Ilusión

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Quisiera el mundo hecho de esta manera: que apenas se tuviese el deseo de una música, apareciesen los músicos y se pusiesen a tocar; que los deseos fuesen satisfechos al nacer; y que, sin embargo, no produjesen saciedad.

Bernard Berenson
No. 33, Noviembre – 1968
Tomo V – Año VI
Pág. 114

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La norma

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Des parales inconnues
chantérent-elle sur vos
lévres, lambeaux maudits
d’une phrase absurde?—
                                                  Mallarme

Hay palabras que se deslizan y nos abren el corazón como una espada fría y sutil. A veces convidan a la locura y a veces a la prudencia. Se caen de la portezuela de un coche: ruedan desde una ventana a la calle, articuladas entre un suspiro y un bostezo. Y nadie las advierte. No hacen más ruido que el de un guante que se deja caer.

Yo he oído a dos niños preguntarse si las mariposas tejen nidos como los pájaros; pero —efectos de la mala literatura— la pregunta me pareció artificial, hecha para los museos de frases. Y me desvié con indiferencia.

En la edad que erais tan locos que hubierais callado al jilguero para hacer sonar el cascabel; cuando la petulancia del primer bigote quiere pasar por virtud, yo oí, al azar, un “Efectivamente, efectivamente”, pronunciando con todo el aplomo del que todavía quiere tener aplomo, del que quiere echar la primera amarra al barco de la vida, y que valía de por sí todo un madrigal.

Pero nada vale lo que sorprendí ayer tarde.

Por la calle han pasado dos señoras, charlando. La más joven dice a la más vieja:

—Cambian los colores, cambia todo; pero lo que queda siempre es el azul marino.

Alfonso Reyes
No. 33, Noviembre – 1968
Tomo V – Año VI
Pág. 111

Quimera

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En el siglo XVIII un gran autor chino se rompió la cabeza. Quería un relato absolutamente fantástico, violando todas las leyes del mundo. ¿Qué se le ocurrió? Esto: su héroe. Especie de Gulliver, llega a un país donde los comerciantes tratan de vender a precios ridículamente bajos, y donde los clientes insisten en pagar precios exorbitantes.

Henri Michaux
No. 33, Noviembre – 1968
Tomo V – Año VI
Pág. 107

La novia

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—Tenía una novia, sabes; Esperanza era su nombre; ella me quería y yo muchísimo. No puedes imaginarte sus ojos, yo mismo tengo que cerrar los míos para ver los suyos; unos ojos, ausentes, extraños, hechos de una blanda tiniebla iluminada. Cuando me hablaba, abandonándome sus manos, yo la veía sólo a los ojos, unos ojos ¿cómo te diría? No puedo decírtelo, bueno, feroces de inexplicables, te atraían y te rechazaban y tú te quedabas viéndolos bajo su propia húmeda distancia sin saber si en ti pensaban, si te amaban mucho o en nada te pertenecían.

Cuando tuve que irme y ella sabía que era para siempre, en el momento último se quedó viendo con sus ojos de sombras con una luz lejana abriéndose paso entre las sombras, y pude pronunciar palabra…

—Dime, ¿tú qué hubieras hecho?

—¿Yo?… la hubiera abierto de piernas.

Ricardo Cortés Tamayo
No. 33, Noviembre – 1968
Tomo V – Año VI
Pág. 82

Tiranos

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Tsi Hoang Ti es uno de los más famosos y más fantásticos tiranos del mundo, que hizo pintar de rojo (el color de los condenados), una montaña entera porque sus soldados habían padecido allí una tormenta. Tsi Hoang Ti, que hacía preparar un baño de agua hirviendo en la sala del Trono cuando de sus oficiales le pedía una audiencia que le desagradaba, hizo grabar en monolitos erigidos por todos lados: “Todo anda bien. Se han unificado las pesas y medidas. Los hombres son buenos maridos, los padres son respetados. Por donde sopla el aire todos están contentos”, etc.

Henri Michaux
No. 33, Noviembre – 1968
Tomo V – Año VI
Pág. 74

Explicaciones

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Un irlandés llegado a Florencia como escudero había sido nombrado barón por el Gran Duque; cuando llegué aquí conocí a su hijo, quien seguía siendo un tipo muy irlandés. Y me dio inmediatamente la definición exacta del carácter italiano: “Nosotros no tenemos titubeos para decir lo que pensamos”, sostenía, “pero escondemos con cuidado lo que sentimos; los italianos ocultan lo que piensan y no tienen titubeos en exteriorizar lo que sienten. Y yo: “¿Pero los irlandeses manifiestan lo que sienten mucho más que los ingleses?” “Ciertamente, y además no pueden decir lo que piensan, porque no piensan nada para nada”.

Bernard Berenson
No. 33, Noviembre – 1968
Tomo V – Año VI
Pág. 72

Amor chino

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El amor chino no es el amor europeo.

La europea ama con transporte, y de pronto olvida al borde del mismo lecho, pensando en la gravedad, en ella misma, o en nada, o bien simplemente conquistada por la “ansiedad blanca”.

La mujer árabe se porta como una ola. La danza del vientre, hay que recordarlo, no es una simple exhibición para los ojos; no, el remolino se instala sobre uno y lo arrastra y lo deja luego como beatificado, sin saber exactamente lo que ha sucedido, ni cómo.

Y ella también empieza a soñar la Arabia se levanta entre los dos. Todo ha concluido.

Con la mujer china, nada de eso. La china es como la raíz del banian, que se encuentra en todas partes, hasta en las hojas. Así, cuando se ha introducido en el lecho, se necesitan muchos días para desasirse.

Henri Michaux
No. 33, Noviembre – 1968
Tomo V – Año VI
Pág. 67

A La Gioconda

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Con los ojos y el gesto de un alucinado así se dirigió entonces a Mona Lisa:

—Quiero que seas mía, tan mía como lo fuiste de Francisco del Giocondo. Deseo palpar la seda de tus luctuosos cabellos, ansío verme en las lagunas encantadas de tus ojos; codicio poseer tu boca alucinante; anhelo desfallecer acariciando por tus manos principescas. Si te tienta el lujo yo te daré estolas de zorros plateados; collares de perlas de Ceilán; esmeraldas de Colombia, zafiros de Cachemira; rubíes de Burma; diamantes del Brasil, jades de Kwen Lung; turquesas de Visapur; ópalos de México y alejandritas de Ekateriemburgo; carruajes tirados por cabellos ingleses; automóviles como salones ambulantes; lebreles rusos de hocico aguzado; perros japoneses de pelo de seda y falderos de Chihuahua que escondas tu manguito de chinchilla; hoteles de salones ajuareados con muebles de París y tapizados con alfombras de Persia; yates adornados como palacios y un libro de cheques para realizar todos tus caprichos.

Efrén Rebolledo
No. 33, Noviembre – 1968
Tomo III – Año II
Pág. 61

El título

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Hoy se recuerda por primera vez en los periódicos a la Reina madre de Albania. Esto hacer volver a mi memoria un delicioso cuento sobre Camondo.

Camondo, el de la colección, era un joven banquero judío de origen turco, muy servicial con Napoleón III. El emperador lo quería recompensar y lo había sondeado para saber si un título de nobleza le podría satisfacer. “¿Un título?, pero Majestad, sería una cosa ridícula: todos aquí saben que soy un banquero, no me conviene salir de mi ambiente y por otra parte yo cuido de mis intereses y percibo las utilidades necesarias de mi trabajo; por lo tanto no necesito ningún premio”. Seguían los favores de todo género y el emperador sentía acrecentarse su deuda; no sabía que hacer; para sosegarse, nuevamente le propuso nuevamente le propuso otorgarle un título. “Majestad, si verdaderamente me quiere recompensar con algo, no le pido nada para mí, pero tengo a mi pobre bisabuelo que vive en Constantinopla y es viejo, y lo han perseguido y despreciado durante toda su vida; no pido nada para mí, sino pido que él, pobre hombre, tenga una satisfacción de vanidad antes de cerrar sus ojos”. Y así, Camondo el joven obtenía un título y los intereses del título, el de los antepasados y casi los cuatro cuartos de nobleza.

Bernard Berenson
No. 33, Noviembre – 1968
Tomo V – Año VI
Pág. 52

Fabulilla

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—Ay! —Decía el ratón—. El mundo se vuelve cada día más pequeño. Primero tan ancho que yo tenía miedo, seguía adelante y me sentía feliz al ver en la lejanía, a derecha e izquierda, algunos muros, pero esos largos muros se precipitan tan velozmente los unos contra los otros, que ya estoy en el último cuarto, y allí en el rincón, está la trampa hacia la cual voy.

—Solo tienes que cambiar la dirección de tu marcha —dijo el gato, y se lo comió.

Franz Kafka
No. 33, Noviembre – 1968
Tomo V – Año VI
Pág. 49

La conservación de la distancia

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El hecho ocurre en la calle Royale. Es muy tarde. Ya no hay nadie en las calles; d’ Aurevilly, que esa noche había bebido mucho vino blanco en compañía de su amigo X., se pone a hacer aguas menores. Pasa un guardia municipal: “Caramba señor, lo menos que puede hacer es acercarse a la pared”. Porque Barbey conserva el sentido de las distancias. Y ahora se vuelve y dice:

—¿Pretende acaso que me desuelle?

André Gide
No. 33, Noviembre – 1968
Tomo V – Año VI
Pág. 45

Preferencias

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El jade, las piedras pulidas y como húmedas, pero no brillantes, turbias no transparentes, el marfil, la luna, una sola flor en su maceta, las ramas de múltiples ramillas con hojitas delgadas, vibrantes los paisajes lejanos y envueltos en una bruma naciente, el canto (debilitado por la distancia) de una mujer, las plantas sumergidas, el loto, el croar del sapo en el silencio (no se llega a localizar nunca exactamente el ruido), los manjares insulsos, un huevo ligeramente pasado, los macaroni pegajosos, una aleta de tiburón, una lluvia fina que cae, un hijo que cumple los ritos del deber filial con una precisión enervante, insoportable, la imitación bajo todas sus formas, plantas de piedra, con flores cremosas, de corolas, pétalos y sépalos de una perfección irritante, representaciones teatrales en la Corte, por prisioneros políticos, obligados a tomar parte, crueldades deliciosas, he aquí lo que les ha gustado siempre a los chinos.

Henri Michaux (1941 (?)
No. 33, Noviembre – 1968
Tomo V – Año VI
Pág. 42

El animal favorito del señor K

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Cuando se le preguntó cuál era el animal que más le gustaba, el señor K, respondió que el elefante. Y dio las siguientes razones: el elefante reúne la astucia y la fuerza. La suya no es la penosa astucia que basta para eludir una persecución o para obtener una comida, sino la astucia que dispone la fuerza para grandes empresas. Por donde pasa este animal queda una amplia huella. Además, tiene buen carácter, sabe entender la broma. Es un buen amigo, pero también es un buen enemigo. Es muy grande y muy pesado, y, sin embargo, es muy rápido. Su trompa lleva a ese cuerpo enorme los alimentos más pequeños, hasta nueces. Sus orejas son adaptables: sólo oye lo que quiere oír. Alcanza también una edad muy avanzada. Es sociable, y no sólo con los elefantes. En todas partes se le ama y se le teme. Una cierta comicidad hace hasta que se le adore. Tiene una piel muy gruesa; contra ella se quiebra cualquier cuchillo, pero su natural es tierno. Puede ponerse triste. Puede ponerse iracundo. Le gusta bailar. Muere en la espesura. Ama a los niños y a otros animalitos pequeños. Es gris y sólo llama la atención por su masa. No es comestible. Es buen trabajador. Le gusta beber y se pone alegre. Hace algo por el arte: proporciona el marfil.

Bertolt Brecht
No. 33, Noviembre – 1968
Tomo V – Año VI
Pág. 34