Legítimo

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Refiere Tommaso Bartolino, De luce hominis et brutorum, 1669, p. 396, que en Francia algunos jurisconsultos no dudaron en declarar legítimo al hijo de una dama noble, aunque traído durante la ausencia del marido, en cuanto consideraron su concepción como efecto de la extraordinaria imaginación e intenso deseo que ella tuvo de juntarse con su cónyuge.

Giuseppe Faggin
No. 27, Diciembre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 228

Sabiduría

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—¿Qué se debe hacer cuando el ruiseñor se niega a cantar?

—Retorcerle el cuello —contestó el primero.

—Obligarle a cantar —dijo el segundo.

—Esperar a que cante —declaró el tercero, que era un sabio.

Leyenda Japonesa
No. 27, Diciembre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 225

Palillos de marfil

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Cuando el rey Chou pidió palillos de marfil, Chi Dse se preocupó. Temía que en cuanto el rey tuviera palillos de marfil no se
contentaría con la loza de barro y querría vasos de cuerno de rinoceronte y jade; y en vez de frijoles y verduras, pediría manjares exquisitos, como cola de elefante y cachorros de leopardo. Difícilmente estaría dispuesto a vestir telas burdas y a vivir bajo un techo de paja; y encargaría sedas y mansiones lujosas.

—Y el temor de a dónde conduciría todo esto, me inquieta —se dijo Chi Dse.

Cinco años después, en efecto, el rey Chou tenía un jardín repleto de manjares, torturaba a sus súbditos con hierros candentes y se embriagaba en un lago de vino. Y así perdió su reino.

Jan Fei Dsi
No. 27, Diciembre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 219

Hacer algo

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Uno de los últimos momentos de tranquilidad en mi vida fueron los que pasé viajando en tranvía al ir y volver del trabajo. Cuando estoy en casa sin hacer nada, siento que debería hacer algo. Pero ¿qué? Ese es el problema. ¿Leer? ¿Escribir? La lectura y la escritura son sólo parte de ese “algo”. ¿Hay alguna otra cosa que pueda hacer además de leer y escribir? No lo sé. Pero en todo caso, siento que algo debo hacer. Aun cuando estoy pensando en las cosas más alegres y tranquilas, sigo sintiéndome perseguido por ese “algo”. El resultado es que no puedo dedicarme a nada.

Ishikawa Takuboku
No. 27, Diciembre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 221

Máquina de la memoria

José Arcadio Buendía decidió entonces construir la máquina de la memoria que una vez había deseado para acordarse de los maravillosos inventos de los gitanos. El artefacto se fundaba en la posibilidad de repasar todas las mañanas, y desde el principio hasta el fin, la totalidad de los conocimientos adquiridos en la vida. Lo imaginaba como un diccionario giratorio que un individuo situado en el eje pudiera operar mediante una manivela, de modo que en pocas horas pasaron frente a sus ojos las nociones más necesarias para vivir.

Gabriel García Márquez
No. 27, Diciembre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 208

Valiente

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Luego se dijo que al señor Valiente-por-la-verdad le habían entregado una citación, con esta marca de que era cierta: Que su cántaro se había quebrado sobre la fuente. Cuando la recibió, llamó a sus amigos para informarlos. Entonces dijo: Voy a juntarme con mis padres, y aunque con mucha dificultad he llegado aquí no me arrepiento de todo el trabajo que me ha costado. Dejo mi espada a quien me suceda en la peregrinación; mi coraje y mi destreza, a quien los alcance. Llevo conmigo mis cicatrices, para que sean un testimonio de que he peleado las batallas de Aquel que ahora me premiará. Cuando le llegó la hora, muchos lo acompañaron hasta la orilla, y al entrar en el río, dijo: ¿Muerte, dónde está tu aguijón? Y al avanzar en lo más hondo: ¿Tumba, dónde está tu victoria? Así lo vadeó, y en la otra orilla resonaron por él todos los clarines. John Bunyan No. 27, Diciembre 1967 Tomo V – Año IV Pág. 207

Traspaso de los sueños

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De pronto dejó de tener pesadilla y se sintió aliviado, pues habían llegado ya a ser una proyección obsedante en las paredes de su alcoba.

Descansado y tranquilo en su sillón de lectura, el criado le anunció que quería verle el señor de arriba.

Como para la visita de un vecino no debe haber dilaciones que valgan, le hizo pasar y escuchó su incumbencia:

—Vengo porque me ha traspasado usted sus sueños.

—¿Y en qué lo ha podido notar?

—Como vecinos antiguos que somos, sé sus costumbres, sus manías y sobre todo sé su nombre, el nombre titular de los sueños que me agobian a mí, que no solía soñar… Aparecen paisajes, señoras, niños con los que nunca tuve que ver…

—¿Pero cómo ha podido pasar eso?

—Indudablemente, como los sueños suben hacia arriba como el humo, han ascendido a mi alcoba, que está encima de la suya…

—¿Y qué cree usted que podemos hacer?

—Pues cambiar de piso durante unos días y ver si vuelven a usted sus sueños.

Le pareció justo, cambiaron, y a los pocos días los sueños habían vuelto a su legítimo sueño.

Ramón Gómez de la Serna
No. 27, Diciembre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 205

El Nifleim

El Nifleim o infierno fue abierto muchos inviernos antes de formar la tierra. En medio de su recinto hay una fuente, de donde salen con ímpetu los ríos siguientes: La Congoja, la Perdición, el Abismo, la Tempestad y el Bramido. A orillas de estos ríos, se eleva un inmenso edificio cuya puerta se abre por el lado de la media noche y está formado de cadáveres de serpientes, cuyas cabezas vueltas hacia el interior, vomitan veneno, del cual se forma un río en que son sumergidos los condenados. En aquella mansión hay nueve recintos diferentes: en el primero habita la muerte, que tiene por ministros al Hambre, la Miseria y el Dolor; poco más lejos se descubre el lóbrego Nastrond o ribera de los cadáveres, y más lejana una floresta de hierro en la que están encadenados los gigantes; tres mares cubiertos de nieblas circundan esa floresta y en ella se hallan las débiles sombras de los guerreros pusilánimes. Sobre los asesinos y perjuros vuela un negro dragón, que los devora y los vomita sin descanso y expiran y renacen a cada momento entre sus anchos ijares; otros condenados son despedazados por el perro Manargamor que vuelve a derecha e izquierda su deforme cabeza, y alrededor de Nifleim giran de continuo el lobo Fenris, la serpiente Mingard y el dios Loke, que vigila por la continuidad de las penas impuestas a los malos y a los cobardes.

Edda

No. 27, Diciembre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 193

Justicia

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Los habitantes de Duzak son devorados por reptiles venenosos, traspasados con puñales, ahogados con humo, sofocados por un olor infecto: las mujeres que con su locuacidad atormentaron a sus maridos, son ahorcadas y su lengua les sale por el cuello.

Pastoret
No. 27, Diciembre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 188

La espada

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Una bruja le dijo al príncipe Ricardo, hermano del rey Harold, que iba a morir victimado por su propia espada. En la noche la arpía fue quemada viva, en la hoguera, para que no revelara ese secreto. Ricardo, protegido por las sombras, arrojó su espada al río. Veinte años después, recordando el funesto presagio, cuando encabezaba a sus soldados, desvió la ruta y prefirió pasar por un puente situado tres millas abajo del sitio donde había arrojado su arma. Fue derribado por su propio caballo y cayó al río, atravesándole su espada el corazón. En veinte años la espada había sido arrastrada tres millas por las aguas.

Óscar Acosta
No. 27, Diciembre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 176

El infierno

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Cuando somos niños, el infierno es nada más que el nombre del diablo puesto en la boca de nuestros padres. Después, esa noción se complica, y entonces nos revolcamos en el lecho, en las interminables noches de la adolescencia, tratando de apagar las llamas que nos queman —¡las llamas de la imaginación!—. Más tarde, cuando ya no nos miramos en los espejos porque nuestras caras empiezan a parecerse a la del diablo, la noción del infierno se resuelve en un temor intelectual, de manera que para escapar a tanta angustia nos ponemos a describirlo. Ya en la vejez, el infierno se encuentra tan a la mano que lo aceptamos como un mal necesario y hasta dejamos ver nuestra ansiedad por sufrirlo. Más tarde aún (y ahora sí estamos en sus llamas), mientras nos quemamos, empezamos a entrever que acaso podríamos aclimatarnos. Pasados mil años, un diablo nos pregunta con cara de circunstancias si sufrimos todavía. Le contestamos que la parte de rutina es mucho mayor que la parte de sufrimiento. Por fin llega el día en que podríamos abandonar el infierno, pero enérgicamente rechazamos tal ofrecimiento, pues ¿quién renuncia a una querida costumbre?

Virgilio Piñera
No. 27, Diciembre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 174

Juego infinito

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Los que querían dormir, no por cansancio sino por nostalgia de los sueños, recurrieron a toda clase de métodos agotadores. Se reunían a conversar sin tregua, a repetirse durante horas y horas los mismos chistes, a complicar hasta los límites de la exasperación el cuento del gallo capón, que era un juego infinito en que el narrador preguntaba si quería que les contara el cuento del gallo capón, y cuando contestaban que sí, el narrador decía no que había pedido que dijeran que sí, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y cuando contestaban que no, el narrador decía que no les había pedido que dijeran que no, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y cuando se quedaban callados el narrador decía que no les había pedido que se quedaran callados, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y nadie podía irse, porque el narrador les decía que no les había pedido que se fueran, sino que si querían que les contara en cuento del gallo capón, y así sucesivamente, en un círculo vicioso que se prolongaba por noches enteras.

Gabriel García Márquez
No. 27, Diciembre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 172

Pintar fantasmas

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Había un artista que pintaba para el príncipe de Chi.

—Dime —le preguntó el príncipe—, ¿cuáles son las cosas más difíciles de pintar?

—Perros, caballos y cosas semejantes —contestó el artista.

—¿Cuáles son las más fáciles?, indagó el príncipe.

—Fantasmas y monstruos —aseguró el artista—. Todos conocemos a los perros y a los caballos y los vemos todos los días, pero es difícil pintarlos como son. Por eso son temas complicados. Pero los fantasmas y los monstruos no tienen forma precisa y nadie los ha visto nunca, por eso es fácil pintarlos.

Jan Fei Dsi
No. 27, Diciembre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 168

Mano de gloria

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Aun hoy, en ciertas zonas rurales, creen en los árboles de hadas, en mesas de brujas, en hierbas mágicas, como la adormidera, la mandrágora, la genciana… Subsisten todavía viejas recetas de la magia negra. La más curiosa es tal vez la “mano de gloria”: se coge una mano de ahorcado, se envuelve en una tela blanca, apretándola bien para hacerle echar la sangre que no estuviese aún coagulada; se mete durante unos quince días en un puchero de barro, con sal o salitre, cimate y pimienta, todo cuidadosamente pulverizado. Luego se pone al sol hasta que está completamente seca, y si el sol no es bastante fuerte, se mete en un horno calentado con helecho y verbena. Se compone después, con grasa de ahorcado, con cera virgen y sésamo, una vela que se pone en la mano de gloria como en un candelero. Por todas partes donde se entre con este maravilloso instrumento, si se ha tenido cuidado de encenderlo, las gentes que se encuentren quedan inmóviles como muertos, lo que es muy cómodo para los criminales.

L. de Gerin-Ricard
No. 27, Diciembre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 157

Gitanos

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Eran gitanos nuevos. Hombres y mujeres jóvenes que sólo conocían su propia lengua, ejemplares hermosos de piel aceitada y manos inteligentes, cuyos bailes y músicas sembraron en las calles un pánico de alborotada alegría, con sus loros pintados de todos los colores que recitaban romanzas italianas, y la gallina que ponía un centenar de huevos de oro al son de la pandereta, y el mono amaestrado que adivinaba el pensamiento, y la máquina múltiple que servía al mismo tiempo para pegar botones y bajar la fiebre, y el aparato para olvidar la mala memoria, y el emplasto para perder el tiempo, y un millar de invenciones más, tan ingeniosas e insólitas, que José Arcadio Buendía hubiera querido inventar la máquina de la memoria para poder acordarse de todos.

Gabriel García Márquez
No. 27, Diciembre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 147