A propósito de Alisdair Bishop

Leyendo un cuento donde un señor era devorado una noche por ratones, pegué un respingo en la cama: Furtivas y amenazantes, las cucarachas corrían de un extremo al otro de mi cuarto. “No seré otro” —dije— y me fui a dormir al hotel de enfrente.

Por la mañana bajé a presentarme al conserje. —¡Ya he oído de usted…! dijo escrutándome maliciosamente desde su afilado rostro de cucaracha.

Se lo conté a mis amigos. Se rieron con risillas chillonas y me obligaron a desafiar la ficción.

“Pues aquí me tienen; esperando como todas las noches.”

Rubén Darío César
No. 58, Abril-Mayo 1973
Tomo IX – Año X
Pág. 668

Círculo y diámetro

Resistí el ataque, moviéndole desesperadamente. El horror que dominaba mis sentidos, luchaba en la penumbra de la habitación con el brillo de las fauces, el furor de los ojos. El dolor de las dentelladas aumentó mis fuerzas. Gemí. ¡Es un sueño! Y desperté

La vigilia era tan atroz como el sueño (o a resultas de él); voraces ratas se disputaban mi cuerpo. Grité: ¡Es un sueño! Y desperté.

Con los ojos vendados y ante la última voluntad de mi verdugo murmuré:

¡Es un sueño!

Rubén Darío César
No. 58, Abril-Mayo 1973
Tomo IX – Año X
Pág. 648