Amor


Hablar de amor es una manera de enamorar.

Ventura García Calderón
No. 34, Marzo 1969
Tomo VI – Año IV
Pág. 228

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De mujeres


Si una mujer sabe callar con inteligencia, su compañía es preciosa. Las que sólo saben hablar con inteligencia, hablan demasiado; llegará el momento en que nos harán enloquecer por una observación fuera de lugar, por una pregunta impertinente, por una interrupción idiota. Quizá las amamos también en estos momentos desagradables, porque nos convencen de nuestra superioridad.

Bernard Berenson
No. 34, Marzo 1969
Tomo VI – Año IV
Pág. 225

¿Pregunta malévola?


El doctor Evans, médico de la emperatriz Eugenia, era propietario de un hotelito en la avenida del Bosque. Quejábase un día a Mallarmé de que el arquitecto municipal, por razón de un defecto de construcción del hotel, quería hacer demoler un piso.

Mallarmé le preguntó:

—¿Cuál de ellos?

En “Revista de Occidente”
No. 34, Marzo 1969
Tomo VI – Año IV
Pág. 219

El biombo


A aquel árbol, que mueve la foxa, algo se le antoxa.
D. Hurtado de Mendoza. —Cossante.

Ardía la fiesta en la casa del oidor don Francisco de Ceynos. Ya habían llegado el virrey y su consorte, el Visitador y la Real Audiencia, y ya doña Leonor Carreto, la virreina, terminaba su segunda contradanza.

La hija del oidor estaba encendida con las emociones de aquella noche. Había cambiado con su galán breves palabras que nadie advirtió con el ruido de la fiesta. Apenas iniciado un momento de reposo, la señorita de Ceynos dijo en voz alta a su acompañante:

—Os digo que vayáis a aquel aposento a buscar mi abanico…

Y como el caballero no regresara al punto, agregó:

—Yo misma iré a buscarlo.

—No está aquí el abanico, —dijo el caballero en cuanto vio entrar a la dama.

Y ella, más encendida todavía, repuso:

—En efecto… perdonad… está detrás de ese biombo.

Y al punto ambos se dirigieron a aquel sitio.

Era un biombo chinesco, en cuyas hojas de seda negra, hilos multicolores habían bordado escenas de la corte de España, con anacrónicos trajes de Asia.

Los músicos preludiaban la pieza siguiente cuando la pareja abandonaba la dulce intimidad del aposento.

Sin embargo, el abanico, había quedado olvidado, de nuevo, detrás del biombo.

Genaro Estrada
No. 34, Marzo 1969
Tomo VI – Año IV
Pág. 220

Encuesta


El león, antes de ser lo que era ahora, gobernador de una selva en el Chaco, había sido león amaestrado de un circo norteamericano.

Del contacto con los compatriotas de Ford le había quedado la costumbre de hacer encuestas. Ya había hecho algunas entre los animales, sus gobernados. Sin sacar mayores consecuencias, como las verificadas entre los hombres.

Ahora había mandado hacer ésta:

1º. ¿Cuál es el ser más despreciable?

2º. ¿Por qué?

Y resultó que para los habitantes de las selvas, el ser más despreciable era el papagayo: “Porque hablaba como un hombre”.

Se calificó segundo el mono: “Porque se parecía al hombre”

El hombre, a su vez, tuvo dos votos: El mono y el papagayo, considerándole el más despreciable de los seres, votaron por él.

Álvaro Yunque
No. 34, Marzo 1969
Tomo VI – Año IV
Pág. 211

Sobre Dante


Hay, a fe mía, cosas hermosas, sobre todo en su infierno. Encierra a los heresiarcas en tumbas de fuego, cuya llama se escapa y lleva la desolación a lo lejos; a los ingratos, en nichos donde derraman lágrimas que se hielan sobre las caras; y a los perezosos en otros nichos; y dice de éstos últimos que la sangre cae de sus venas y que la recogen gusanos desdeñosos.

Diderot
No. 34, Marzo 1969
Tomo VI – Año IV
Pág. 201

Más de Horai


Dicen que en Horai no existen ni la muerte, ni el pesar, ni el invierno. Allí no se marchitan nunca las flores, y el fruto no se termina jamás, y si una sola persona prueba una sola vez aquellas frutas no volverá a sentir hambre ni sed. En Horai crecen las plantas encantadas So-rin-shi, Ban-kon-to y Riku-go-aoí, que curan toda clase de enfermedades, y también la mágica hierba Yo-shin-shi, que resucita a los muertos, y esta mágica hierba es regada por un agua de la cual basta beber un solo trago para disfrutar de perpetua juventud. Los habitantes de Horai comen su arroz en unas escudillas muy pequeñitas; pero el arroz no disminuye nunca, por mucho que coman, hasta que el comilón se ha hartado. Y beben el vino en unas copas diminutas, y nunca se vacían, por mucho que beban, hasta que el bebedor se siente invadido por la agradable somnolencia de la embriaguez…

Lafcadio Hearn
No. 34, Marzo 1969
Tomo VI – Año IV
Pág. 197

Contundente


Un día llegó a los “Tati” un joven, imbécil y presuntuoso, quien creía que, para disimular su timidez, le sería útil mostrarse insolente. Pedía consejos, pero afirmaba también sus deseos de ganar dinero haciendo el oficio de “conocedor”. Le dije: “Con toda franqueza, si quiere ganar dinero no se obstine en la crítica de arte, póngase a fabricar jabón”. Después, al salir, lo acompañé hasta la puerta. Era una noche despejada y bellísima; frente al jardín iluminado, aquel joven, a guisa de saludo, replicó: “Si hubiese usted fabricado jabón, hoy no gozaría este espectáculo”. No pude menos que contestarle: “Pero y no nací para fabricar jabón”.

Bernard Berenson
No. 34, Marzo 1969
Tomo VI – Año IV
Pág. 193

Atmósfera de Horai


Esta atmósfera no es de nuestra edad humana, es de una antigüedad formidable; es tan antigua que sólo el pensarlo me hace temblar. Y no es un compuesto de nitrógeno y de oxígeno. No está hecha solamente de aire, sino de espíritus; es la sustancia de quintillones y de quintillones de generaciones mezcladas en una inmensa forma translúcida; es la enorme masa de incontables almas de seres que nunca imaginaron parecerse a nuestras formas. Todo mortal que respira aquella atmósfera se inocula en su misma sangre la emotividad de aquellos espíritus, y éstos le cambian sus sensaciones, reformándole su noción del Tiempo y del Espacio, y, por consiguiente, ya no puede ver más que como los espíritus vieron, y sentir como ellos sintieron, y pensar como ellos pensaron. Y estos cambios de sensibilidad se efectúan de un modo tan plácido como si se estuviera durmiendo el más amable de los sueños…

Lafcadio Hearn
No. 34, Marzo 1969
Tomo VI – Año IV
Pág. 187

El señor K


El señor K. hablaba sobre el vicio de soportar en silencio la injusticia, y relató la siguiente historia:

“Un transeúnte preguntó a un niño que lloraba amargamente cuál era la causa de su congoja.

“—Había reunido dos monedas para ir al cine, pero vino un muchacho y me quitó una —dijo el niño, señalando a un muchacho que estaba a cierta distancia.

—“¿Y no pediste ayuda? —preguntó el hombre.

“—Claro que sí.

“Los sollozos del niño se hicieron más angustiosos.

“—¿Y nadie te oyó? —siguió preguntando el hombre,— mientras lo acariciaba tiernamente.

—“No —sollozó el niño.

“—¿No puedes gritar con más fuerza? —preguntó el hombre— En ese caso dame la otra moneda.

“Y quitándole la última moneda de la mano, siguió su camino”.

Bertolt Brecht
No. 34, Marzo 1969
Tomo VI – Año IV
Pág. 185

Monstruo 1968


CHILAN, (Chile), junio 24 — Un extraño ser, mezcla de hombre y animal, de dos metros y medio de altura, y de cuyos brazos sobresalen alas, esta siendo buscado por vecinos y autoridades de Chillán y del pueblo de Bulnes. Según refieren los vecinos del lugar que pudieron ver esta insólita aparición, el monstruo tiene el torso y cabeza de color blancos. Su presencia en algunos campos vecinos causó asombro y pánico, aunque no provocó daño alguno.

La primera vez que vieron al extraño ser, fue el 4 de mayo pasado, en el interior del fundo “El espino”. Posteriormente se organizaron verdaderos “safaris” en camiones, automóviles y carretelas, para localizar al escurridizo monstruo, pero fracasaron en su intento por circunstancias inexplicables, como, por ejemplo, algunos automóviles fueron repelidos por una fuerza desconocida hasta diez metros.

Agencia EFE (1968)
No. 34, Marzo 1969
Tomo VI – Año IV
Pág. 178

Lección


Cuando tenía yo la edad de cinco años más o menos, estaba mi padre en un cuarto de nuestra casa donde se había hecho colada y ardía un buen fuego de encina. Juan, con la viola en el brazo, tocaba y cantaba sólo a la vera de la chimenea. Hacía mucho frío. Al poner la vista en el fuego, mi padre advirtió en medio de las llamas un animalillo como una lagartija que se regocijaba entre las más vivas brasas. Cuando se dio cuenta de lo que era nos llamó a mi hermano y a mí, y mostrándonosla, a mí me dio una fuerte bofetada por lo que me puse a llorar muy lastimeramente. El, callándome con mucho cariño, me dijo así: “Querido hijo mío, no te he pegado porque hayas hecho nada malo, sino solamente para que te acuerdes que esa lagartija que has visto en el fuego es una salamandra”.

Benvenuto Cellini en “Autobiografía”
No. 34, Marzo 1969
Tomo VI – Año IV
Pág. 175

Salamandra


LXXXVI. Sabemos por varios autores que se engendra una serpiente de la espina dorsal del hombre. En verdad, la mayor parte de las generaciones se operan de manera oculta y desconocida aun en la clase de los cuadrúpedos.

La salamandra es un ejemplo: su forma es la de una lagartija; su cuerpo estrellado. Nunca aparece sino en grandes lluvias; desaparece en el buen tiempo. Es tan fría que con su contacto extingue el fuego como lo haría el hielo. La espuma blanca como la leche que arroja por las fauces hace caer el pelo de todas partes del cuerpo humano que toca, y deja sobre la parte tocada una mancha blanquecina.

Plinio
No. 34, Marzo 1969
Tomo VI – Año IV
Pág. 171

Otra vez “Le corbeau et le renard”


El cuervo, subido a un árbol, estaba no con un queso según dice la fábula clásica, sí con un sangriento pedazo de carne en el corvo pico. Llegó el zorro. El olor lo hizo levantar la cabeza, vio al cuervo banqueteándose, y rompió a hablar:

—¡Oh hermoso cuervo! ¡Qué plumaje el tuyo! ¡Qué lustre! ¿No cantas, cuervo? ¡Si tu voz es tan bella como tu reluciente plumaje, serás el más magnífico de los pájaros! ¡Canta, hermoso cuervo!

El cuervo se apresuró a tragar la carne, y dijo al zorro:

—He leído a La Fontaine.

Álvaro Yunque
No. 34, Marzo 1969
Tomo VI – Año IV
Pág. 174

Vieja estampa


Dos criados abren presurosos, a la curiosidad de los desocupados, las pesadas hojas de la puerta, cuyos tableros de cedro ostentan —en rica obra de talla— las armas de las Castillas, de los Mendozas, de los Altamirano de Velasco.

Tirada por piafantes brutos, sale la carroza, con muelles sacudimientos, de la penumbra del zaguán al deslumbramiento de la calle.

El conde de Santiago de Calimaya se encamina al palacio del Virrey. Han llegado pliegos de la Metrópoli que tratan de asuntos graves. La Real Audiencia y el Arzobispo tienen en la Corte poderosos valedores.
Y mientras pasa la carroza rebotando por el empedrado de la calle de Flamencos, los indios se descubren, los criollos se detienen curiosos.

Indiferente a todos, tras los cristales, el señor conde toma rapé de una caja de oro, con sus dedos descarnados y temblorosos.

Julio Torri
No. 34, Marzo 1969
Tomo VI – Año IV
Pág. 166

Remedio


A la corte del tigre, señor de las selvas, legaron algunos animales sabios huidos de un circo ambulante.

Las costumbres de la corte eran crueles. El zorro, cortesano del tigre, quiso alarmar a éste:

—Quizás las costumbres de la corte lastimarán la sensibilidad de los animales sabios…

—Tenés razón —respondió el tigre—. Es necesario impedir que les ocurra esto a los animales sabios.

Y los expulsó de la selva.

Álvaro Yunque
No. 34, Marzo 1969
Tomo VI – Año IV
Pág. 159

A Milena


Kafka le promete visitarla en Viena, y le dice lo más encantador que se puede decir a una mujer: “Hoy vi un plano de Viena, y por un momento me pareció incomprensible que se haya construido una ciudad tan grande si tú sólo necesitas un cuarto”

Walter Muschg
No. 34, Marzo 1969
Tomo VI – Año IV
Pág. 154

El suicida


Un joven húngaro, desesperado, se arroja al Danubio. Sobreviene un policía que, encañonándole con un revolver, le interpela: “¡Salga usted del agua o disparo!” Como “despertado” —esta fue luego la palabra del suicida— por la extraña, incongruente amenaza, el joven nada vigorosamente y alcanza, salvo, la rivera.

Guillermo de Torre
No. 34, Marzo 1969
Tomo VI – Año IV
Pág. 147