La puerta de la desgracia

4 - Copy

23 top

La espada ardiente me roía las cejas y me penetraba en los ojos doloridos. Entonces todo vaciló. El mar cargó un soplo espeso y ardiente. Me pareció que el cielo se abría en toda su extensión para dejar que lloviera fuego. Todo mi ser se distendió y crispé la mano sobre el revólver. El gatillo cedió, toqué el vientre pulido de la culata y allí, con el ruido seco y ensordecedor, todo comenzó. Sacudí el sudor y el sol. Comprendí que había destruido el equilibrio del día, el silencio excepcional de una playa en la que había sido feliz. Entonces, tiré aún cuatro veces sobre el cuerpo inerte en el que las balas se hundían sin que se notara. Y era como cuatro breves golpes que daba en la puerta de la desgracia.

Albert Camus, en EL EXTRANJERO
No. 4, Agosto -1964
Tomo I – Año I
Pág. 86

Albert Camus
No. 23, Mayo 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 428

Anuncios

Error espeluznante

23 top

Hay cosechas disparatadas como la del agricultor aquel que, debido a un espeluznante error del que seleccionaba las semillas, vio su granja materialmente cubierta de altos, silenciosos y estériles postes de telégrafo.

Francisco Tario
No. 23, Mayo 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 466

De amor

23 top

131 top
…Y me volví hacia ella, con una emoción infinita, bienhechora. Supe diáfanamente cómo me gustaba con esa su sedante ternura, con esa su suave y tranquila actitud y cómo en sus ojos y en sus labios, en la expresión de su rostro tomaba forma lo más deseado para mí en el mundo. Ella estaba compartiendo lo que empezaba a suceder, lo que ya presentíamos a través de intensas miradas, lo que nos habían expresado implorantes estrechamientos de manos, con temblor de palabras alucinadas y nerviosas, en un despertar indolente, imprevisto, y ya fiebre ardorosa, urgente llamado mutuo que se nos salía por los poros. La atraje hacia mí, la enlacé, ávido de su boca, de sus labios y nos besamos en irresistible entrega, en cesión total al beso que derrumba la vergüenza y germina el deseo original y avasallador, embargado de felices calosfríos. Ella era en mi abrazo un rumor palpitante de carne, rendida, dócil, cálida, que yo extenuaba en amoroso y tenaz apretón de todo mi ser y capaz de anticiparme el prodigio de una posesión que abarcaba, con su sexo, a toda ella, a su invariable enigma de mujer, a sus más recónditos misterios y entrañas, a ese mundo sorprendente y tibio que era ya mi universo, a sus voces íntimas, a su vida entera, a su alma, a su pasado, a su niñez, a sus sueños de virgen, a su carne en flor, a sus pensamientos, en delicioso afán de apropiármela íntegra y fundirla a mi cuerpo y a mi vida para siempre.

Edmundo Valadés
No. 23, Mayo 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 463

Edmundo Valadés
No. 131, Octubre-Diciembre 1995
Tomo XXVI – Año XXXI
Pág. 114

Dueños del viento

23 top

En la antigüedad hubo una familia de Corinto que gozaba de la reputación de poder acallar el viento huracanado, pero no sabemos qué método empleaban sus miembros para función tan útil, que probablemente les granjeaba una recompensa más sólida que la simple reputación entre la población marinera del Istmo. Aún en la época cristiana, bajo el reinado de Constantino, un tal Sotaper fue condenado a muerte en Constantinopla por el delito de atar los vientos con su magia, pues aconteció que los barcos que llevaban grano a Egipto y Siria fueron detenidos lejos de la costa por calmas o vientos contrarios, lo que causó despecho y rabia en el populacho bizantino hambriento.

Sir James George Frazer
No. 23, Mayo 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 459

Andrómeda

23 top

Nunca el dragón estuvo con mejor salud y más entonado que la mañana en que Perseo lo mató. Se dice que Andrómeda comentó después con Perseo la circunstancia: se había levantado tranquilamente, con muy buen ánimo, etcétera. Cuando le referí esto a Ballard, se lamentó de que ese rasgo no figurara en los clásicos. Lo miré y le dije que yo también era los clásicos.

Samuel Butler
No. 23, Mayo 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 452

La vuelta del maestro

23 top

Desde sus primeros años, Migyur —tal era su nombre— había sentido que no estaba donde tenía que estar. Se sentía forastero en su familia, forastero en su pueblo. Al soñar, veía paisajes que no son del Ngari: soledades de arena, tiendas circulares de fieltros, un monasterio en una montaña; en la vigilia, estas mismas imágenes velaban o empañaban la realidad.

A los diecinueve años huyó, ávido de encontrar la realidad que correspondía a esas formas. Fue vagabundo, pordiosero, trabajador, a veces ladrón. Hoy llegó a esta posada, cerca de la frontera.

Vio la casa, la fatigada caravana mogólica, los camellos en el patio. Atravesó el portón y se encontró ante el anciano monje que comandaba la caravana. Entonces se reconocieron: el joven vagabundo se vio a sí mismo como un anciano lama y vio al monje como era hace muchos años, cuando fue su discípulo; el monje reconoció en el muchacho a su viejo maestro, ya desaparecido. Recordaron la peregrinación que había hecho a los santuarios del Tíbet, el regreso al monasterio de la montaña. Hablaron, evocaron al pasado; se interrumpían para intercalar detalles precisos.

El propósito del viaje de los mongoles era buscar un nuevo jefe para su convento. Hacía veinte años que había muerto el antiguo y que en vano esperaban su reencarnación. Hoy lo habían encontrado.

Al amanecer, la caravana emprendió su lento regreso. Migyur regresaba a las soledades de arena, a las tiendas circulares y al monasterio de su encarnación anterior.

Alexandra David-Neel
No. 23, Mayo 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 449

El país inmutable

23 top
Los libros mágicos describen el infierno, diciendo que es el lugar donde no existe ya el sentimiento, el fondo del interior, el lugar donde no está la bendición, la tumba, el templo temido, infierno al cual bajaban todos los muertos, en él no había premios ni castigos, las tristezas del país inmutable eran iguales para todos.

Rawlinson
No. 23, Mayo 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 442

Babilonia

23 top

Como lo que se verifica en el cielo se reflejaba acá en la tierra, y como los dioses cósmicos tenían sus amores, no tardó en bajar el amor al mundo. El Sol, Bel o Tammuz, estaba apasionado por Militta, y la vegetación y los seres animados fueron considerados como el producto de la unión de esta suprema pareja. El amor bajó del cielo imponiéndose como la ley divina. El goce terrenal fue sólo un reflejo de la concupiscencia suprasensible del Universo.

Pompeyo Gener
No. 23, Mayo 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 440

El caos

23 top

Ya su teogonía, según cuenta Beroso, enseñaba que la Creación fue precedida de un tiempo en que todo eran tinieblas y agua, y que en el seno de esta agua nacieron espontáneamente infinidad de seres irregulares, cada uno de los cuales tenía miembros de otro; habíalos con dos cabezas, una de hombre y otra de mujer; con los dos sexos; cuadrúpedos de cuatro alas; hipocentauros; toros con cabeza humana; perros con cuatro cuerpos y cola de pescado; caballos cinecéphalos; serpientes con cabeza de hombre; en fin, la confusión de las formas reinaba en el seno del Caos. Y presidía este desorden universal una mujer llamada Omorca.

Córtola Bel en dos pedazos para establecer el orden, y la mitad superior transformóse en la luna y el cielo estrellado, y de la inferior salió la tierra y el mar. Los monstruos que en su seno vivían se desvanecieron. Bel entonces hizo brotar sangre de su cabeza y virtiéndola sobre la tierra, creó los hombres, los cuales, como salidos de su cabeza, tuvieron la inteligencia divina. Dividió luego las tinieblas, y los seres tenebrosos, no pudieron soportar la luz, murieron. Luego ordenó la creación, y desde entonces brilla resplandeciente en el espacio.

Pompeyo Gener
No. 23, Mayo 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 438

Hija inmortal

23 top

Epaminondas no contrajo matrimonio. Y como Pelópidas, que tenía un hijo mal reputado, le arguyese que perjudicaba a su patria privándola de su descendencia: “Cuida —le contestó—, de no perjudicarla tú mucho más legándole semejante vástago. Porque verdaderamente no ha de faltarme familia, ya que dejo una hija, la batalla de Leuctra, que no sólo habrá de sobrevivirme, sino que por fuerza ha de ser inmortal”.

Cornelio Nepote
No. 23, Mayo 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 434

Buscando piedad

23 top

En ocasiones se apela a la piedad de los dioses para que llueva. Cuando sus mieses están agostándose por la solana, los zulúes buscan un “pájaro celestial”, lo matan y lo arrojan a una charca. Después el cielo se apiada con terneza por la muerte del pájaro y “llora por él, lloviendo y llorando una plegaria funeral”.

Sir James George Frazer
No. 23, Mayo 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 382

La estatua

23 top

Cada día deja la basa en que está y por estos corredores y galerías se pasea airosamente. Salen a verla y oírla todos los de la casa, que también canta dulcemente muchas veces, y no hace daño a persona alguna; sólo es necesario desviarse, porque se enfada si la tocan y con eso pasa sin ofender a los que la miran. Se vuelve a su sitio, y cuando todos se han ido, lava y juega, canta y ríe, ocupando en semejantes cosas lo que dura la noche, deduciendo todos por el ruido que hace el ejercicio que tiene.

Luciano de Samosata
No. 23, Mayo 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 423

Mujer artificial

23 top

Hay dos libros olvidados que ocupan, dentro de tal grupo, posiciones extremas: el segundo tomo de la “Mathematical Magick” del obispo John Wilkins, de 1648, en el cual se examina la posibilidad de colonias humanas submarinas (proyecto con el que sin duda tendremos que familiarizarnos dentro de poco) y la pueril y desconcertante sátira de Villiers de L’isle-Adam, publicada en 1886, en la cual se atribuye imaginariamente a Edison la creación de una mujer artificial, intentándose reducir filosóficamente al absurdo tal supuesto (cuando en realidad el problema de la “vida artificial” es un efectivo problema)

Kurt W. Marek
No. 23, Mayo 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 420

La inconsolable

23 top

Una mujer vestida de luto lloraba sobre una tumba.

—Consuélese, señora —dijo un Desconocido Compasivo—. La misericordia divina es infinita. En alguna parte existe un hombre, aparte de su marido, con quien todavía podrá ser feliz.

—Había uno —contestó ella, sollozando—. Sí, había uno, pero ésta es su tumba.

Ambrose Bierce
No. 23, Mayo 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 418

No interesaban

23 top

—Caminemos un poco —indicó.

—Caminemos, si a usted le parece —consintió el otro.

Y los dos amigos echaron a andar reposadamente sobre las opulentas y salobres aguas del Caribe.

Seiscientos metros más abajo caminaban también otros que habían naufragado en Escocia. Mas su lenguaje no era interesante.

Francisco Tario
No. 23, Mayo 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 404

Guerra en el cielo

23 top

Hay paraísos contemplativos, paraísos voluptuosos, paraísos que tienen la forma del cuerpo humano (Swedenborg), pero no hay otro paraíso guerrero, no hay otro paraíso cuya delicia esté en el combate… Hilda Roderick Ellis, en la obra The road to Hel (Cambridge, 1945), mantiene que Snorri simplificó, en gracia del rigor y de la coherencia, la doctrina de las fuentes originales, que datan del siglo VIII o del siglo IX, y que la noción de una batalla eterna es antigua, pero no de carácter paradisiaco. Así la Historia Danica de saxo Gramático habla de un hombre a quien una mujer misteriosa conduce bajo tierra: ven ahí una batalla; la mujer dice que los combatientes son hombres que perecieron en las guerras del mundo y que su conflicto es eterno. En la saga de Thorstein Uxafort, el héroe penetra en un túmulo dentro de unos bancos laterales; a la derecha hay doce hombres bizarros, de traje rojo: a la izquierda, doce hombres abominables, de traje negro; se miran con hostilidad; luego pelean y se infieren crueles heridas, pero no logran darse muerte.

J.L. Borges y Delia Ingenieros
No. 23, Mayo 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 405

Poema Malayo

23 top

Un poema malayo relata cómo una vez había en la ciudad de Indrapoore un comerciante rico y próspero, pero que no tenía hijos. Un día que paseaba con su mujer encontraron una niñita de tierna edad y bella como un ángel. La adoptaron y la llamaron Bidasari. El mercader mandó hacer un pez dorado y dentro de este pez transfirió el alma de su hija adoptiva. Después puso el pez dorado en una caja de oro llena de agua, y la ocultó dentro de un estanque, en medio de su jardín.

Con el tiempo la niña llegó a ser una preciosa mujer. En este tiempo el rey de Indrapoore tenía una reina joven y hermosa que vivía con el temor de que el rey pudiera tomar una segunda mujer. Así, sabiendo los encantos de Bidasari, resolvió la reina quedar tranquila respecto a ella. La llevaron, engatusándola, al palacio y la torturaron cruelmente pero Bidasari no podía morir a causa de no tener consigo su alma. Por fin, para que no la atormentaran más dijo a la reina: “Si deseáis que muera, mandad traed la caja que está en el estanque del jardín de mi padre”. De modo que trajeron la caja, la abrieron y allí estaba el pez dorado en el agua. La muchacha dijo: “Mi alma está en este pez; por la mañana sacad este pez del agua y al atardecer ponedlo otra vez en ella. No dejéis por cualquier lado al pez, sino atadlo a vuestro cuello. Si no lo hacéis, así, yo pronto moriré”. De esta manera la reina agarró al pez de la caja y se lo ató al cuello; aún no había terminado de hacerlo cuando Bidasari cayó desmayada. Pero al anochecer, cuando el pez fue devuelto al agua, Bidasari volvió otra vez a la vida. Viendo la reina que así tenía en su poder a la joven, la devolvió a la casa de sus padres adoptivos, que para salvarla de más persecuciones resolvieron sacar de la ciudad a su hija. Por esto, construyeron na casa en un sitio desolado y solitario y llevaron allí a Bidasari. Vivía sola sufriendo las vicisitudes correspondientes a la que soportaba el pez dorado donde ella tenía su alma. Todo el día, mientras el pez estaba fuera del agua, ella permanecía inconsciente; pero al anochecer, cuando ponían el pez en el agua, ella revivía. Un día el rey fue de caza y al llegar donde Bidasari permanecía inconsciente, quedó prendado de su belleza. Trató de volverla en sí, pero fue en vano. Al día siguiente, hacia el anochecer repitió su visita, pero todavía ella estaba inconsciente; sin embargo, cuando la obscuridad cayó, ella volvió en sí y contó al rey el secreto de su vida. El rey volvió a su palacio, cogió el pez que tenía la reina y lo puso en el agua. Inmediatamente Bidasari revivió y el rey la tomó por esposa.

Sir James George Frazer
No. 23, Mayo 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 393

Cielo fingido

23 top

El mono de piedra, el cerdo pecador, el delfín del desierto y el caballo que antes era dragón atravesaron una colina y vieron un templo, en cuyo pórtico estaba escrito Lui Yin Sze (Templo del Trueno), que según el caballo era la morada de un venerado santo budista. “Kwanlyin habita en el Océano del Sur, Pu Hien, en la montaña de Omei, Wen Shu Pusa en Wutai; no sé quien vive aquí. Entremos”. Pero el Mono dijo: “No se llama el Templo del Trueno, sino el Pequeño Templo del Trueno, entiendo que más vale no entrar”. Pero el caballo insistió. El mono dijo: “Está bien, pero después no me eches la culpa”.
Entraron. Vieron la imagen de Julai, con ochocientos ángeles, además de los cuatro querubines, ocho Bodhisatvas y de innumerables discípulos. Estas imágenes llenaron la reverencia al caballo, al cerdo, y al delfín, que se arrodillaron para venerarlas: pero el mono seguía indiferente. Entonces una fuerte voz exclamó: “¿Por qué el mono no venera el Buddah?”. Al decir esto, se encontró encerrado en una esfera de metal, mientras el caballo era conducido a una de las piezas contiguas. El mono temió que el caballo sufriera daño. Empleó sus artes mágicas para agrandarse, pero la esfera de metal se agrandó también; se redujo entonces al volumen de una semilla de mostaza, para huir por un agujerito; pero la esfera de metal se achicó. El mono llamó en su auxilio a los espíritus de los cuatro puntos cardinales. Acudieron, pero ninguno pudo mover o dar vueltas la esfera. Buscaron auxilio en el cielo, y los ángeles de las veinticinco Constelaciones recibieron orden de intervenir. Estos, con infinito trabajo horadaron un agujerito minúsculo, por donde el mono pudo evadirse. Así, los cuatro amigos se evadieron del fingido cielo.

Ch’iu Ch’anh Ch’un.
No. 23, Mayo 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 390

Milagro

23 top

En una iglesia del pintoresco pueblo de Tepoztlán existe un retablo (ex voto) en el que se ve a un campesino, de hinojos, dando gracias a la virgen por el milagro que le hizo. La leyenda al pie del cuadro dice: “Juan Crisóstomo Vargas, vecino de este lugar, da gracias con toda su contrita alma a la Santísima Virgen por el milagroso favor que le hizo la noche del 22 de mayo de 1916 al haber impedido que las fuerzas zapatistas se lo llevaran como llevaron a sus tres probrecitas hermanas”.

En “El hijo pródigo”
No. 23, Mayo 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 384

Arma eficaz

23 top

INVERNESS (Escocia), 19 de marzo. (AFP).— una versión moderna de la ballesta, arma prohibida por la iglesia católica en 1139 por “demasiado mortífera en los campos de batalla”, será utilizada contra el monstruo del Lochness.

La oficina de investigación acerca de los fenómenos del Lochness, va a utilizar la ballesta ya sea para matar al monstruo o para clavarle una emisora-radar que permita localizarle durante sus desplazamientos en las aguas del lago.

Ese monstruo, del que tanto se habla, nunca se ha comprobado que exista.

Agencia AFP
No. 23, Mayo 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 382