El secreto

El caracol de Quechuícuí se formó para hacer feliz a la gente; a los dueños de las manos que pudiesen acariciar su caparazón. Es de una especie tan rara que apenas fue bautizado por el viejo Azue en el punto más verde del Chumbayel, donde hasta los murciélagos se alimentan de alcohol con sueños, y donde la vieja compañera de Azue se deja desenrrollar las arrugas con los besos y caricias de su EL.

Ambos callan su secreto. ¿Quién iba a creerles que el caracol de Quechícuí nació de esas caricias, de esas canas?; ¿Quién les iba a creer que todavía disfrutan haciendo el amor?

Los viejitos se acoplan y se acoplan para seguir haciendo caracolitos que rueden en los ríos para dar felicidad a los hombres.

Yo soy uno de ellos y todavía espero la mano que ha de acariciarme.

Rosalía Martín del Campo y Souza
No. 102, Abril-Junio 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 170

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