De belleza

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El gran Federico tenía la costumbre de mandar darles azotes a las actrices. Opinaba que la flagelación comunica a su tez un color sonrosado que no carece de atractivos.

Guillaume Apollinaire
No. 15, Septiembre- Octubre 1965
Tomo III – Año II
Pág. 198

Ideal femenino

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Para el que no sea matemático, las deducciones de la teoría de la relatividad son incomprensibles; oíd, si no: suponed un hombre viajando a la velocidad de 161,000 millas por segundo; si extiende su brazo horizontalmente, verá que tiene 30 pulgadas de largo; más si lo eleva verticalmente, y si le fuera posible medirlo, comprobaría que se había acortado l5 pulgadas. Si la velocidad aumenta, la contracción será más grande; y si llegase a adquirir la velocidad de la luz, se acabaría toda dimensión, e igualmente se acabaría el tiempo; el viajero que caminara con la velocidad de la luz, no envejecería un segundo, por la sencilla razón de que no ha transcurrido el tiempo.

Pedro C. Sánchez
No. 15, Septiembre- Octubre 1965
Tomo III – Año II
Pág. 196

Génesis Hindú

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Él tuvo este pensamiento “He aquí, pues, mundos: voy a crear guardianes de estos mundos”. Así, Él sacó de las aguas y formó un ser revestido de cuerpo. Él lo vio y la boca de este ser así contemplado, se abrió como un huevo; de la boca salió la palabra; de la palabra procedió el fuego. Las narices se dilataron; por las narices pasó el soplo de la respiración; por el soplo de la respiración se propagó el aire. Los ojos se abrieron; de estos ojos salió un rayo luminoso; este rayo luminoso produjo el sol. Las orejas se dilataron; de estas orejas provino el oído, del oído las regiones del espacio. La piel se dilató; de la piel salió el pelo; del pelo fueron hechas las hierbas y los árboles. El pecho se abrió; del pecho procedió el espíritu y del espíritu la luna. El ombligo se dilató, del ombligo provino la deglución; de ésta la muerte. El órgano de la generación apareció; de éste órgano se derramó la simiente productiva; de allí derivaron su origen las aguas.

El Etareya A’ran’ya, en LOS VEDAS
No. 15, Septiembre- Octubre 1965
Tomo III – Año II
Pág. 180

Por qué enloqueció Don Quijote

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Don Quijote (que todavía se llamaba Alonso Quijano) iba a casarse con Dulcinea del Toboso. La noche anterior a la boda de la novia le mostró su ajuar, en cada una de cuyas piezas había bordado un monograma. Cuando el caballero, que era en extremo sensible, leyó aquellas tres iniciales atroces, perdió la razón.

Marco Denevi
No. 15, Septiembre- Octubre 1965
Tomo III – Año II
Pág. 178

Paolo y Francesca

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No están en el infierno por adúlteros (Dante, Infierno, V). Se amaban, es cierto. Pero rechazaron la alternativa del pecado, la vergüenza, el inevitable hastío. Eligieron la muerte. No podían suicidarse. El suicidio los condenaría, los separaría por toda la eternidad. Idearon otro plan: obligar a Gianciotto (el marido de Francesca) a que los matase. Empezaron: multiplicaban en su presencia las miradas de complicidad, los suspiros, los rubores. Gianciotto, que era celosísimo, cayó en la trampa. Una noche lo esperaron en la alcoba de Francesca. Sabían que los vigilaba. Cuando oyeron sus pasos, copiaron la figura de los adúlteros, se tomaron de las manos, por primera vez se besaron. Gianciotto entró (ellos, temblando, cerraron los ojos) y los mató. Dios los condenó, a causa de ese crimen de Gianciotto, a un infinito acoplamiento en el segundo círculo del infierno.

Marco Denevi
No. 15, Septiembre- Octubre 1965
Tomo III – Año II
Pág. 178

Jehová

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Walter B. Jehová —lo lamento por él, porque era su verdadero nombre, fue un solipcista durante toda la vida. Un solipcista, por si no lo saben, es aquel que cree que sólo él existe y que los demás y el universo en general nada más existen en su imaginación, y que si dejara de imaginárselos, desaparecerían.

Un día, Walter B. Jehová se volvió solipcista activo. Al cabo de una semana su mujer huyó con otro hombre, perdió su empleo y se quebró una pierna al perseguir un gato negro, para impedir que se atravesara en su camino.

Tendido en la cama del hospital, decidió poner fin a todo aquello.

Mirando fijamente las estrellas a través de la ventana, quiso que desaparecieran: dejaron de existir. Luego deseó que todos los demás hombres se fueran, y reinó en el hospital un silencio insólito, incluso para un hospital. Siguió el mundo, y se encontró suspendido en el vacío. Se desprendió del cuerpo fácilmente, y franqueó el paso final, deseando que él mismo dejara de existir.

No pasó nada.

—Qué raro —pensó—, ¿acaso existe un límite al solipcismo?

—Si —dijo una voz.

—¿Quién eres?, —preguntó Walter B. Jehová.

—Soy el que creó el universo que acabas de hacer desaparecer. Y ahora que has ocupado mi lugar —se detuvo para suspirar profundamente—, puedo al fin acabar con mi propia existencia, encontrar el olvido y dejarte que continúes con mi trabajo.

—Pero… ¿cómo puedo, yo, dejar de existir? Es precisamente lo que más quiero.

—Sí ya lo sé —dijo una voz—. Deberás proseguir en el camino que yo también anduve. Crea un universo. Espera que alguien en tu universo crea lo que tú has creído y quiera también dejar de existir. Sólo entonces podrás retirarte y dejárselo todo a él. Y ahora. Adiós.

Y la voz se calló.

Walter B. Jehová estaba solo en el vacío y sólo podía hacer una cosa. Creó los cielos y la tierra.

Lo que le tomó siete días.

 

Fredric Brown
No. 15, Septiembre- Octubre 1965
Tomo III – Año II
Pág. 177

De L’osservatore

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A principios de nuestra era, las llaves de San Pedro se perdieron en los suburbios del Imperio Romano. Se suplica a la persona que las encuentre, tenga la bondad de devolverlas inmediatamente al Papa reinante, ya que desde hace más de quince siglos, las puertas del Reino de los Cielos no han podido ser forzadas con ganzúas.

Juan José Arreola, en PROSODIA
No. 15, Septiembre- Octubre 1965
Tomo III – Año II
Pág. 174

Mi primer amor

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Tenía trece años.

Ella era encantadora.

¡Qué digo encantadora! Era una de las mujeres más bonitas de París.

Pero de eso yo no me daba cuenta. Yo la encontraba bonita, ocurría que lo era extremadamente. Esto no era más que una coincidencia.

…Tenía un sonrisa adorable y ojos acariciadores.

Y voy a preguntarme, ¿Por qué la he amado?

…Soñaba con ella.

¿Decírselo?

Antes la muerte.

Probárselo.

Hacer economías durante toda la semana y cometer una locura el domingo siguiente. Hice estas economías y cometí esta locura. ¡Ocho francos! Un enorme ramo de violetas. ¡Era magnífico! Era el más bello ramo de violetas que se haya visto nunca. Me hacían falta las dos manos para llevarlo.

Mi plan: llegar a su casa a las dos y solicitar verla.

La cosa no fue fácil. Estaba ocupada. Insistí. La camarera me condujo al gabinete.

Se estaba peinando para salir. Entré con el corazón en un brinco.

—¡Hola pequeño! ¿Para qué quieres verme?

No se había vuelto aún. No había visto todavía el ramo; no podía comprender.

…—Para esto, señora.

Y le tendí mis ocho francos de violetas.

¡Oh, qué bonitas!

Me pareció que la partida estaba ganada. Me había aproximado a ella, temblando. Cogió entre sus manos mi ramo como se coge la cabeza de un niño y lo llevó a su bello rostro como para besarlo.

—¡Y huelen bien!

Luego, añadió despidiéndome:

—Dale las gracias de mi parte a tu papá.

 

Sacha Guitry
No. 15, Septiembre- Octubre 1965
Tomo III – Año II
Pág. 170

La gran duda

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Nadie tiene seguridad fuera de la fe, de si está despierto o si duerme; visto que durante el sueño no se cree menos firmemente estar despierto, que cuando se está despierto efectivamente… De modo que, si la mitad de la vida se pasa durmiendo por propia confesión… ¿quién sabe si esa otra mitad de la vida en que creemos estar despiertos, no es un sueño un poco diferente del primero, del que despertamos cuando creemos dormir?

Pascal
No. 15, Septiembre- Octubre 1965
Tomo III – Año II
Pág. 166

Físicos

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Afirman que las cosas inferiores tienen dos principios físicos, a saber, el Sol como padre y la Tierra como madre. Sostienen que el aire es una porción impura del cielo y que todo el fuego procede del sol. El mar es el sudor de la tierra y el efluvio de la tierra ardiente y fundida en sus entrañas, así como también el vínculo entre los espíritus y el cuerpo de los seres animados. Creen que el mundo es un animal grande y que nosotros vivimos en su vientre, como los gusanos viven en el nuestro.

Tommaso Campanella, en “La ciudad del sol”
No. 15, Septiembre- Octubre 1965
Tomo III – Año II
Pág. 162

Los amantes

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Aristófanes explica el anhelo de los amantes con una parábola acerca del origen de los sexos. Dice que el masculino proviene del sol, el femenino de la tierra; pero que originalmente hubo seres hermafroditas de fuerza titánica y facultades fabulosas, que pertenecían a la luna. Zeus, temiendo su fuerza, cortó a estos andróginos en dos mitades, en seres masculinos y femeninos. Y afirma Aristófanes que el amor no es otra cosa que la nostalgia de los seres incompletos por la otra mitad. Que no es la avidez del placer carnal lo que une a los amantes, sino el anhelo inconsciente de su alma hacia la unidad superior de los tiempos pasados.

Walter Muschg, en “Historia Trágica de la literatura”
No. 15, Septiembre- Octubre 1965
Tomo III – Año II
Pág. 161

Destino

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El misterio de la naturaleza… está expresado en su totalidad en la forma humana. El hombre ha sido producido desde el fondo del más remoto pasado del planeta; lleva en sí, como su propio destino, todo el destino del planeta, y junto con éste, el destino del universo infinito… La historia entera del mundo dormita en cada uno de nosotros.

H. Teffens
No. 15, Septiembre- Octubre 1965
Tomo III – Año II
Pág. 152

El autor

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Temporada 1950.

Cae el telón en el quinto acto:

“El burgués ennoblecido”. La sala, atiborrada de público, se estremece con los aplausos. Es un clamor, semejante a una tormenta. Los actores, hasta los más humildes, se deshacen en genuflexiones. De pronto, suena un grito en galería:

—¡El autor! ¡El autor a escena!

Aparece Moliere, sudoroso y enrojecido, y los aplausos se redoblan.

Francisco Tario, en Tapioca Inn
No. 15, Septiembre- Octubre 1965
Tomo III – Año II
Pág. 151