Los niños y el tren

3 top

Atrás de las jaulas se levanta la estación del ferrocarril. Un buen número de niños sube a él, a veces acompañados por sus padres. Suben con regocijo, y cuando el tren comienza su marcha se sobresaltan y luego miran con júbilo la maleza, los bosques, el lago artificial. Lo único singular en este tren es que nunca regresa, y cuando lo hace, los niños que una vez subieron a él son ahora hombres que, como tales, están llenos de miedo y de resentimiento.

José Emilio Pacheco, en EL VIENTO DISTANTE
No. 3, Julio -1964
Tomo I – Año I
Pág. 98

Anuncios

Sin alas

3 top

Un árabe encontró al Profeta y le dijo:

¡Oh, apóstol de Dios! Me gustan los caballos. ¿Hay caballos en el Paraíso?

El profeta respondió:

Si vas al Paraíso, tendrás un caballo con alas, y lo montarás e irás donde quieras.

El árabe replicó:

Los caballos que me gustan no tienen alas.

Thomas Patrick Hughes, A DICTIONARY OF ISLAM
No. 3, Julio -1964
Tomo I – Año I
Pág. 85

El gran Brahamán

3 top

Los discípulos preguntaron una vez al sabio maestro de la India cual era el gran brahmán, es decir, la mayor sabiduría. El maestro no respondió. Creyendo los discípulos que estaba distraído, reiteraron la pregunta. Pero el maestro calló también. Otra vez insistieron los discípulos, sin obtener mejor respuesta. Cuando se hubieron cansado de preguntar, el maestro abrió la boca y dijo:

¿Por qué habéis repetido tantas veces vuestra pregunta, si a la primera os respondí? Sabed que la mayor sabiduría es el silencio.

Contado por José Ortega y Gasset
No. 3, Julio -1964
Tomo I – Año I
Pág. 84

El ciervo escondido

3 top

Un leñador de Cheng se encontró en el campo con un ciervo asustado y lo mató. Para evitar que otros lo descubrieran, lo enterró en el bosque y lo tapó con hojas y ramas. Poco después olvidó el sitio donde lo había ocultado y creyó que todo había ocurrido en un sueño. Lo contó, como si fuera un sueño, a toda la gente. Entre los oyentes hubo uno que fue a buscar el ciervo escondido y lo encontró. Lo llevó a su casa y dijo a su mujer:

Un leñador soñó que había matado un ciervo y olvidó donde lo había escondido, y ahora yo lo he encontrado. Ese hombre sí que es un soñador.

Tú habrás soñado que viste un leñador que había matado un ciervo ¿Realmente crees que hubo un leñador? Pero como aquí está el ciervo, tu sueño debe ser verdadero – dijo la mujer.

Aun suponiendo que encontré el ciervo por un sueño –contestó el marido-, ¿a qué preocuparse averiguando cuál de los dos soñó?

Aquella noche, el leñador volvió a su casa pensando todavía en el ciervo y realmente soñó, y en el sueño soñó el lugar donde había ocultado el ciervo y también soñó quien lo había encontrado. Al alba fue a casa del otro y encontró el ciervo. Ambos discutieron y fueron ante un juez, para que resolviera el asunto. El juez le dijo al leñador:

Realmente mataste un ciervo y creíste que era un sueño. Después soñaste realmente y creíste que era verdad. El otro encontró el ciervo y ahora te lo disputa, pero la mujer piensa que soñó que había encontrado un ciervo que otro había matado. Luego nadie mató al ciervo. Pero como aquí está el ciervo, lo mejor es que se lo repartan.

El caso llegó a oídos del rey de Cheng, y el rey de Cheng dijo:

¿Y ese juez no estará soñando que reparte un ciervo?

Liehtse (c. 300 a. C.)
No. 3, Julio -1964
Tomo I – Año I
Pág. 65

¿Ningún mensaje?

3 top

El general observaba desde su refugio de hormigón los intentos de una guerrilla avanzada para tomar una colina fuertemente defendida por el enemigo. Por sus gemelos vio destacarse una figura que se dirigía corriendo hacia el refugio.

Minutos después un soldado entraba y se sentaba sobre una caja de municiones.

Bueno, amigo –dijo el general impaciente- ¿qué mensaje traes?
No traigo ningún mensaje – respondió el soldado.

¿Ningún mensaje? ¿Entonces qué haces aquí? –Y señalando la colina añadió-: Vuelve inmediatamente, allá está la lucha.

Maldita sea la lucha –repuso el soldado-. Se están matando unos a otros.

John Braine
No. 3, Julio -1964
Tomo I – Año I
Pág. 83

La sentencia

3 top

Aquella noche, en la hora de la rata, el emperador soñó que había salido de su palacio y que en la oscuridad caminaba por el jardín, bajo los árboles en flor. Algo se arrodilló a sus pies y le pidió amparo. El emperador accedió; el suplicante dijo que era un dragón y que los astros le habían revelado que al día siguiente, antes de la caída de la noche. Wei Cheng, ministro del emperador, le cortaría la cabeza. En el sueño, el emperador juró protegerlo.

Al despertarse, el emperador preguntó por Wei Cheng. Le dijeron que no estaba en el palacio; el emperador lo mandó buscar y lo tuvo atareado el día entero, para que no matara al dragón, y hacia el atardecer le propuso que jugaran al ajedrez. La partida era larga, el ministro estaba cansado y se quedó dormido.

Un estruendo conmovió la tierra. Poco después irrumpieron dos capitanes que traían una inmensa cabeza de dragón empapada en sangre. La arrojaron a los pies del emperador y gritaron:
Cayó del cielo.

Wei Cheng, que había despertado, la miró con perplejidad y observó:

¡Qué raro; yo soñé que mataba a un dragón así!

Wu Ch’eng-en (c. 1505 – c. 1580)
No. 3, Julio -1964
Tomo I – Año I
Pág. 64

El noveno esclavo

3 top

Ibrahim, príncipe de Shirvan, besó la ínfima grada del trono de su conquistador. Sus ofrendas de sedas, de alhajas y de caballos, constaban –según es uso de los tártaros- de nueve piezas cada una, pero un espectador observó que sólo había ocho esclavos. “El noveno soy yo”, declaró Ibrahim, y su lisonja mereció la sonrisa del Tamerlán

DECLINE AND FALL OF THE ROMAIN EMPIRE, de Gibbon
No. 3, Julio -1964
Tomo I – Año I
Pág. 61

Metamorfosis

3 top

No era brusco Gazel, pero decía cosas violentas e inesperadas en el idilio silencioso con Esperanza.

Aquella tare había trabajado mucho y estaba nervioso, deseoso de decir alguna gran frase que cubriese a su mujer, asustándola un poco. Gazel, sin levantar la vista de su trabajo, le dijo de pronto:

¡Te voy a clavar con un alfiler como a una mariposa!

Esperanza no contestó nada, pero cuando Gazel volvió la cabeza vio como por la ventana abierta desaparecía una mariposa que se achicaba a lo lejos, mientras se agrandaba la sombra en el fondo de la habitación.

Ramón Gómez de la Serna
No. 3, Julio -1964
Tomo I – Año I
Pág. 58

El diablo atado

3 top

1. Vi también descender del cielo a un ángel, que tenía la llave del abismo, y una gran cadena en su mano;

2. Y agarró al dragón, a aquella serpiente antigua que es el Diablo, y Satanás, y le encadenó por mil años;

3. Metiólo en el abismo, y le encerró, y puso sello sobre él para que no ande más engañando a las gentes, hasta que se cumplan los mil años, después de los cuales ha de ser soltado por un poco de tiempo.

APOCALIPSIS, de San Juan.
No. 3, Julio -1964
Tomo I – Año I
Pág. 57

Un aurívoro

3 top

No puedo resistir la tentación de citar este rasgo francés: un amigo mío, deseando adquirir una finca de un millón aproximadamente, en el centro de Francia, escribió a un notario de provincia. No tuvo contestación, cosa que le extrañó. Supo entonces de un modo indirecto que “el despacho del notario X no tomaba en consideración las cartas que no contuviesen un sello de vainticinco céntimos para la contestación”.

Paul Morand, en LOS SIETE PECADOS CAPITALES.
No. 3, Julio -1964
Tomo I – Año I
Pág. 56

La astucia de Morgon-Kara

3 top

Los Buriat de Irkutsk –Siberia-, por ejemplo, afirman que Morgon-Kara, su primer shamán, era tan competente que podía atraer las almas de los muertos. Por ese motivo, el Señor de los Muertos se quejó al Alto Dios del Cielo, y Dios decidió poner a prueba al shamán. Tomó posesión del alma de cierto hombre y la metió en una botella, cubriendo la boca con la yema de su pulgar. El hombre enfermó y sus parientes buscaron a Morgon-Kara. El shamán buscó por todas partes el alma que faltaba. Buscó por el bosque, por las aguas, por los desfiladeros de las montañas, la tierra de los muertos, y al fin, subió, montado en su tambor, al mundo de arriba, en donde fue forzado a buscar por un largo tiempo. Entonces observó que el Alto Dios del Cielo, tenía una botella tapada con la yema de su pulgar, y reflexionando sobre esa circunstancia, cayó en cuenta de que adentro de la botella estaba el alma que él había venido a buscar. El astuto shamán se convirtió en avispa. Voló hacia Dios y le dio un aguijonazo tan fuerte en la frente, que le hizo quitar el pulgar de la abertura, y la cautiva huyó. Antes de que Dios pudiera evitarlo, ya iba el shamán Morgan-Kara sentado en su tambor y camino a la tierra con el alma recobrada.

Joseph Campbell, en EL HEROE DE LAS MIL CARAS.
No. 3, Julio -1964
Tomo I – Año I
Pág. 53

Amor a Dios

3 top

San Luis Rey mandó a Ivo, obispo de Chartres, en embajada y éste le refirió que en el camino encontró a una matrona grave y airosa, con una antorcha en la mano y un cántaro en la otra; y notando que su aspecto era melancólico, religioso y fantástico le preguntó que significaban esos símbolos, y qué se proponía hacer con su fuego y su agua. Replicó: “El agua es para apagar el Infierno; el fuego, para incendiar el Paraíso. Quiero que los hombres amen a Dios por el amor de Dios.”

Jeremy Taylor (1613-1667)
No. 3, Julio -1964
Tomo I – Año I
Pág. 39

La mujer regalada

3 top

143-145 top

Atacaban Constantinopla los ingleses y fracasaron en su empeño gracias a los consejos del general Sabastiani. Agradecido, el sultán Salim le dijo:

—Pídeme cuanto quieras y te lo concederé.

—Ruego a su alteza que me deje ver el harén.

—Está bien, lo verás.

Luego de haberlo visitado, le preguntó el sultán.

—¿Te agradó alguna de las mujeres que viste?

—Sí —respondió el general y señaló a una de ellas.

—Está bien —dijo nuevamente el sultán.

Y en la noche, el general Sebastiani recibió en un plato maravillosamente cincelado la cabeza de la mujer que lo cautivara, con este mensaje.

“En mi calidad de musulmán, no podía ofrecerte a ti, cristiano, una mujer de mi religión. Pero puedes estar seguro de que ésta, en la que demoraste tus miradas, ya no pertenecerá a nadie en la tierra”.

Julio y Edmundo Gouncourt, en DIARIO
No. 3, Julio -1964
Tomo I – Año I
Pág. 29

Julio y Edmundo de Gouncourt
No. 143-145, Abril-Diciembre 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 117

Día franco

3 top

143-145 top

En aquellos confines del Paraíso el viajero vio un árbol cargado de pájaros blancos, que tenían no sé qué de melancólicos.

—¿Quiénes son esos pájaros? —preguntó.

—Son las almas de los réprobos —le contestaron—. Los domingos tienen permiso para salir del Infierno.

Carmelo Soldano, INFORME SOBRE LOS FERIADOS
No. 3, Julio -1964
Tomo I – Año I
Pág. 28

Carmelo Soldano
No. 143-145, Abril-Diciembre 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 69

Acto de fe

3 top

143-145 top

Chu Fu Tze, negador de milagros, había muerto; lo velaba su yerno. Al amanecer, el ataúd se elevó y se quedó suspendido en el aire, a dos cuartas del suelo. El piadoso yerno se horrorizó.

—Oh, venerado suegro —suplicó—, no destruyas mi fe de que son imposibles los milagros.

El ataúd, entonces, descendió lentamente, y el yerno recuperó la fe.

Giles, en CONFUNCIANISM AND ITS RIVALS (1915)
No. 3, Julio -1964
Tomo I – Año I
Pág. 26

Giles
No. 143-145, Abril-Diciembre 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 68