Esperanza

Después de bregar años y años por desfiladeros y precipicios, sufriendo multitud de penalidades y burlando la muerte una y mil veces, llegó a la orilla de aquel río de aguas turbulentas y formidables, las tocó con su vara y éstas se abrieron formando dique a derecha e izquierda; cruzó sin problemas y llegó a aquel país maravilloso; sin guerras injustas, sin abortos, sin crímenes nefandos, sin smog, sin ruidos de escapes y motores, sin carreras precipitadas, sin vendedores ambulantes, sin política, sin líderes ni dictadores, sin… iba a lanzar un grito de alegría, pero alguien le tocó en el hombro y le dijo: “Silencio, has cruzado el río que separa la vida de la muerte”.

Salvador Castañeda Pérez
No. 56, Diciembre 1972 – Enero 1973
Tomo IX – Año IX
Pág. 439

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Tántalo

Tántalo, encadenado por los siglos y los dioses, moría entre gemidos de sed y de fatiga, haciendo siempre el esfuerzo inútil de alcanzar el agua… hasta que un día un hombre levantó una pequeña casa cerca de su sitio, y puso un puesto de coca-cola.

Salvador Castañeda Pérez
No. 56, Diciembre 1972 – Enero 1973
Tomo IX – Año IX
Pág. 408

Curiosidad

Cansado el hombre de vagar en la oscuridad en pos de su origen, inventando teorías absurdas e historias ridículas, decidió hacer una máquina que lo condujera a su lejano principio. Gigantesca y complicada, con infinidad de botones y grandes pantallas, la máquina, pronto estuvo terminada y lista para cumplir su cometido. Imprudente y curioso como sus parientes los grandes monos, el hombre entró a la cabina, se colocó en la plataforma, apretó el botón de los años, seis siglos atrás, bajó la palanca y giró en redondo; de pronto se encontró en plena edad media, colorida y pintoresca, pletórica de frailes y señores feudales, valientes caballeros, hermosas damas y campesinos miserables. Vio que eso estaba muy cerca de su actualidad y decidió volver; de nueva cuenta manipuló la complicada máquina, apretó el botón de los años, esta vez siete milenios atrás, bajó la palanca y se ahogó en el diluvio universal.

Salvador Castañeda Pérez
No. 47, Julio-Agosto 1971
Tomo VII – Año VIII
Pág. 186

Ejecución

Con gesto de profundo desdén, la duquesa de Montserrat oyó la lectura de su sentencia: “… y bajo el cargo comprobado de conspiración contra el gobierno establecido, este tribunal declara culpable a la acusada, y la condena a la horca. Pero por consideración a su persona, y por ser la madre de nuestro digno gobernante, se le da opción para que escoja la cuerda con que ha de ser ejecutada”. La duquesa, sin decir una palabra, ni dignarse mirar a sus verdugos, anotó, en un papel dado para el caso, que deseaba ser ahorcada con los intestinos de su hijo…

Salvador Castañeda P.
No. 57, Febrero-Marzo- 1973
Tomo IX – Año IX
Pág. 517

Sentencia

Miles de representantes uno por cada galaxia y constelación: Osa Mayor, Seyfert, Hércules, Caballería de Berenice, Vía Láctea… hasta de la lejana Casiopea vino un representante. Punto de reunión: el colorido planeta de Alvén, en la constelación de Unicornio.

Tomaron asiento y el juicio dio comienzo. La discusión era mental y las computadoras dirigían los mensajes imagenizados a todos los planetas del universo.

Dictaron su sentencia: “Culpable. Tiene el pecado original. La Tierra será destruida”.

Salvador Castañeda Pérez
No. 52, Abril 1972
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 742

El juicio

Estaban reunidos miles de millones en aquel grandísimo valle. De pronto un ángel tocó la trompeta y todos guardaron el más absoluto de los silencios. Oyó una potentísima voz que lo llamaba por su nombre y mudo de espanto se acercó al tribunal, sin atreverse a mirar el resplandeciente trono. De pronto tropezó con el peldaño y cayó de bruces paralizado por el terror. De nuevo oyó la voz, esta vez muy cerca de él: “Si, ya van dos noches seguidas que se cae de la cama, doctor.”

Salvador Castañeda Pérez
No. 48, Septiembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 335

Relato

Se arrellanó en un mullido sillón, y comenzó a contar: “Sí, allá existe un monstruo devorador de hombres, un monstruo causante de la degradación físico-biológica más espantosa. Se pasea impunemente por las calles, se mete a los cines, teatros, casas particulares. Nadie hace nada para detenerlo. Todos lo miran, o mejor dicho, no lo miran, porque ciega los ojos, la memoria, ensordece, idiotiza. Los hombres, en agradecimiento, lo han bautizado con un nombre extranjero, para que suene más elegante: Smog…”

Salvador Castañeda Pérez
No. 49, Octubre-Noviembre 1971
Tomo VIII – Año VIII
Pág. 455

Tentación

Siempre sentí una terrible tentación de abrir aquella puerta. ¡Cuánto tiempo sin abrirla! Toda la vida. Nunca encontraba el momento apropiado, y si lo encontraba, en el instante de abrirla sentía temor y retiraba las manos. Muchas veces escuchaba a través de ella gritos horripilantes, en las noches de luna llena. Golpes terribles en los años bisiestos. Cantos hermosísimos en las fiestas de diciembre. Voces melodiosas los fines de semana. Con ansiedad extrema, un día, por fin…

—La abriste.

—No. Descubrí que era un reflejo de la puerta de la calle en el espejo del fondo.

Salvador Castañeda Pérez
No. 46, Noviembre 1970
Tomo VIII – Año VII
Pág. 73