Existen

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Un hombre de genio melancólico, misántropo y deseoso de vengarse de la injusticia de su siglo, arrojó un día al fuego todas sus obras manuscritas. Y como le vituperasen por este espantoso sacrificio de todas sus esperanzas, respondió:

—¿Qué más da? Lo importante era que estas cosas fuesen creadas; han sido creadas, luego existen.

Charles Baudelaire
No. 25, Agosto 1967
Tomo IV – Año IV
Pág. 700

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Historia de zorros

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Wang vio dos zorros parados en las patas traseras y apoyados contra un árbol. Uno de ellos tenía una hoja de papel en la mano y se reían como compartiendo una broma.

Trató de espantarlos, pero se mantuvieron firmes y él disparó contra el del papel, lo hirió en el ojo y se llevó el papel. En la posada, refirió su aventura a los otros huéspedes. Mientras estaba hablando, entró un señor, que tenía un ojo lastimado. Escuchó con interés el cuento de Wang y pidió que le mostraran el papel. Wang ya iba a mostrárselo, cuando el posadero notó que el recién venido tenía cola. ¡Es un zorro!, exclamó y en el acto el señor se convirtió en un zorro y huyó.

Los zorros intentaron repetidas veces recuperar el papel que estaba cubierto de caracteres ininteligibles; pero fracasaron. Wang resolvió volver a su casa. En el camino se encontró con toda su familia, que se dirigía a la capital. Declararon que él les había ordenado ese viaje, y su madre le mostró la carta en que le pedía que vendiera todas las propiedades y se juntara con él en la capital. Wang examinó la carta y vio que era una hoja en blanco. Aunque ya no tenían techo que los cobijara, Wang ordenó: Regresemos.

Un día apareció un hermano menor que todos habían tenido por muerto. Preguntó por las desgracias de la familia y Wang le refirió toda la historia. Ah, dijo el hermano, cuando Wang llegó a su aventura con los zorros, ahí la raíz de todo el mal. Wang mostró el documento. Arrancándoselo, su hermano lo guardó con apuro. Al fin he recobrado lo que buscaba, exclamó y convirtiéndose en zorro, se fue.

Niu Chiao, Ling Kuai lu (siglo IX)
No. 25, Agosto 1967
Tomo IV – Año IV
Pág. 697

Mejor casados

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Ante muchos y eruditos varones, leíase un discurso que Metelo Numídico, hombre en quien se reunían el talento y la palabra con la gravedad del carácter, dirigió, durante su censura, al pueblo romano sobre la cuestión del matrimonio, para exhortar a los ciudadanos a que tomasen esposas. En este discurso se encuentra el siguiente párrafo: “Romanos: si pudiésemos prescindir de esposas, seguramente ninguno de nosotros querría echar sobre sí semejante carga; pero ya que la naturaleza ha dispuesto de tal suerte las cosas, que no se puede ni vivir bien con una mujer, ni vivir sin mujer, aseguremos la perpetuidad de nuestra nación antes que la bienandanza de nuestra corta vida”.

Aulo Gelio
No. 25, Agosto 1967
Tomo IV – Año IV
Pág. 695

Un Golem

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Si los justos quisieran crear un mundo, podrían hacerlo. Combinando las letras de los inefables nombres de Dios, Rava consiguió crear un hombre y lo mandó a Rav Zera. Este le dirigió la palabra, como el hombre no respondía, el rabino le dijo: “Eres una creación de la magia; vuelve a tu polvo”.

Dos maestros solían, cada viernes, estudiar el Sepher Yezirah y crear un ternero de tres años, que luego aprovechaban para la cena.

Senhedrin. 65. B
No. 25, Agosto 1967
Tomo IV – Año IV
Pág. 685

Concupiscencia

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¡Oh, dulce concupiscencia de la carne! Refugio de los pecadores, consuelo de los afligidos, alivio de los enfermos mentales, diversión de los pobres, esparcimiento de los intelectuales, lujo de los ancianos. ¡Gracias, Señor, por habernos concedido el uso de los artefactos, que hacen más que palatable la estancia en este Valle de Lágrimas en que nos has colocado!

Jorge Ibrgüengoitia
No. 25, Agosto 1967
Tomo IV – Año IV
Pág. 676

El juramento del cautivo

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El Genio dijo al pescador que lo había sacado de la botella de cobre amarillo:
—Soy uno de los genios heréticos y me rebelé contra Salomón, hijo de David (¡que sobre los dos haya paz!). Fui derrotado; Salomón, hijo de David, me ordenó que abrazara la fe de Dios y que obedeciera sus órdenes. Rehusé; el Rey me encerró en ese recipiente de cobre y estampó en la tapa el Nombre Muy Alto, y ordenó a los genios sumisos que me arrojaran en el centro del mar, Dije en mi corazón: a quien me dé la libertad, lo enriqueceré para siempre. Pero un siglo entero pasó y nadie me dio la libertad. Entonces dije en mi corazón: a quien me dé la libertad, le revelaré todas las artes mágicas de la tierra. Pero cuatrocientos años pasaron y yo seguía en el fondo del mar. Dije entonces a quien me dé la libertad, yo le otorgaré tres deseos. Pero novecientos años pasaron. Entonces, desesperado, juré por el Nombre Muy Alto: a quien me dé la libertad, yo lo mataré. Prepárate a morir, oh mi salvador.

Las Mil y una Noches
No. 25, Agosto 1967
Tomo IV – Año IV
Pág. 673

Teología

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Como ustedes no lo ignoran, yo he viajado mucho. Esto me ha permitido corroborar la afirmación de que siempre el viaje es más o menos ilusorio, de que nada nuevo hay bajo el sol, de que todo es uno y lo mismo, etcétera, pero también paradójicamente, de que es infundada cualquier desesperanza de encontrar sorpresas y cosas nuevas: en verdad el mundo es inagotable. Como prueba de lo que digo bastará recordar la peregrina creencia que hallé en Asia Menor, entre un pueblo de pastores, que se cubren con pieles de ovejas y que son los herederos del antiguo reino de los Magos. Esta gente cree en el sueño. “En el instante de dormirte, me explicaron, según hayan sido tus actos durante el día, te vas al cielo o al infierno”. Si alguien argumentara: “Nunca he visto partir a un hombre dormido, de acuerdo con mi experiencia, quedan echados hasta que uno despierta”, contestarían: “El afán de no creer en nada te lleva a olvidar tus propias noches —¿Quién no ha conocido sueños agradables y sueños espantosos?— y a confundir el sueño con la muerte. Cada uno es testigo de que hay otra vida para el soñador; para los muertos es diferente el testimonio: ahí quedan, convirtiéndose en polvo”.

H. Garro. Tout le Mond. Oloron-Saint-Marie (1918)
No. 25, Agosto 1967
Tomo IV – Año IV
Pág. 671

La discípula

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La hermosa Hsi Shih frunció el entrecejo. Una aldeana feísima que la vio, quedó maravillada. Anheló imitarla, asiduamente se puso de mal humor y frunció el entrecejo. Luego pisó la calle. Los ricos se encerraron bajo llave y rehusaron salir, los pobres cargaron con sus hijos y sus mujeres emigraron a otros países.

Hebert Allen Giles. Chuang tzu (1889)
No. 25, Agosto 1967
Tomo IV – Año IV
Pág. 663

Cuento

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El rey ordenó: (te condeno a morir, pero a morir como Xios y no como Tú) que Xios fuera llevado a un país enteramente distinto. Cambiado su nombre, artísticamente mutilados sus rasgos. La gente del país obligada a crearle un pasado, una familia, talentos muy diversos de los suyos.

Si recordaba algo de su vida anterior, lo rebatían, le decían que estaba loco, etcétera…

Le habían preparado una familia, mujer e hijos que se daban por suyos.

En fin, todo le decía que era el que no era.

Paul Valéry, Histoires Brisées
No. 25, Agosto 1967
Tomo IV – Año IV
Pág. 657

La restitución de las llaves

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Cuando las legiones romanas ocuparon la ciudad de Jerusalén, el sumo sacerdote, que sabía que iba a perecer por la espada, quiso restituir al Señor las llaves del santuario. Los arrojó a los cielos; la mano del Señor las tomó. Todo esto ya lo había profetizado el Apocalipsis de Baruch.

Del capítulo XXIX del tratado Taanith, de la Mishna
No. 25, Agosto 1967
Tomo IV – Año IV
Pág. 658

Historia de los dos reyes y los laberintos

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Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó construir un laberinto tan perplejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían, esa obra era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres. Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró el socorro divino y dio con la puerta. Sus labios no profirieron queja alguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en Arabia tenía un laberinto mejor y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día. Luego regresó a Arabia, juntó a sus capitanes y sus alcaides y estragó los reinos de Babilonia con tan venturosa fortuna que derribó sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y le dijo: “¡Oh, rey del tiempo y substancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que te veden el paso”.

Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed. La gloria sea con Aquel que no muere.

De The land of Midian Revisited (1879) de R. F. Burton
No. 25, Agosto 1967
Tomo IV – Año IV
Pág. 655

Common prayer (liturgia de la Iglesia Anglicana)

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Las llanuras, Señor, todo el silencio del ánimo, los corredores perdidos, las columnas, los lugares por donde hemos caminado, las caras que hemos contemplado, y el canto de los niños. Pero por sobre todo los jeroglíficos, la santidad, la imagen de piedra, la línea sencilla, nuestro lenguaje, la curva articulada, la hoja, por ejemplo, el sueño y la sonrisa, la caída de la mano, el toque de miembros, el amor a los universos, ningún temor a la muerte y algún ansia. Sí, y la luz, nuestro sol, Señor, y el sol de los hombres desconocidos, las mañanas perdidas en tiempos de gigantes y pigmeos en todas partes, un hombre llamado Bach, otro conocido por Cezanne y otros anónimos, las multitudes se funden en una masa anónima, nuestro rostro, la mañana de ignorados tumultos, nuestra forma, la estatura, los hombres que caminan en la luz en varios sitios, Asia para empezar, Europa, África y, a través del mar fluido y generoso, el Atlántico, rumbo al oeste y hacia este lugar, América, y la marcha de los soldados de marina, y los gastos del pálido Wilson, libertad para lituania, ¡salud, Polonia! Y los condados de Texas, (o distritos) dulces melones y pobreza, nuestro agradecimiento, Señor. Y en cuanto a números, de manera que pueda quedar registrado nuestro dolor, uno para la pena, dos para el dolor, tres para la locura y mil, diez mil, y toda una eternidad, años alegres, la barba de Darwin, digamos, asumamos realidades numéricas, la riqueza de Ford, la de Mellon, la popbreza de —pensemos en un digno nombre—Pound, o digamos del joven desconocido y anónimo de Clay Country, Iowa, sentado solo, escribiendo relatos para Dios y el “Saturday Evening Post:” esa es la idea, el anonimato del horror, la soledad, esperando la fama y una breve nota, tú, el nombre, hijo mío, eres famoso, un cuento en el “Post”, muchas gracias, Señor.

William Saroyan
No. 25, Agosto 1967
Tomo IV – Año IV
Pág. 636

De cueros: Cuento LXXXI

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Era un caballero a quien no sabía mal el vino, y estando en conversación con otros, después de haber comido, parecióle a él que fue afrentado de otro caballero, y por esto le desafió que se mataría con él con las armas que quisiese, respondió su contrario que él aceptaba el desafío con tal que no fuese en cueros.

Juan de Timoneda
No. 25, Agosto 1967
Tomo IV – Año IV
Pág. 635

De cueros: Cuento LXXIX

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Una cortesana, siendo poco su caudal, y habiendo empleado todo su ajuar en guadameciles para un pequeño aposento que tenía, vino un galán a visitarla, y ella le dijo:

—¿Qué le parece, señor, mi pobre posada?

—Paréceme que es como el lechón, que lo mejor que tiene son los cueros. —respondió.

Juan de Timoneda
No. 25, Agosto 1967
Tomo IV – Año IV
Pág. 635

Pesador de almas

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Entre los Sakai, se cree que el alma abandona el cuerpo por la parte posterior de la cabeza y se dirige hacia Occidente. El muerto trata de entrar en el Cielo por la misma puerta que utilizan las almas de los Malayos, pero, como no lo consigue, pasa por el puente Menteg, tendido sobre una caldera de agua hirviendo. El puente es en realidad el tronco de un árbol sin corteza. Las almas de los malvados caen en la caldera. Yemang se apodera de ellos, los abrasa hasta dejarlos convertidos en cenizas; entonces los pesa: si las almas son livianas, las envía al Cielo, de no ser así, continúa quemándolas para purificarlas por el fuego.

Mircea Eliade
No. 25, Agosto 1967
Tomo IV – Año IV
Pág. 631

Tálamos celestes

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Mientras descansen sobre lechos tan dulces como el tálamo nupcial, estarán cerca de ellos lindas jóvenes de pecho alabastrino, hermosos ojos negros y modestas miradas. Ningún hombre ningún genio profanó sus costumbres y su pudor; las perlas no igualan en blancura y esplendor a estas vírgenes encantadoras; el amor que existe lo sentirán ellas mismas y los dos amantes gozarán de una juventud inalterable. Junto a este encantado lugar se abren otros dos jardines coronados de un verdor eterno y adornados de dos bulliciosas fuentes. Allí se hayan reunidas las más variadas frutas, y huríes de maravillosa belleza en soberbios pabellones. Cada acción buena será para los justos un grado de felicidad, y beberán un vino exquisito, mezclado con agua del paraíso de la cual beben los querubines, cerca de un manzano sin espinas y del árbol que produce los perfumes.

En El Corán
No. 25, Agosto 1967
Tomo IV – Año IV
Pág. 623

El imán

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Hablábamos de libre albedrío; Oscar Wilde improvisó esta parábola.

Había una vez un imán y en el vecindario vivían unas limaduras de acero. Un día, a dos limaduras se les ocurrió bruscamente visitar el imán y empezaron a hablar de lo agradable que sería esta visita. Otras limaduras cercanas sorprendieron la conversación y las embargó el mismo deseo. Se agregaron otras y al fin todas las limaduras empezaron a discutir el asunto y gradualmente el vago deseo se transformó en impulso. ¿Por qué no ir hoy?, dijeron algunas, pero otras opinaron que sería mejor esperar hasta el día siguiente. Mientras tanto, sin advertirlo, habían ido acercándose al imán, que estaba muy tranquilo, como si no se diera cuenta de nada. Así prosiguieron discutiendo, siempre acercándose al imán, y cuanto más hablaban, más fuerte era el impulso, hasta que las más impacientes declararon que irían ese mismo día, hicieran lo que hicieran las otras. Se oyó decir a algunas que su deber era visitar al imán y que hacía ya tiempo que le debían esa visita. Mientras hablaban, seguían inconscientemente acercándose.

Al fin, prevalecieron las impacientes, y, en un impulso irresistible, la comunidad entera gritó:

—Inútil esperar. Iremos hoy. Iremos ahora. Iremos en el acto.

La masa unánime se precipitó y quedó pegada al imán por todos lados. El imán sonrió, porque las limaduras de acero estaban convencidas de que si visita era voluntaria.

Hesketh Pearson “The life of Oscar Wilde” (1946)
No. 25, Agosto 1967
Tomo IV – Año IV
Pág. 641

Del capítulo XIII de The Life of Oscar Wilde (1946), de Hesketh Pearson
No. 31, Agosto 1968
Tomo V – Año V
Pág. 611