Carl Gustav Jung

Carl Gustav Jung

(Kesswill, 1875 – Küssnacht, 1961)

Psicólogo y psiquiatra suizo. Estudió Medicina en Basilea, e inició su actividad a principios del presente siglo, en la clínica de psiquiatría de la Universidad de Zurich, de la cual fue luego médico director. Tras haber seguido en París, durante un semestre, los cursos de psicopatología dados por Pierre Janet en la Salpêtrière (1902), volvió a Zurich, trabajó en la clínica de Burghölzli bajo la gula de Eugen Bleuler y llevó a cabo estudios que le hicieron muy pronto célebre (Diagnostiche Assoziations-Studien, 1904-1906).

En 1905 fue nombrado profesor libre de Psiquiatría. Mientras actuaba todavía en la última clínica citada, de la que había llegado a ser médico-jefe, conoció en 1907 a Sigmund Freud, con el cual inició una fecunda colaboración. Fue redactor del Jahrbuch für psychoanalytische und psychopathologische Forschungen, dirigido por Bleuler y Freud, y en 1911 llegó a presidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional, recién fundada.

Sin embargo, ya en la obra Wandlungen und Symbole der Libido, publicada en 1912, empezaron a manifestarse divergencias entre su pensamiento y el de Sigmund Freud; en 1913 se produjo la separación definitiva. Jung denominó su propia doctrina “psicología analítica”, y luego “psicología compleja”, para distinguirla incluso en el nombre del psicoanálisis freudiano. En 1920 apareció otra obra suya de importancia capital, Psichologische Typen, en la que definió algunas orientaciones fundamentales de la personalidad humana, buscadas en las culturas e individualidades más diversas de la historia.

Seguro de la ubicuidad de los motivos y de las imágenes (“arquetipos”) del inconsciente profundo, Jung intentó confirmar sus criterios en varios campos de lo conocible y a través de viajes y exploraciones de carácter etnopsicológico que le llevaron sucesivamente al África septentrional, Nuevo México, Kenya, Oriente, etc. Colaboró en diversos trabajos con el sinólogo R. Wilhelm, el indólogo H. Zimmer y el filólogo y mitólogo K. Kerenyi.

De 1933 a 1942 fue profesor del Politécnico de Zurich. Luego dejó la enseñanza por motivos de salud; la misma causa le llevó en 1946 a renunciar a la cátedra de Psicología médica de la Universidad de Basilea, que había aceptado en 1944. En 1943 se le nombró miembro honorario de la Schweizerische Akademie der Medizinischen Wissenschaften. En 1948 fue creado en Zurich, por iniciativa de varias personalidades suizas y de otras naciones, el Instituto C. G. Jung, que coordina la actividad de la escuela junguiana de psicología, publica importantes trabajos y promueve la celebración de congresos y reuniones nacionales e internacionales[1].

 

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Antesalas


Tenía yo un tío anciano, que pensaba en forma rectilínea. Un día me detuvo en la calle y me preguntó: ¿Sabes cómo atormenta el Diablo a los réprobos? Ante mi respuesta negativa, dijo: Los hace esperar. Dicho esto, prosiguió su camino.

Jung, en Ulises
No. 28, Febrero 1968
Tomo V – Año IV
Pág. 344

Caldo de conejo


Un cazador regaló un conejo a Avanti. Éste, encantado, hizo un sabroso caldo con él. Una semana después, golpearon a su puerta.

—¿Quién es? —preguntó Avanti. …—El amigo que te trajo el conejo —respondió el cazador.

Avanti lo invitó a comer caldo de conejo.

Días después, cinco o seis personas llamaron a la puerta. “Somos —anunciaron— los amigos del amigo que te regaló el conejo”.

Avanti les ofreció té y caldo. La noticia se esparció rápidamente, y poco después nueve o diez personas se presentaron en casa de Avanti.

—Somos los amigos de los amigos del amigo que te regaló el conejo, señalaron.

—¡Espléndido! ¡Pasen!, dijo cordialmente Avanti.

Los hizo pasar al cuarto y les obsequió una fuente con agua sucia y de mal aspecto.

—¿Qué es esto? —dijeron los visitantes tapándose las narices con disgusto.

—Esto —dijo Avanti— es el caldo del caldo del caldo del conejo que me regaló mi amigo.

Anónimo Uighur
No. 28, Febrero 1968
Tomo V – Año IV
Pág. 335

No se conocían


Una vez se le ocurrió al Ser Supremo dar un gran festín en sus palacios azules. Y todos los virtuosos fueron invitados a él.

Reuniéronse muchedumbre de ellos…, grandes y chicos. Los pequeños virtuosos resultaban más simpáticos y amables que los grandes; pero todos parecían satisfechos…, y cortésmente conversaban entre sí, como cumple tratándose de parientes próximos y de amigos…

…Pero he aquí que el Ser Supremo hubo de fijarse en dos bellísimas señoras que, al parecer, no se conocían. Y el anfitrión cogió de la mano a una de aquellas damas y la presentó a la otra.

—¡La Beneficencia! —dijo señalando a la primera.

—¡La Gratitud! —añadió, señalando a la otra.

Ambas virtuosas se miraron con indecible asombro; desde que el mundo es mundo… —y miren si hace tiempo— ¡aquélla era la primera vez que se encontraban!

Iván S. Turgueniev
No. 28, Febrero 1968
Tomo V – Año IV
Pág. 335

De Kelserling


—Conocí a un hombre que recibía noticias del cielo. Un día me comunicó las últimas novedades que se contaban en el cielo. ¿Saben ustedes cuales eran? Que puede ser que Lucifer se redima con un acto de arrepentimiento; que Lucifer puede redimirse, pero no sus criaturas.

Alfonso Reyes
No. 28, Febrero 1968
Tomo V – Año IV
Pág. 330

Tres o cuatro castañas


Un amaestrador de monos, en el Reino de Sung, era muy aficionado a estos animales y mantenía un gran número de ellos. Era capaz de entenderles, y los monos a él. Por supuesto, tenía que apartar una poción de la comida de su familia para dársela a ellos. Pero llegó un día en que no sobraba comida en casa y él quiso disminuir la razón de los monos. Temía, sin embargo, que no estuviesen de acuerdo con esto, y decidió engañarlos.

—Les daré tres castañas cada mañana y cuatro cada tarde —les dijo—. ¿Será suficiente?

Todos los monos se alzaron en señas de protesta.

—Bueno, ¿qué les parece entonces: cuatro en la mañana y tres en la tarde?

Los monos, esta vez, volvieron a ponerse en cuclillas, bastante satisfechos.

Chuang Dsi
No. 28, Febrero 1968
Tomo V – Año IV
Pág. 329

Trinchera


En el frente, año de 1917. Un general efectúa una visita de inspección. Dirigiéndose a un poilu, que hace guardia en la trinchera, pregunta:

…—¿Qué hay en el otro lado? (Quería decir “qué sucede en el campo enemigo?

El soldado, mientras carga su pipa, responde con flema:

—¿Que qué hay en el otro lado? Los otros imbéciles.

Anónimo
No. 28, Febrero 1968
Tomo V – Año IV
Pág. 325

De amor


—Sí, el amor. Dicen que el amor muere entre dos personas. Eso no es cierto. No muere. Lo deja a uno, se va si uno no es digno, si uno no lo merece bastante. No muere, uno es el que muere. Es como el océano: si uno no sirve, si uno empieza a apestar en él, lo escupe en alguna parte para que se muera. Uno se muere de cualquier modo, pero yo prefiero ahogarme en el océano a que me escupa a una faja de playa muerta, y que el sol me reseque hasta convertirme en una manchita sucia sin nombre.

William Faulkner
No. 28, Febrero 1968
Tomo V – Año IV
Pág. 317

Los cuartos infinitos


Cuando estaba solo, José Buendía se consolaba con el sueño de los cuartos infinitos. Soñaba que se levantaba de la cama, abría la puerta y pasaba a otro cuarto igual, con la misma cama de cabecera de hierro forjado, el mismo sillón de mimbre y el mismo cuadrito de la Virgen de los Remedios en la pared del fondo. De ese cuarto pasaba a otro exactamente igual, cuya puerta abría para pasar a otro exactamente igual, y luego a otro exactamente igual, hasta el infinito. Le gustaba irse de cuarto en cuarto, como en una galería de espejos paralelos, hasta que Prudencio Aguilar le tocaba el hombro. Entonces regresaba de cuarto en cuarto, despertando hacia atrás, recorriendo el camino inverso, y encontraba a Prudencio Aguilar en el cuarto de la realidad. Pero una noche, dos semanas después de que lo llevaron a la cama, Prudencio Aguilar le tocó el hombro en un cuarto intermedio, y él se quedó allí para siempre, creyendo que era el cuarto real.

Gabriel García Márquez
No. 28, Febrero 1968
Tomo V – Año IV
Pág. 319

Brujería del gato


Por complicidad con la bruja había sido enjaulado el gato.

Los inquisidores sospechaban que podía haber diablo escondido bajo la piel del gato y fue sentenciado a arder en pira aparte, porque podía haber pecado de bestialidad al quemar en la misma hoguera persona humana y animal.

Bien maniatado con cadenas, el gato brujesco produjo un repeluzno de escalofrío entre los asistentes al auto de fe. Había algo de caza luciferiana en la presencia del gato.

La leña de la propiciación comenzó a arder y durante un largo rato se oyeron maullidos infernales, hasta que al final, ya consumida la fogata, se vieron sobre las cenizas dos ascuas que no se apagaban, los dos ojos fosforescentes del gato.

Ramón Gómez de la Serna
No. 28, Febrero 1968
Tomo V – Año IV
Pág. 313

Los silenciosos


—Éranse una vez, en un café, dos amantes, que ya no tenían nada que decirse. Su aspecto, de aflicción más que de otra cosa. Esta aflicción era en el hombre enteramente externa; en la mujer enteramente interna. En la mujer tienen que hacerse internas todas las exterioridades. La aflicción de aquella mujer produjo en ella un resentimiento complejo que estalló en estas palabras:

“Ya podías decirme algo; siquiera por la gente”. —En vano buscó el hombre, desesperadamente, un argumento. La mujer no podía o no quería sugerírselo.

Pero como ambos, aunque amantes, eran dos personas de espíritu, llegaron prontamente a un acuerdo: se pusieron a contar en voz baja. El hombre comenzó, acercándose a ella, con expresión misteriosa: —Uno, dos, tres… —La mujer replicó adusta: —Cuatro, cinco, seis, siete. —el hombre al oír aquellas palabras, se dulcificó y murmuró con patetismo: —Ocho, nueve, diez. —No se convenció la mujer, por lo visto, y le fulminó una descarga: —Once, doce, trece… Y así continuaron hasta que se hizo de noche…”

Massimo Bontempelli
No. 28, Febrero 1968
Tomo V – Año IV
Pág. 311

Cambio de casa


…Una noche cuatro ladrones entraron en el hogar de Avanti.

Moviéndose con gran cuidado, para no despertarlo, reunieron muebles y propiedades y escaparon.

No iban a la mitad del patio, cuando notaron que había llegado un quinto individuo, que llevaba algunos pequeños objetos en las manos.

—¿Qué haces aquí?, —susurró uno de los ladrones.

—Soy yo tan solo —contestó Avanti—. Hace tiempo quería mudarme de casa, pero no podía pagar un carro para transportar mis bienes. Es muy amable de ustedes el ayudarme.

Anónimo Uighur
No. 28, Febrero 1968
Tomo V – Año IV
Pág. 299

El Shui-mang


El shui-mang es una hierba venenosa. Es trepadora, como el frijol, y tiene flores rojas semejantes. Aquellos que la comen mueren, y se convierten en demonios shui-mang; de acuerdo a la tradición, tales demonios no pueden nacer de nuevo a menos que encuentren, para sustituirlos, a alguien que también vaya comido este veneno. Estos demonios shui-mang abundan en la provincia de Huan, donde, a propósito, la frase “hombre del mismo año” se aplica a aquellos nacidos en el mismo año, que intercambian visitas y se llaman entre sí hermanos, y cuyos niños llaman tío al “hermano” de su padre. Esto se ha vuelto una costumbre muy observada allí.

Giles
No. 28, Febrero 1968
Tomo V – Año IV
Pág. 297

Alcahueta


La alcahueta, cuando usa alcahuetería, es como un diablo y trae forma de él, y es como ojo y oreja del diablo, al fin es como mensajera suya. Esta tal mujer suele pervertir el corazón de otras y las trae a su voluntad, a lo que ella quiere: es muy retórica en cuanto habla, usando de unas palabras sabrosas para engañar, con las cuales como unas rosas anda convidando a las mujeres, y así trae con sus palabras dulces a los hombres abobados y embelesados.

Fray Bernardino de Sahagún
No. 28, Febrero 1968
Tomo V – Año IV
Pág. 294

Picardía


En Pekín, no se permite que las cosas se construyan sobrepasando cierta altura, pues durante los largos meses de verano las damas tienen la costumbre de sentarse a tejer o a coser en sus patios, con ropas muy ligeras.

Giles
No. 28, Febrero 1968
Tomo V – Año IV
Pág. 290

El hombre al fondo del pozo


Hubo en un tiempo en el Estado de Sung, un tal señor Ting que no tenía pozo. Cada día, un hombre de la servidumbre dedicaba todo su tiempo para asegurarle el servicio del agua, pues debía ir a buscarla muy lejos. Para simplificar el trabajo, Ting hizo cavar un pozo en el patio.

—Al hacer cavar ese pozo en mi patio, me he ganado un hombre —le dijo a un amigo.

Este amigo se lo contó a otro, y, pasando de boca en boca, la observación se convirtió en esto:

“El señor Ting, al cavar un pozo en su patio, encontró un hombre”.

Estas palabras se divulgaron a través de toda la región y llegaron a oídos del rey, quien hizo llamar a Ting para saber de que manera había encontrado a un hombre en el fondo de su pozo.

Ting le explicó:

—Ese pozo cavado en mi patio, me evitó tener que hacer acarrear el agua desde tan lejos y por lo tanto me proporcionó dos brazos más para los trabajos de casa, ¡eso es todo!

Dsi Jua Dsi
No. 28, Febrero 1968
Tomo V – Año IV
Pág. 287

Cuento chino


Cierto hombre, que había comprado una vaca magnífica, soñó la misma noche que crecían alas sobre la espalda del animal, y que éste se marchaba volando. Considerando esto un presagio de infortunio inminente, llevó la vaca al mercado nuevamente, y la vendió con gran pérdida. Envolviendo en un paño la plata que recibió, la echó sobre su espalda, y a mitad del camino a su casa, vio a un halcón comiendo parte de una liebre. Acercándose al ave, descubrió que era bastante mansa, de manera que le ató una pata a una de las esquinas del paño en que estaba su dinero. El halcón aleteaba mucho, tratando de escapar, y tras un rato, al aflojarse momentáneamente la mano del hombre, voló con todo y el trapo y el dinero. “Fue el destino”, dijo el hombre cada vez que contó la historia; ignorante de que, primero, no debe tenerse fe de los sueños; y segundo, de que la gente no debe recoger cosas que ve al lado del camino. Los cuadrúpedos generalmente no vuelan.

Anónimo
No. 28, Febrero 1968
Tomo V – Año IV
Pág. 285

Lenocinio


De otro modo se comete lenocinio, y es cuando algún hombre mujer, siendo tercero o lo que llaman alcahuete, procuran y solicitan que alguna mujer sea conocida de hombre por carnal acceso y también por el contrario. Antes, a estos conciliadores de voluntades se les daba y ponía pena de muerte, siendo las mujeres solicitadas doncellas, casadas o viudas honestas; pero ya por la dicha general costumbre los empluman, y llevando corozas en las cabezas son públicamente avergonzados.

Los canonistas
No. 28, Febrero 1968
Tomo V – Año IV
Pág. 279

Ley profunda


Se trata de libertarnos, simplemente. De enseñarnos a descubrir —sin libros, porque el mago no debe valerse de subterfugios— la ley profunda que cada uno lleva en el eje de la vida. El acento pasa del saber al comprender. Y el que comprende, crea. La sabiduría es un peso específico del alma, y no una suma de conocimientos allegados desde afuera. El pensamiento tiene que encarnar en la vida Lagos spermatikós.

Alfonso Reyes
No. 28, Febrero 1968
Tomo V – Año IV
Pág. 273

Educación


Y en este punto, es fácil que piense de Inglaterra lo que de la educación de su hijo pensaba la viuda de Shelley:

—Lo llevaremos —le decía un amigo en cierta ocasión— a una escuela donde le enseñen a conducirse de acuerdo con sus propias ideas.

—No, gracias —repuso al instante la viuda—. Así fue educado su padre. Pero yo para mi hijo preferiría una escuela donde lo enseñaran a conducirse de acuerdo con las idea de los demás.

Alfonso Reyes
No. 28, Febrero 1968
Tomo V – Año IV
Pág. 259

La sangre azul


Ilustres personas son llamadas en latín las personas honradas que son puestas en dignidades, así como los reyes y los que descienden de ellos, y los condes y los que descienden de ellos, y los otros hombres honrados semejantes a éstos. Y estos tales, como quiera que según las leyes pueden recibir las barraganas, hay tales mujeres que no las deben recibir, así como la cierva o hija de cierva. Ni la que fuese afforrada, ni su hija, ni juglaresa, ni tabernera, ni regatera, ni sus hijas, ni otra persona de aquellas que son llamadas viles por razón de sí mismas o por razón de aquellos de quienes descendieron. Y si alguno de los sobredichos hiciese contra esto y tuviese de tal mujer hijo, según las leyes, no sería llamado hijo natural, sino espurio, que quiere decir tanto como fornecino. Y además, tal hijo como éste no debe participar en los bienes del padre, ni está el padre obligado a criarlo si no quisiere.

Alfonso X en Partida IV
No. 28, Febrero 1968
Tomo V – Año IV
Pág. 269