Curioso

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Cuando alguien muere, sus recuerdos y experiencias son concentrados en una colosal computadora, instalada en un planeta invisible. Allí queda la historia íntima de cada ser humano, para propósitos que no puede revelar.

Enfermo de curiosidad, el diablo ronda alrededor de ese planeta.[1]

Edmundo Valadés
No. 131, Octubre-Diciembre 1995
Tomo XXVI – Año XXXI
Pág. 77


[1] El cuento No. 131,repite el mismo texto que en la página 57, aparece con el nombre “Memoria”

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Romance

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El Duque de York, hermano de George III, vino a Mónaco en su yate y cayó gravemente enfermo. Pidió al príncipe reinante si podía albergarlo y éste accedió, pero se negó a recibir a la querida que traía a bordo. Ella tomó una casa en Roquebrune y cada día iba a un sitio a ver si la bandera seguía ondeando en palacio. Un día la vio a media asta y supo que su amante había muerto. Se arrojó al mar.

W. Somerset Maugham
No. 131, Octubre-Diciembre 1995
Tomo XXVI – Año XXXI
Pág. 75

Antes… ayer

Un día despertó, estiró los brazos y vio a su lado una mujer que no le era del todo desconocida. Se levantó, y mientras el agua y el jabón le bajaban por su asombro, pensaba…

—Apúrate papá, voy a llegar tarde a la universidad.

Es mi hija —se dice en voz alta— y siente que la vida le ha jugado sucio.

Juan Ramírez
No. 131, Octubre-Diciembre 1995
Tomo XXVI – Año XXXI
Pág. 73

Edad media

Milena despertó sobresaltada; con desmesura pretendía definir, sin conseguirlo, las sombras de la noche.

Otra vez la misma pesadilla del vivir extemporáneo, aquel sueño que la perseguía desde su niñez. Se vistió entre tumbos y atropellos para salir de su habitación. La antorcha que sostenía en alto iluminaba levemente el corredor: comenzó a caminar, a hurgar en todos los rincones del castillo; del torreón a las mazmorras, de la capilla a la atalaya. Bajó hasta la explanada y desde el cerco amurallado miró el foso, resguardo ideal de su integridad.

Todo estaba intacto, igual que los días, que los meses, que los años anteriores. Poco a poco se tranquilizó; volvió a sentirse dueña absoluta de su tiempo, de su feudo. Desanduvo la ruta recorrida con el silencio nocturno tras de sí, quebrantando únicamente por el roce de la saya al caminar. Se recostó y se quedó dormida.
Afuera, sólo el siglo XX…

Rocío Santamaría Ambriz
No. 131, Octubre-Diciembre 1995
Tomo XXVI – Año XXXI
Pág. 65

Juan Rulfo

Juan Rulfo

Juan Rulfo

(Sayula, México, 1918 – Ciudad de México, 1986)

 Escritor mexicano. Juan Rulfo creció en el pequeño pueblo de San Gabriel, villa rural dominada por la superstición y el culto a los muertos, y sufrió allí las duras consecuencias de las luchas cristeras en su familia más cercana (su padre fue asesinado). Esos primeros años de su vida habrían de conformar en parte el universo desolado que Juan Rulfo recreó en su breve pero brillante obra.

En 1934 se trasladó a Ciudad de México, donde trabajó como agente de inmigración en la Secretaría de la Gobernación. A partir de 1938 empezó a viajar por algunas regiones del país en comisiones de servicio y publicó sus cuentos más relevantes en revistas literarias.

En los quince cuentos que integran El llano en llamas (1953), Juan Rulfo ofreció una primera sublimación literaria, a través de una prosa sucinta y expresiva, de la realidad de los campesinos de su tierra, en relatos que trascendían la pura anécdota social.

En su obra más conocida, Pedro Páramo (1955), Rulfo dio una forma más perfeccionada a dicho mecanismo de interiorización de la realidad de su país, en un universo donde cohabitan lo misterioso y lo real, y obtuvo la que se considera una de las mejores obras de la literatura iberoamericana contemporánea.

Rulfo escribió también guiones cinematográficos como Paloma herida (1963) y otra novela corta magistral, El gallo de oro (1963). En 1970 recibió el Premio Nacional de Literatura de México, y en 1983, el Príncipe de Asturias de la Letras[1].

El viaje

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Pobre de ella. Se ha de haber sentido abandonada. Nos hicimos la promesa de morir juntas. De irnos las dos para darnos ánimo una a la otra en el otro viaje, por si se necesitara, por si acaso encontráramos alguna dificultad. Éramos muy amigas.

Juan Rulfo
No. 131, Octubre-Diciembre 1995
Tomo XXVI – Año XXXI
Pág. 59

Informe

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Cuando Forun compró Una rosa para Emily, Faulkner proporcionó la siguiente información sobre sí mismo, a principios de 1930: “Nacido macho y soltero a temprana edad en Mississippi. Dejó la escuela al cabo de cinco años en el séptimo grado. Consiguió empleo en el banco del abuelo y aprendió el valor medicinal de su licor. El abuelo creyó que lo había hecho el conserje. Éste fue tratado severamente. Vino la guerra. Le gustó el uniforme británico. Se alistó a la comisión R. F. C. como piloto. Se estrelló. Costó 2,000 libras esterlinas al gobierno británico. Desistió. Costó 84.30 dólares al gobierno británico. Dijo el Rey: “Bien hecho”, regresó a Mississippi. La familia le consiguió un empleo: administrador de correos. Dimitió por acuerdo mutuo por parte de dos inspectores, acusado de arrojar todo el correo recibido a la basura. Nunca se comprobó cómo dispuso del correo saliente. Los inspectores se llevaron un chasco. Cobró 700 dólares. Marchó a Europa. Conoció a un hombre llamado Sherwood Anderson. Dijo: ¿Por qué no escribir novelas? A lo mejor no tengo que trabajar. Lo consiguió. Soldier´s Pay. Lo consiguió. Mosquitoes. Lo consiguió. Sanctuary, que aparecerá el año próximo. Actualmente vuela de nuevo. 32 años de edad. Posee una máquina de escribir que maneja él mismo.

W. Faulkner
No. 131, Octubre-Diciembre 1995
Tomo XXVI – Año XXXI
Pág. 60

Memoria

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Cuando alguien muere, sus recuerdos y experiencias son concentrados en una colosal computadora, instalada en un planeta invisible. Allí queda la historia íntima de cada ser humano, para propósitos que no se pueden revelar.
Enfermo de curiosidad, el diablo ronda alrededor de ese planeta.

Edmundo Valadés
No. 131, Octubre-Diciembre 1995
Tomo XXVI – Año XXXI
Pág. 57