego existo.

Roberto Bañuelas
No 41, Marzo 1970
Tomo VII – Año V
Pág. 256

Roberto Bañuelas
No. 118, Abril-Junio 1991
Tomo XX – Año XXVIII
Pág. 226

Historia de un polígamo perdido

Ya comenzaban a circular las participaciones matrimoniales cuando invitó a su novia a la feria donde se exhibían monstruos y prodigios. Gustaron golosinas y rieron gracejadas; giraron en círculos y volaron como pájaros.

Su regocijo les llevó a la casa de los espejos. Él, polígamo fatal de vocación, caminó espejos adentro abrazando a todas las mujeres iguales a su prometida.

Aunque ella logró salir después de penosas tentativas, él quedó prisionero en un lago de azogue, perdido en un harem de imágenes insatisfechas.

Roberto Bañuelas
No. 118, Abril-Junio 1991
Tomo XX – Año XXVIII
Pág. 185

El insomnio del guerrero

Libré al pueblo de nefastas plagas; ahuyenté las serpientes que invadieron templos y jardines; luché contra los lobos que inquietaban por igual a los rebaños y el sueño de los santos. Pero, ¿cuándo y cómo podré dormir si me paso las noches combatiendo a las pulgas que a diario se multiplican, me atacan y succionan mi sangre de héroe victorioso?

Roberto Bañuelas
No. 94, Septiembre-Octubre 1985
Tomo XIV – Año XXI
Pág. 763

Armónicos disonantes

Dos hermanos, perfectamente gemelos, pasaron del tedio a la densa confusión en que vivían al odio por el extraordinario parecido del que eran accidentales víctimas cromosómicas. Llegaron al extremo de increparse por el espacio que cada uno ocupaba, por enrarecer el aire al respirar o por gastar a los objetos con la mirada. Sin más diferencia que la de sus nombres, un día determinaron anularla en un acto de suicidio que jugaron a la suerte. A la postre nadie supo ni siquiera el sobreviviente, cual de los dos había sido el muerto.

Roberto Bañuelas
No 95, Noviembre-Diciembre 1985
Tomo XV – Año XXI
Pág. 48

Pacto cumplido

Después de una punzada de humana compasión, el gran mago ofreció al rey, mediante un pacto, salvarlo de la terrible enfermedad del tedio de los placeres conocidos.

—Con esta llave abrirás la puerta que conduce al jardín de los placeres ignotos —dijo el mago.

El rey, sometido a una prolongada e intensa tortura de los nuevos placeres, quiso abandonar el lugar; pero el mago, sereno y poderoso, le recordó que en el pacto hubo el compromiso de darle la llave para entrar, mas no la de salir.

Roberto Bañuelas
No. 48, Septiembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 275

Aún vive

Yo le conocía tanto por las deformaciones imitativas como por el libro que en forma de novela ocultaba su verdadera biografía. Me dio pena de verlo con el traje raído y manchado de grasa, hurgando desesperadamente con su viejo bastón entre los montones de basura. Mostrando extrañeza, osé acercarme para tener el honor de cruzar unas palabras con él.

—¡Conde Drácula! ¿Qué hace usted en esta barriada donde abundan las maleantes”

Me miró larga y tristemente, ultrajado —creo— por haber sido reconocido en tan deprobables circunstancias.

—Qué quiere usted, gentil doctor: los reveses de la fortuna y la vejez han destruido mi antigua grandeza, pero no mi antiguo mal. Carente de dinero y fascinación, recurro a este abominable menester de buscar gasas y lienzos ensangrentados con los que preparo infusiones para serenar el torbellino de mi espíritu.

Saqué de mi maletín un frasco de plasma y se lo regalé. Los ojos del Conde se abrillantaron con unas lágrimas inevitables; luego, con voz que la emoción quebraba, musitó la palabra gracias y se alejó con prisa.

Roberto Bañuelas
No. 91, No. de 20 Aniversario – 1984
Tomo XIV – Año XX
Pág. 367

El iniciado

Viajó en húmedas y tibias profundidades. Se sintió pez, ave y estrella. Existía, omnipresente, convertido en la plenitud de una dicha infinita.

Olvidado de su propio nombre, cruzó prodigiosas dimensiones, que lo llevaron a una profundidad azul; luego se sintió proyectado a una región tan luminosa como el día de su nacimiento. Su grito fue la jubilosa respuesta al ser iniciado.

La mujer sonrió al joven, diciéndole: “Ahora descansa, amor mío”

Roberto Bañuelas
No. 44, Julio – Agosto 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 615

Polígamo perdido

Ya comenzaban a circular las participaciones matrimoniales cuando invitó a su novia a la feria donde se exhibían monstruos y prodigios. Gustaron golosinas y rieron gracejadas, giraron en círculos y volaron como pájaros.

Su regocijo los llevó a la casa de los espejos, laberinto donde se multiplicaron en formas, colores y movimientos. Él, polígamo fatal de vocación, caminó espejos adentro abrazando a todas las mujeres iguales a su prometida.

Aunque ella logró salir después de penosas tentativas, él quedó prisionero en un lago de azogue, perdido en un harem de imágenes lucífugas.

Roberto Bañuelas
No. 44, Julio – Agosto 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 615

El gobierno perfecto

Nuestro gobernante —hermoso, prudente y sabio—, inveterado entusiasta en la solución de todos los problemas, alivió nuestra preocupación cuando aceptó terminar con la pública amenaza que constituía el gran hoyo que se había formado en el centro de la ciudad.

Al día siguiente de nuestra visita, un valeroso grupo de trabajadores especializados inició la tarea de cavar un hoyo vecino de las mismas dimensiones, cubriendo con la tierra que sacaban, la oquedad del ya existente.

Mil novecientos setenta veces realizaron la misma operación, logrando con tan sutil procedimiento sacar el hoyo de la ciudad, el cual fue depositado en este profundo remanso del río, mismo en el cual encuentran pasajera tranquilidad nuestras vírgenes insomnes.

Roberto Bañuelas
No 45, Septiembre-Octubre 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 736

Desilusión

—Nos vamos —declaró el jefe de los fantasmas al reportero— porque ya nadie cree en nosotros; porque, sin consultarnos, han vendido los grandes espejos frente a los cuales danzábamos. Nadie nos teme ni nos celebra y, burla sobre insulto, los niños de la casa han intentado prender fuego a las sábanas que forman nuestro vestido ilusorio. En vista de… ¡Adiós!

Roberto Bañuelas
No 45, Septiembre-Octubre 1970
Tomo VII – Año VII
Pág. 721

Último sol

Llegó, arrastrando su juventud, hasta la estación donde cientos de hombres y mujeres organizaban su tedio para esperar al monorriel que los conduciría a otra jornada de monótono trabajo. Miró a sus compañeros —con una tristeza lejana—, sin lograr diferenciarlos de un cúmulo de piezas clasificadas en el mal general de la existencia… Levantó la cara, y forzando la vista al través del cristal de su máscara protectora y de la densa nube de smog que envolvía al territorio, vio al sol que, a esa hora, parecía el dibujo perversamente infantil de una naranja enrojecida.

Sintió tal abismal y amargo el dolor de estar vivo como absurdo el compromiso de seguir viviendo en una dimensión de insensibilidad colectiva: lo último que oyó, antes de desconectar el tubo de su tanque portátil de oxígeno, fue el estrépito del monorriel, que frenó para engullir pasajeros.

Su caso fue uno de tantos que hubo desde 1985.

Roberto Bañuelas
No. 49, Octubre-Noviembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 453

Los adventistas


Nos instalamos con nuestra música en una de las calles más céntricas para impedir el paso de la gente. La multitud creció al ritmo de nuestros cantos y danzas, pero se dispersó con el anuncio que hicimos de lo próximo que está el fin del mundo.

Ahora todos se fingen sordos y pasan de largo, creyendo que así evitarán el advenimiento de la verdad suprema. Pronto se darán cuenta de que estas trompetas que portamos no son de adorno.

Roberto Bañuelas
No. 90, 1984
Tomo XV – Año XIX
Pág. 248

Ars longa, vita brevis

Durante medio siglo representó en radio, teatro, y cine (posteriormente en televisión), el personaje de la joven seducida. En todos sus años —químicamente floridos— celebró cada uno de los éxitos con fiestas que iban del té crepuscular a la gran cena; del gran ceremonial de la orgía romana a la solemnidad del nudismo griego. Pero nunca celebró ningún cumpleaños.

Roberto Bañuelas
No. 46, Noviembre 1970
Tomo VIII – Año VII
Pág. 65

La otra orilla

Alguna vez, extenuado y perdido, tuvo que arrastrarse sobre un desierto quemante; otra, sentía la más lacerante impotencia para luchar contra un mar embravecido, o se asfixiaba precipitado al vacío de una noche densa en la que no terminaba de caer. Una tarde se vio a sí mismo caminando en busca del crepúsculo, hasta llegar a un lago tranquilo en cuya orilla se mecía una barca a la cual, por invitación de un remero traslúcido que lo llamó por su nombre, subió para ser conducido a una región de infinita serenidad…

Roberto Bañuelas
No. 46, Noviembre 1970
Tomo VIII – Año VII
Pág. 65

La cantante inconforme

Mientras se arreglaba el maquillaje para el siguiente acto, Rinalda, soprano con bellos ojos y fea voz, lamentaba con amargura las exigencias de la profesión: “Cada vez lo mismo. La maldita cosa es como una pesadilla, querido: si tienes éxito, debes volver a tenerlo, y si no lo tienes, mejor te vas a tu casa a tejer, cuidar los perros…, cuidar al marido…”

Roberto Bañuelas
No 41, Marzo 1970
Tomo VII – Año V
Pág. 256

Fin de semana

Nos pasamos la noche bebiendo y discutiendo la existencia de Dios. Antes del alba, cuando el licor y el tema estaban casi agotados, nuestro amigo Fausto se levantó —con el cansancio y la embriaguez a cuestas— y dijo que se iba a dormir.

Momentos después oímos cómo, desde las caballerizas, alguien partía a todo galope contra el viento de la madrugada. Nos acercamos a la ventana y vimos que el jinete era Fausto, cabalgando en dirección a las montañas.

Ha transcurrido más de un año y nada hemos sabido de él; desgraciadamente, el caballo (que no era suyo) tampoco a regresado a traer noticias.

Roberto Bañuelas
No 41, Marzo 1970
Tomo VII – Año V
Pág. 256