El popoguno

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El Popoguno o infierno de los Virginianos es un abismo que suponen al occidente de su país, donde dicen que arden sus enemigos para siempre. Otros pretenden que las almas de los condenados están suspendidas entre el cielo y la tierra, y de que de vez en cuando vienen los muertos a traer sus noticias del otro mundo y a gemir sus padecimientos.

Cerem
No. 26, Septiembre – Octubre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 114

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Espejismo

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…Como en Horai no es conocido el gran demonio del mal, los corazones de sus habitantes no envejecen nunca. Y por ser siempre jóvenes de corazón, sonríen desde que nacen hasta que mueren, excepto cuando los dioses les envían algún sufrimiento. Y entonces se cubren los rostros hasta que desaparecen las penas. Todos los pobladores del feliz Horai se aman y se confían unos a otros,igual que si fueran miembros de una sola familia. Y los acentos con que hablan las mujeres son tan dulces, que parecen cantos de alegres pajarillos, pues los corazones de las mujeres de Horai son tan transparentes como las almas de los pájaros. Y las oscilaciones de las mangas de las doncellas, cuando juegan, semejan el revoloteo de unas tenues y anchas alas. En Horai nada permanece oculto, fuera de las penas, porque allí no hay motivos para sentir vergüenza por nada, pues nada hay que necesite estar oculto; como alli no puede haber ladrones, tanto de día como de noche las puertas se hayan siempre abiertas; allí no existe nada que temer. Y como los habitantes de Horai son hadas, aunque mortales, todas las casas de Horai, excepto el Palacio del Rey Dragón, son pequeñas, extrañas y fantásticas. Y estas pequeñas hadas ciertamente comen su arroz en escudillas microscópicas y beben su vino en copas de no mayor cavidad que un dedal de mujer…

Lafcadio Hearn
No. 26, Septiembre – Octubre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 111

Lafcadio Hearn
No. 31, Agosto 1968
Tomo V – Año V
Pág. 675

Prodigio

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Una casa de encantamiento semejante a este se encuentra en las novelas turcas traducidas por Petis de la Croix, con el título de “Historia del Sheik Schabbedin”. La aventura recuerda también lo que la tradición musulmana cuenta sobre el rapto de Mohamet, que fue llevado a los siete cielos, al Paraíso y al Infierno y tuvo noventa mil conferencias con el Señor, todo lo cual se cumplió en tan corto tiempo, que al volver a su lecho, lo encontró todavía caliente.

Marenduzzo
No. 26, Septiembre – Octubre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 105

La mas pura

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Mis manos se extienden para abrazarla. Soy un hombre como los demás, siempre lamentablemente dispuesto a deslumbrarse con la primera mujer que ve. Ella, ella es la imagen más pura de la mujer que amamos: la que aún no conocemos del todo, la que ha de revelarse, la que contiene en sí el único milagro viviente que hay sobre la tierra.

Henri Barbusse
No. 26, Septiembre – Octubre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 99

El novio

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La señorita Alice Keith, de treinta años de edad y prometida del diputado Andrews, soñó un domingo que un cerdo estaba en el comedor de su casa, desayunándose. Impresionada por esta horrible pesadilla despertó, se vistió rápidamente y abandonó el dormitorio. Al entrar al comedor, su novio —con quien partiría a caballo a un paseo campestre—, comía con apetito encantador una manzana, invitado por la tía de la señorita Keith , miss Helen Pycroft, cuyo novio había muerto valientemente en 1922, en el sitio de Punjab.

Oscar Acosta
No. 26, Septiembre – Octubre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 89

Los bramanes y el león

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En cierto pueblo había cuatro brahmanes que eran amigos. Tres habían alcanzado el confín de cuanto los hombres pueden saber, pero les faltaba cordura. El otro desdeñaba el saber; sólo tenía cordura. Un día se reunieron. ¿De qué sirven las prendas dijeron, si no viajamos, si no logramos el favor de los reyes, si no ganamos dinero? Ante todo, viajemos.

Pero cuando habían recorrido un trecho, dijo el mayor:

—Uno de nosotros, el cuarto, es un simple, que no tiene más que cordura. Sin el saber, con mera cordura, nadie obtiene el favor de los reyes. Por consiguiente, no compartiremos con él nuestras ganancias. Que se vuelva a su casa.

El segundo dijo:

—Mi inteligente amigo, careces de sabiduría. Vuelve a tu casa.

El tercero dijo:

—Esta no es manera de proceder. Desde niños hemos jugado juntos. Ven, mi noble amigo. Tú tendrás parte de nuestras ganancias.

Siguieron su camino y en un bosque hallaron los huesos de un león. Uno de ellos dijo:

—Buena ocasión para ejercitar nuestros conocimientos. Aquí hay una animal muerto, resucitémoslo.

El primero dijo:

—Sé componer el esqueleto.

El segundo dijo:

—Puedo suministrar la piel, la carne y la sangre.

El tercero dijo:

—Se darle vida.

El primero compuso el esqueleto, el segundo suministró la piel, la carne y la sangre. El tercero se disponía a infundir vida, cuando el hombre cuerdo observó:

—Es un león. Si lo resucitan, nos va a matar a todos.

—Eres muy simple —dijo el otro—. No seré yo el que frustre la labor de la sabiduría.

—En tal caso —respondió el hombre cuerdo—. Aguarda que me suba a este árbol.

Cuando lo hubo hecho, resucitaron al león; este se levantó y mató a los tres. El hombre cuerdo esperó que se alejara el león, para bajar del árbol y volver a su casa.

Panchatantra (siglo II a. C.)
No. 26, Septiembre – Octubre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 81

Las máscaras

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El teniente general Bouligneux y el mariscal de campo Wartigny perecieron frente a Verue; eran dos hombres de gran valor pero muy singulares. El invierno precedente se habían hecho varias máscaras de personas de la corte, tomadas del natural. Dichas personas las llevaban bajo otras máscaras, de modo que al quitarse la primera máscara los demás se equivocaban al confundir la segunda máscara con el rostro verdadero, ya dicho rostro era muy diferente. La broma divirtió mucho. Ese invierno se quiso repetir la distracción. Grande fue la sorpresa al encontrar a las máscaras tomadas del natural frescas y tal cual se hallaban cuando se guardaron después del carnaval, con excepción de las de Bouligneux y Wartigny, que aunque conservaban su perfecta semejanza habían adquirido la palidez y la consunción de las personas que acaban de morir. Ellos las lucieron en un baile y produjeron tanto horror que se trató de retocar las máscaras con rojo, pero el rojo se borraba de inmediato, y la consunción no tenía arreglo. Esta circunstancia me pareció tan extraordinaria que la considero digna de referirse, pero me hubiera cuidado de hacerlo si toda la corte no hubiera sido testigo de ello, como yo, y si no hubiese sorprendido mucho, y varias veces, por este hecho extraño y singular. Por último, ambas máscaras fueron arrojadas a la basura.

Saint-Simon
No. 26, Septiembre – Octubre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 80

Cónclave

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También la muerte de Lutero fue puesta bajo el signo de Satanás. Thyraeus, Daemon, l 8, 11, refiere que, cuando Lutero murió, todos los endemoniados que se encontraban en la ciudad de Gheel (Ducado de Brabante) fueron momentáneamente liberados. El día siguiente a las exequias, un exorcista preguntó a los demonios adonde habían ido en el interín, y ellos contestaron que por orden de su jefe se trasladaron para asistir a los funerales del hereje. El propio servidor de Lutero declaró que, habiendo sacado la cabeza por la ventana para tomar aire, había visto muchos espíritus de horrible aspecto bailar y revolotear sobre el sitio de su muerte.

Giuseppe Faggin
No. 26, Septiembre – Octubre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 66

La secta del loto blanco

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Había una vez un hombre que pertenecía a la secta del Lobo Blanco. Muchos, deseosos de dominar las artes tenebrosas lo tomaron por maestro.

Un día el mago quiso salir. Entonces colocó en el vestíbulo un tazón cubierto con otro tazón y ordenó a los discípulos que los cuidaran. Les dijo que no descubrieran  los tazones ni vieran lo que había adentro.

Apenas se alejó, levantaron la tapa y vieron que en el tazón había agua pura y en el agua un barquito de paja, con mástiles y velamen. Sorprendidos, lo empujaron con el dedo. El barco se volcó. De prisa lo enderezaron y volvieron a tapar el tazón.

El mago apareció inmediatamente y les dijo:

—¿Por qué me habéis desobedecido?

Los discípulos se pusieron de pie y negaron.

El mago declaró:

—Mi nave ha zozobrado en el confín del Mar Amarillo. ¿Cómo os atrevéis a engañarme?

Una tarde, encendió en un rincón del patio una pequeña vela. Les ordenó que la cuidaran del viento. Había pasado la segunda vigilia y el mago no había vuelto. Cansados y soñolientos, los discípulos se acostaron y se durmieron. Al otro día la vela estaba apagada. La encendieron de nuevo.

El mago apareció inmediatamente y les dijo.

—¿Por qué me habéis desobedecido?

Los discípulos negaron:

—De veras, no hemos dormido. ¿Cómo iba a apagarse la luz?

El mago les dijo:

—Quince leguas erré en la oscuridad de los desiertos tibetanos y ahora queréis engañarme.

Esto atemorizó a los discípulos.

Richard Wilhelm
No. 26, Septiembre – Octubre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 70

Novena

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Jesucristo Vencedor, que en la Cruz fuiste vencedor, quiero que por tu intervención, Padre, me traigas a Crispín, que esté vencido conmigo, en nombre del Señor. Si es animal feroz, manso como un cordero, maso como la flor de romero tiene que venir. Pan comió, de él me dio; agua bebió y de ella me dio. Y por todas las cosas que me prometió quiero, Señor, que por tu infinito poder, me lo traigas rendido y amolado a mis pies a cumplirme lo que me prometió. Como creo Señor que para ti no hay imposibles te suplico encarecidamente me concedas esto que te pido, prometiendo hasta el fin de mi vida ser tu más fiel devota.

Recogida por Oscar Lewis en “Los Hijos de Sánchez”
No. 26, Septiembre – Octubre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 69

La protección por el libro

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El literato Wu, de Ch’iang Ling, había insultado al mago Chan Ch’i Shen. Seguro de que éste procuraría vengarse, Wu pasó la noche levantado, leyendo, a la luz de la lámpara, el sagrado Libro de las Transformaciones. De pronto se oyó un golpe de viento, que rodeaba la casa, y apareció en la puerta un guerrero, que lo amenazó con su lanza. Wu lo derribó con el libro. Al inclinarse para mirarlo, vio que no era más que una figura recortada en papel. La guardó entre las hojas. Poco después entraron dos pequeños espíritus malignos de cara negra y blandiendo hachas. También éstos cuando Wu los derribó con el libro, resultaron ser figuras de papel. Wu las guardó como a la primera. A media noche, una mujer, llorando y gimiendo, llamó a la puerta.

—Soy la mujer de Chang —declaró—. Mi marido y mis hijos vinieron a atacarlo y usted los ha encerrado en su libro. Le suplico que los ponga en libertad.

—Ni sus hijos ni su marido están en mi libro —contestó Wu—. Sólo tengo estas figuras de papael.

—Sus almas están en esas figuras —dijo la mujer—. Si a la madrugada no han vuelto, sus cuerpos, que yacen en casa, no podrán revivir.

—¡Malditos magos! —gritó Wu—. ¿Qué merced pueden esperar?

—No pienso ponerlos en libertad. De lástima, le devolveré uno de sus hijos, pero no pida más.

Le dio una de las figuras de cara negra.

Al otro día supo que el mago y su hijo mayor habían muerto esa noche.

G. Willoughby-Meade, Chinese Ghouls and Goblings (1928)
No. 26, Septiembre – Octubre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 65

Un demonio

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Esta es una historia del pasado.
Un hombre se había alojado durante la noche con una mujer alegre, en la logia de Ichijo. Pero cerca de medianoche comenzó a soplar el viento y a llover. Cuando la violencia de los elementos aumentaba, alguien pasó por la avenida cantando: “Todos los operantes son impermanentes…” ¿Quién puede ser?, se preguntó el hombre. Levantó suavemente el voladizo y miró: y he ahí que se trataba de un demonio con cabeza de caballo, tan alto como el goterón del tejado. Aterrorizado, el hombre dejó caer el voladizo y volvió al fondo de la habitación. Pero entonces el demonio hundió el enrejado de madera, introdujo su cabeza en el interior y dijo: “Me has visto bien, ¿eh?; ¡me has visto bien!” El hombre desenvainó su sable, resuelto a atacar si el demonio penetraba al interior. Mientras se mantenía en guardia con la joven a su lado, el demonio agregó: ¡Mírame bien, bien!” y se fue. El hombre sintió miedo cuando pensó que podía tratarse de lo que se llama “los cien demonios que van por la noche”. En lo sucesivo, nunca más durmió en la logia de Ichijo, según se dice.

En El Uji shui-Monogatari
No. 26, Septiembre – Octubre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 53

¿No hay más?

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Juro por la aurora, por la décima noche del mes, por los pares y los nones, que los impíos serán castigados y precipitados en las llamas, en las cuales no podrán morir. Criamos el infierno para castigo de los ángeles rebeldes y para los hombres que tienen corazón y no sienten los estímulos de la virtud, que tienen ojos y no la ven, oídos y no la oyen. Allí castigaré a los impíos, a los que despreciaron su existencia, a los que desobedecieron mis preceptos, a los que no quisieron creer en la unidad de un Dios Omnipotente y a los que se comieron el pan de los pobres. Los tesoros del mundo no podrán redimirlos y su miseria no tendrá fin; los haré quemar en un fuego eterno y renovaré su piel para que se quemen de nuevo; el infierno será su lecho, el fuego su alimento, y en vano pedirán remedio contra el bronce fundido en que serán precipitados y que será su bebida. Si tratan de salir serán golpeados con mazas de hierro y gritarán: “¡Pluguiese a Dios que yo volviese a la tierra, que entonces sería del número de los creyentes!” Preguntarán al que dirige el fuego infernal: “¿Nos librará tu Señor de estos tormentos?” Y les responderá: “Sufriréis por toda la eternidad” Dios preguntará al infierno: “¿Estás lleno?” Y el infierno responderá: “¿No hay más?”.

Mahoma, en El Corán
No. 26, Septiembre – Octubre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 51

Previsoras

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Las discordias sociales repercuten hasta en el Sabbat, donde a veces las brujas pobres no quieren en absoluto provocar el granizo por miedo a morir de hambre y deben recurrir a las decisiones de Satanás contra el deseo de las ricas que participan en el conventrículo y quieren gozarse con tal espectáculo.

Giuseppe Faggin
No. 26, Septiembre – Octubre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 44

El monstruo

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Marta sale, con su madre, de la exposición de pintura, muy seria: Desde hace una temporada, se hace a sí misma una pregunta indiscreta e intenta, en vano, responder a ella. Aquel paseo entre cuadros aumenta todavía más su turbación. Ha visto a las más bellas mujeres que existen, sin velo alguno y tan claramente dibujadas que hubiera ella podido seguir, con la punta del dedo, las venas azules bajo las pieles blancas, contar los dientes, los rizos y hasta las sombras sobre los labios.

Pero a todas les faltaba algo.

¡Y sin embargo ha visto a las más bellas mujeres que existen!

Marta da a su madre unas “buenas noches” tristes, entra en su cuarto y se desnuda, llena de temor.

La luna, luminosa y fría, refleja las imágenes, apresándolas, Marta, inquieta, alza sus brazos puros. Como una rama que, con un esfuerzo lento se mueve y muestra un nido…

…Marta, candorosa, no se atreve apenas a mirar su vientre desnudo, semejante a una avenida de un jardín, donde crece la hierba fina.

Y Marta se dice:

—¿Seré yo un monstruo, entre todas las mujeres?

Jules Renard
No. 26, Septiembre – Octubre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 43

Autorretrato

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Max Jacob es un hombrecito calvo y raro. Desde hace treinta años busca su camino. Ha abandonado todos los géneros de poesía después de haberlos marcado todos con su paso. Su prosa no vale nada, su poesía menos. Pretende haber hallado una nueva psicología con bases astrológicas y su astrología ha sido superada por los psicólogos que no se sirven de ella como ciencia. Max Jacob es un necio. No tiene medios de expresión. En él todo sucede dentro, nada sabe. Si intenta la actitud de hombre inteligente, resulta incomprensible o tedioso. Si la de poeta, se parece a todo el mundo, excepto a él mismo (a pesar de que es suficientemente original para haber sido plagiado, imitado o pisoteado). ¡Es un infeliz! Ensayó ser cristiano sin conseguir otra cosa que el paganismo. No se atreve ya a ser pagano por temor del infierno. ¡Es un infeliz! Tiene mucho éxito pero él solo lo sabe.

Max Jacob
No. 26, Septiembre – Octubre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 21