El vendedor de inquietudes

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(En la feria de las novedades psicológicas. Mil años después de Freud.)

—Venid: fabricados científicamente, perfeccionados por prácticas centenarias de laboratorio, os ofrezco procedimientos increíbles, capaces de cambiar vuestro pacífico orden por inquietudes sutiles, tormentosas o crueles; inquietudes que llenan nomás un instante de la vida y que son luego un recuerdo melancólico de cosas que tal vez no fueron; inquietudes que llenan una vida y la sujetan al yugo de la dura necesidad; inquietudes que hacen cambiar un mundo e inquietudes que rizan levemente un espíritu con la magia de lo inútil. Yo puedo daros el regalo de lo imprevisto y poner en vuestra sencillez el fermento de la divinidad. Tengo aquí para vosotros un poco de dolor y un poco de gracia.

Carlos Díaz Dufoo (hijo)
No. 32, Septiembre 1968
Tomo V – Año V
Pág. 806

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Hindú

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Gautama, que es un espíritu contemplativo, expresa así su primera iluminación:

De la ignorancia vienen los Sankharas.

De los Sankharas viene la conciencia.

De la conciencia viene el número y la forma.

Del número y forma vienen las seis provincias
.
De las seis provincias viene el contacto.

Del contacto viene la sensación.

De la sensación viene la sed.

De la sed viene el apego.

Del apego viene la existencia.

De la existencia viene el nacimiento.

Del nacimiento vienen la vejez, la muerte, la pena, los lamentos, el dolor, el abatimiento, la desesperación.

Henri Michaux
No. 32, Septiembre 1968
Tomo V – Año V
Pág. 804

Contrapeso

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Sucede que, en ciertas asociaciones, conyugales o amistosas, que suponen la vida en común, el buen sentido de la pareja o de la yunta, queda en cierto modo indiviso y que el exceso de uno de los consortes provoca, a manera de contrapeso, un exceso contrario del otro consorte. Así, el exceso de piedad de la mujer puede llevar al marido al ateísmo; el uno se hace más negligente a medida que el otro, que era sólo ordenado, se hace más minucioso; el uno más avaro a medida que el otro más pródigo. Si el uno pone todo bajo llave, el otro, al contrario, deja todo tirado. Análogamente, vemos en las mandíbulas de los roedores que un diente del maxilar inferior se alarga cuando falta el diente correspondiente del maxilar superior.

André Gide
No. 32, Septiembre 1968
Tomo V – Año V
Pág. 799

La vida

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No era ni siquiera materia y no era espíritu. Era algo entre los dos, un fenómeno llevado por la materia, semejante al arco iris sobre la catarata, y semejante a la llama. Pero, aunque no sacase nada de la materia, era sensual hasta la voluptuosidad y hasta la repugnancia, el impudor de la naturaleza convertida en sensitiva y sensible a ella misma, era la forma impúdica del ser. Era una veleidad secreta y sensual en el frío casto del universo, una impureza íntimamente voluptuosa de nutrición y excreción, un soplo excretor de ácido carbónico y de sustancias nocivas de procedencia y de naturaleza desconocidas. Era la vegetación, el desarrollo y la proliferación de algo hinchado, hecho de agua, de albúmina, de sal y de grasas, que se llama carne y que se convierte en forma, imagen y belleza, pero que es el principio de la sensualidad y del deseo. Pues esta forma, esta belleza, no es llevada por el espíritu, como en las obras de la poesía y de la música; no es tampoco llevada por una sustancia neutra y espiritualmente absorbida, por una sustancia que encarne el espíritu de una manera inocente, como se manifiestan la forma y la belleza de las obras plásticas. Es, por el contrario, llevada y desarrollada por la sustancia que despierta, de una manera desconocida, a la voluptuosidad, por la misma materia orgánica que vive descomponiéndose, por la carne perfumada…

Thomas Mann
No. 32, Septiembre 1968
Tomo V – Año V
Pág. 795

Muda completa

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Me he dado cuenta hacia el mediodía de que mi mal humor de esta mañana, a pesar de una noche de sueño excelente, como no había conocido desde hacía tiempo, se debía también y sobre todo a que no estaba afeitado, a que mi cuello estaba sucio, a que tenía el traje todo arrugado después de dos noches de acostarme vestido, a que mis zapatos estaban sin lustrar, etc. Mi mirada, mi ánimo, no podían fijarse en sitio alguno que no les hiciera daño… una llamada por teléfono de Monthertant vino muy a punto, como un canto del gallo, para poner en fuga a los fantasmas crepusculares. He subido a lavarme, afeitarme y cambiarme de ropa interior, traje y pensamientos.

André Gide
No. 32, Septiembre 1968
Tomo V – Año V
Pág. 791

Circe

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“No hay sueños en mí, Ulises. No proyecto sombra sobre cosa alguna. El mundo es como una rueda radiante que comienza a girar cada mañana cuando abro los ojos. ¡Es todo tan sencillo! Un pájaro atraviesa el cielo: vuela, nada más. Una herramienta es brillante y dura: ha sido hecha por el ingenio. El mar está siempre despierto; las piedras duermen siempre. Yo no sueño, Ulises: cuento: una brizna, las estrellas, el aroma del heno, la lluvia, los árboles. Y como no quiero repetir nada, a nada le pido permanencia. La vida es como el agua: tócala con la mano abierta y la sentirás vivir, siempre igual en su fuga. Pero si aprietas la mano para cogerla, la pierdes. Mucha gente ha pasado, de muchas leyes y distintos países, por esta casa de orillas del mar. Y en cada uno la felicidad tenía un nombre diferente; pero se trataba siempre de alguna vieja y arrugada historia que llevaban a cuestas. ¡Quédate, Ulises!”

Agustí Bartra
No. 32, Septiembre 1968
Tomo V – Año V
Pág. 781

El anostos

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En los confines del País de los Meropes se encuentra un abismo, el Anostos, lleno de un fluido rojo que no es luz ni tinieblas, por el que corren dos ríos: el río del Placer y el río del Dolor, en cuyas riveras crecen diversos árboles cuyos frutos tienen las mismas propiedades que cada uno de dichos ríos.

Teopompo
No. 32, Septiembre 1968
Tomo V – Año V
Pág. 773

El tiempo

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¿Qué es el tiempo? Un misterio sin realidad propia y omnipotente. Es una condición del mundo fenomenal, un movimiento mezclado y unido a la existencia de los cuerpos en el espacio y a su movimiento. Pero ¿habría tiempo si no hubiese movimiento? ¿Habría movimiento si no hubiese tiempo? ¡Es inútil continuar preguntando! ¿Es el tiempo función del espacio? ¿O es lo contrario? ¿Son ambos una misma cosa? ¡Es inútil seguir preguntando! El tiempo es activo, produce. ¿Qué produce? Produce el cambio. El ahora no es el entonces, el aquí no es el allí, pues entre ambas cosas existe siempre el movimiento. Pero como el movimiento por el cual se mide el tiempo es circular y se cierra sobre sí mismo, ese movimiento y ese cambio se podrían calificar perfectamente de reposo y de inmovilidad. El entonces se repite sin cesar en el ahora, y el allá se repite en el aquí. Y como, por otra parte, a pesar de los más desesperados esfuerzos, no se ha podido representar un tiempo finito, ni un espacio limitado, se ha decidido creer que el tiempo y el espacio son eternos e infinitos con la esperanza de conseguir una explicación un poco más perfecta. Pero al establecer el postulado de lo eterno y de lo infinito, ¿no se destruye lógica y matemáticamente todo lo finito y todo lo limitado? ¿No queda todo reducido a cero? ¿Es posible una sucesión de lo eterno? ¿Es posible una superposición en lo infinito? ¿Cómo poner de acuerdo estas hipótesis auxiliares de lo eterno y de lo infinito con los conceptos de distancia, movimiento y cambio? ¿No queda más que la presencia de los cuerpos limitados en el universo? ¡Es inútil preguntar!

Thomas Mann
No. 32, Septiembre 1968
Tomo V – Año V
Pág. 771

Salidas infantiles

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En casa de los Van Rysselberghe, se citaban salidas infantiles. Aunque las “frases de niños” me fastidian por lo general, consigno aquí las que me parecieron mejores.

El pequeño Bonnier a quien le preguntaron qué hacía en clase:

—Esperar que salgamos.

Tratan de que Francis Y. se compadezca de los padecimientos de Cristo en la Cruz y se indigne contra los miserables que lo han clavado en ella. El chico mira al crucifijo de la pared y dice:

—Tenían que clavarlo para que se mantuviera así.

Cito al pequeño Gérard, quien, cuando le daban una zurra, decía llorando:

—¡Es una pena!

Entre las frases más bonitas, está la de la pequeña Elizabeth, la hija de Théo Van Rysselberge. Un día se hizo un corte y, aterrada al ver correr su sangre, corrió hacia sus padres gritando:

—¡Estoy perdiendo toda mi salsa!

Cuando se le enseñaba a leer, se ayudaba a su memoria por todos los medios. Se le decía que, con A, se hace Alicia; con B, Berta; con T, Théo, etc.

Cuando al día siguiente, le hicieron repetir las letras, le preguntaron: “¿Y con T?” A lo que la niña contestó enseguida: “Con T se hace papá”.

Esta otra frase, del pequeño Claude Laurens. En una merienda de niños, en la que se preguntaba a cada cual qué desearía hacer de mayor, se le oye en esto declarar: “Yo, me casaré con una mujer fea”. Y ante el estupor general añade: “Para hacer reír a mis amigos”.

André Gide
No. 32, Septiembre 1968
Tomo V – Año V
Pág. 766

El zorro y el tigre

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Andando de cacería, el tigre cazó al astuto zorro.

—A mí no puedes devorarme —arguyó el zorro— porque el Emperador del Cielo me ha nombrado rey de los animales. Si no me lo crees, acompáñame; pronto verás como todos los demás animales huyen en cuanto me ven.

El tigre accedió y confirmó lo que aseguraba el zorro: en cuanto los demás animales los veían aparecer, huían despavoridos.

Fábula china
No. 32, Septiembre 1968
Tomo V – Año V
Pág. 752

La modelo

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Natanson me cuenta estas palabras de Maillol:
—¡El modelo! ¡El modelo! ¿Qué me importa a mí el modelo? Cuando tengo necesidad de informarme, voy en busca de mi mujer a la cocina, levanto la falda y ya tengo el mármol.

Todo esto dicho con un fuerte acento del Mediodía.

André Gide
No. 32, Septiembre 1968
Tomo V – Año V
Pág. 751

Impaciencia

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Su infancia transcurrió en la Colonia Roma, su adolescencia en la Colonia del Valle, su juventud en la Colonia Condesa. Cuando alcanzó su madurez empezaron a construir el metro y ella vivía en la Colonia Polanco. Murió de vejez prematura.

Ana F. Aguilar
No. 32, Septiembre 1968
Tomo V – Año V
Pág. 745

En Bali

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Los holandeses están encantados de poseer una isla donde las mujeres llevan el pecho desnudo. Por eso han prohibido la entrada en la isla a los misioneros, que hubieran acabado muy pronto con los pechos al aire y con el interés turístico de la isla.

(Si entra alguno, es secretamente, con el más riguroso incógnito y con pasaporte falso, como un comunista ruso.)

Henri Michaux
No. 32, Septiembre 1968
Tomo V – Año V
Pág. 741

Rancho de prisioneros

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Cuando daban de comer a los prisioneros recién traídos, fatigados, torpes y hambrientos, aquellos soldados de cuarenta años, ya sensibles a las comodidades del cuerpo, ya conscientes de las limitaciones del alma, se quedaban apoyados en el fusil, mudos, sin cambiar entre sí un guiño ni una mirada. Se entregaban al espectáculo: pensaban, pensaban…

Y veían comer, en silencio, el enemigo; fríos, absortos, como se mira comer a los animales del jardín zoológico: al mono y al elefante, al ciervo y al avestruz, al zorro, a la oca. Así con una sensibilidad renovada, virgínea, miraban comer al hombre –que nunca hasta entonces habían visto comer.

Alfonso Reyes
No. 32, Septiembre 1968
Tomo V – Año V
Pág. 736

La ronda

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¡Quién va! —va dijo con voz fuerte y autoritaria el jefe de la ronda que en aquella noche cruzaba por el puente de la Leña.

Y alzando el farolillo que llevaba oculto bajo la amplia capa de bayeta, descubrió a un individuo que, embozado, avanzaba resueltamente, como quien nada teme y trata de imponer su presencia.

¡Paso!, dijo el desconocido sin detenerse y con la voz del que está acostumbrado a que se le obedezca.

Los hombres de la ronda requirieron sus mosquetes y situáronse en el camino del embozado.
El cual, dejando caer la capa que ocultaba su rostro, no se detuvo un momento y mientras que ponía la diestra en el puño de la espada, volvía a exclamar con voz firme y vibrante: ¡paso!
Los soldados de la ronda palidecieron; su jefe bajó del farolillo y el caballero, con fiero fulgor en la mirada, doblaba la próxima esquina, mientras el oficial permanecía profundamente inclinado.

Era don Miguel la Grúa Talamanca y Branciforte, de los príncipes de Carini, Grande de España de primera clase, Caballero de la insigne Orden del Toisón de Oro, Gran Cruz de la Real y Distinguida de Carlos III, Comendador de Bienvenida en la de Santiago, y de Torres y Canena en la Calatrava, Caballero de San Juan, Gentil Hombre de Cámara de su Majestad, con ejercicio, Consejero del Supremo Consejo de Guerra de continua asistencia, Capitán de la Real Compañía Italiana de Guardias de Corps, Teniente General de los Reales Ejércitos, Virrey Gobernador y Capitán General de la Nueva España, Presidente de su Real Audiencia, Superintendente General, Subdelegado de Real Hacienda, Minas, Azogues y Ramo del Tabaco, Juez Conservador de éste, Presidente de su Real Junta, y Subdelegado General de Correos en el mismo Reino.

Genaro Estrada
No. 32, Septiembre 1968
Tomo V – Año V
Pág. 731

Peligrosas

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Era del tipo de esas tibetanas a la antigua que se casaban hasta con cinco hombres (a la vez, naturalmente) y que sin duda los tenía en línea, y hasta los ponía en penitencia.

He visto a una de esas mujeres, manejando el dinero y dando órdenes, sargentona entre mocetones recios y dóciles de 1.80 m.

Henri Michaux
No. 32, Septiembre 1968
Tomo V – Año V
Pág. 725