El producto

—¿Por qué esta triste ese niño?

—Porque no conoció a su Madre.

—¿Murió?

—No, la desechamos. Una probeta sólo sirve una vez.

Alejandro Rodríguez Hanzik
No. 42, Mayo 1970
Tomo VII – Año VI
Pág. 455

Viudez

Al amanecer del domingo las gallinas cacaraquearon escandalizadas e interminablemente.

La gente dijo que era porque habían visto la Muerte. Ese día, al almuerzo, comimos “Gallo al Vino”.

Arturo Medrano
No. 42, Mayo 1970
Tomo VII – Año VI
Pág. 453

Libros

El hombre sintió que una noche más, empezaba a caer sobre la tierra. El colorido de la tarde se iba cubriendo de sombras como también su alma se encontraba en medio de ellas.

Su lucha contra la monotonía ejercida por medio de las lecturas por espacio de años y años, lo ha convertido en una persona muy civilizada, de ideas muy amplias, en una palabra: es una gente in.

Los periodos de su mente han sido evolutivos: religiosidad acendrada, anticlericalismo, libertad sicológica, ateismo, doctrinas orientales, civilizaciones perdidas.

Y luego en un afán desesperado por abarcarlo todo: Darwin, Sócrates, Freud, Lenin, Teillhard de Chardin, Paracelso, Nietzsche y así indefinidamente.

La angustia de la soledad seguía espoleando su interior, Con paso cansino se dirigió hacia su casa. Abrió la puerta de la calle y penetró en el interior. Otras veces el perrillo salía meneando la cola y lamiéndole los zapatos pero hace tres días que lo mató un carro.

Llegó a su cuarto y se desvistió maquinalmente, se acostó: tomó “El retorno de los Brujos” y volvió a dejarlo sobre la mesita de noche; abrió el último volumen de “Planeta” y lo volvió a cerrar.

Apagó la luz y se arrebujó entre las cobijas, la sensación de desasosiego era cada vez más pertinaz.

—Ni siquiera le había pasado por la mente: sintió la oscuridad de su cuarto y las tinieblas de su yo interno.

—Colocó una mano sobre su frente e inició el ritual que le habían inculcado mucho tiempo atrás:

—Por la señal de la santa cruz…

Flor María Novoa Zazueta
No. 42, Mayo 1970
Tomo VII – Año VI
Pág. 447

Vida mecánica

Mi vida es igual a la de cientos de miles de personas, lo mismo día tras día, semana tras semana, año tras año; levantarse a las 6:30, desayunar leyendo el periódico, tomar el camión a las 7:23, checar tarjeta a las 8, salir a comer a la 1, regresar a las 3, salir a las 6, saludar a la misma gente, hacer el mismo trabajo, gastar el sueldo en lo mismo, tener las mismas diversiones, las mismas amistades, las mismas pláticas, el mismo horario siempre… siempre… siempre.

Es una vida, no humana, sino mecánica, monótona, idéntica, y esa vida es llamada por la sociedad: “normal”.

Pero hoy, después de 34 años de haber casi olvidado que existe más allá de esa monotonía, salgo de ella, y casi no lo puedo creer, me siento raro, casi extraño, pero feliz, muy feliz; he conocido a una hermosa, una hermosísima mujer, una diosa transportada, vía aérea, del propio Olimpo. Me brinda una sonrisa, que tan sólo con ese acto me siento fuera, independiente, libre de mi mundo habitual.
El cabello le cae suavemente en los hombros, y el viento hace ondular dulcemente sus ropajes.

Me acerco a ella, nervioso, y envuelto en una gran nubecilla de felicidad, y me atrevo, hombre al fin, a soltar, vacilante, unas palabras:

—¿Cuál es tu nombre?

Y ella, con una voz vibrantemente melódica, me responde;

—Muerte.

Héctor Romero Flores
No. 42, Mayo 1970
Tomo VII – Año VI
Pág. 434

El hombre mosca

Ambiente de fiesta en el pueblo. Nuevas, almidonadas crinolinas; anchos, reverberantes sombreros huetameños. Domingo, día de descanso, brillante transición entre la tormentosa guarapeta del sábado y la vuelta a la extenuante, rutinaria jornada del lunes.

Carteles con graciosas faltas de ortografía, en todas las esquinas. Jaripeo hace cuatro domingos. Teatro al aire libre hace sólo dos. (Cuando, después de la fiesta, el cacique atrabiliario y estúpido hizo dos agujeros, uno en la frente y otro en el pecho de quién pretendió “atravesársele” requiriendo de amores a la Rosa).

Destaca, entre los “posters”, el inusitado reclame: “El domingo 6 de Julio, a las 12 horas, el acróbata y equilibrista Quirino Mora Clezo escalará la torre oriente de la iglesia principal, sin más ayuda que sus manos, y el favor de Dios”.

Palpitantes. Alegres en unos momentos, tristes en otros, los recuerdos acuden a la mente del escalador. Cuando va subiendo, con la conciencia de que habrá de morir, de que nada habrá de salvarlo, piensa en la alegre conquista de haber abrazado la actividad más atractiva a su modo de ver, contra la tierna oposición de su vieja madre, y también en la triste sonrisa de su flaca y resignada mujer cuando recibe la precaria cuanto espontánea remuneración a su arriesgado acto.

Escucha, como en un sueño, los angustiados gritos de las comadres que en sus casas no percibirán el penetrante olor de los frijoles quemados en la abandonada olla, cuando sus dedos resbalan, y cae… cae sin remedio.

A sólo diez centímetros de estrellarse contra la cantera del atrio, bate enérgicamente sus alas, y va a posarse, tranquila, reposadamente, en un cercano montón de desperdicios.

Mario Quiroz Lecón
No. 42, Mayo 1970
Tomo VII – Año VI
Pág. 433

Celos

Penélope se puso furiosa y armó el gran lío porque anoche me dormí con su esposo. Ni que fuera para tanto; estaba tan enojada que hasta me amenazó… ¡Vaya!, debería estar feliz y agradecerme que, teniendo tantos ositos de peluche, siempre lo prefiero a él.

Elisa I. L. y Jácome P
No. 42, Mayo 1970
Tomo VII – Año VI
Pág. 427

Sansón y los filisteos


Hubo una vez un animal que quiso discutir con Sansón a las patadas. No se imaginan cómo le fue. Pero ya ven cómo le fue después a Sansón con Dalila aliada a los filisteos.

Si quieres triunfar contra Sansón, únete a los filisteos. Si quieres triunfar sobre Dalila, únete a los filisteos.

Únete siempre a los filisteos.

Augusto Monterroso
No. 42, Mayo 1970
Tomo VII – Año VI
Pág. 411

La Esfinge de Tebas


La otrora cruel Esfinge de Tebas, monstruo con cabeza de mujer, garras de león, cuerpo de perro y grandes alas de ave, se aburre y permanece casi silenciosa. Reposa así desde que Edipo la derrotó resolviendo el enigma que proponía a los viajeros, y que era el único en su repertorio. Ahora, escasa de ingenio, y un tanto acomplejada, la Esfinge formula adivinanzas y acertijos ingenuos, que los niños resuelven fácilmente, entre risas y burlas, cuando van a visitarla a su morada, durante el fin de semana.

René Avilés Fabila
No. 42, Mayo 1970
Tomo VII – Año VI
Pág. 415

La Hidra de Lerna


Nueve cabezas tiene la Hidra de Lerna que trajo Hércules.

Serpiente de fealdad repugnante.

Cabezas que vuelven a crecerle en cuanto se las cortan.

Los guardianes se descuidan y nadie resiste violar la orden de no alimentar a los animales: con tal de divertirse, avientan puñados de golosinas para mirar insanos, cómo sus nueve cabezas logran atraparlas en pleno vuelo, sin dejar que algo caiga al suelo.

Ojalá no se enferme del estómago.

René Avilés Fabila
No. 42, Mayo 1970
Tomo VII – Año VI
Pág. 404

Los asaltantes

La monótona marcha del auto adormecía a Julio. Diez minutos antes había cerrado los ojos cuando transitaban por un camino lleno de sinuosidades. Se sentía verdaderamente mal; le dolía todo el cuerpo, tenía fiebre y sentía unas irrefrenables ganas de vomitar. En el interior del auto reinaba el silencio y la atmósfera era irrespirable. Toño, “El mono” y Lorenzo fumaban. Entreabrió los ojos y pudo ver las lumbrecillas de sus cigarros y a continuación la luminosidad de las calles. Seguramente estaban entrando a la ciudad, Toño, que era quien conducía, dijo:

—¡Estamos llegando, despierten! Espero que todo resulte como lo planeamos y ninguno me salga con una tarugada. La cosa es fácil, solamente está el cajero y la secretaria.

El auto se detuvo lentamente en lo oscuro de la calle.

—¡Cúbranse bien la cara y no lo piensen mucho, todos saben lo que tienen que hacer!— ordenó Toño.

Haciendo un esfuerzo Julio bajó como hipnotizado y comenzó a avanzar junto con Lorenzo y El mono, al tiempo que se subía la bufanda para cubrirse la cara. Y apenas tuvo fuerza para sacar la pistola al penetrar a la casi desierta oficina. Oyó cuando Lorenzo gritó las consabidas frases de “¡arriba las manos, esto es un asalto!”. Vio la sorpresa dibujada en la aniñada cara de la que debía ser la secretaria y el ademán amenazador del tipo de anteojos que estaba detrás de una pila de billetes y no podía recordar, si fue un movimiento involuntario o fue el pánico lo que le hizo disparar. El estrépito lo sacó de su estado cataléptico, y alcanzó a ver cómo se derrumbaba sobre el escritorio la chamaca que debía ser la secretaria. Oyó más disparos y él los replicó antes de salir huyendo completamente solo. Con la vista nublada llegaba jadeando hasta donde Toño lo esperaba con el auto, cuando dos agudos y punzantes dolores en la espalda le cortaron la respiración y le doblaron las piernas.

—¡Me han dado! —gritó, cayendo dentro del coche— ¡pícale Toño, vámonos!

El auto se movió velozmente hasta que se perdieron los ruidos de las detonaciones a sus espaldas. Pasó algún tiempo y él iba adormecido en el asiento. Se sentía verdaderamente mal. Le dolía el cuerpo y tenía ganas de vomitar. Entreabrió los ojos cuando Toño le dijo:

—¡Estamos llegando, despierten y abusados para que todo salga como lo planeamos!

Entonces Julio volvió a la realidad y se estremeció. Sólo él sabía que nada saldría como lo planearon.

Luis García Bonilla
No. 42, Mayo 1970
Tomo VII – Año VI
Pág. 402

De mujeres

Yo no le he hecho insinuaciones, pero ella las ha aceptado.
Louis Scutenaire

Las mujeres son como la sopa, no hay que dejarlas enfriar.
Jean Anouilh

¡Cuánta habilidad necesita una mujer para hacer que le roben lo que siente vivos deseos de conceder!
Juan Jacobo Rousseau

La única diferencia entre un capricho y una pasión eterna, es que el capricho puede durar.
Óscar Wilde

Si alguna vez alguna mujer me hace morir, será de risa.
Jules Renard

En la guerra, como en amor, sólo el cuerpo a cuerpo da resultado.
Mariscal de Montluc

—¡Ah, que buenos tiempos aquellos: yo era muy desgraciada!
Sohpie Arnould

Abogo por la costumbre que dispone que un hombre bese la mano de la mujer la primera vez que la ve. Hay que empezar por algún sitio…
Sacha Guitry

Temático (varios autores)
No. 42, Mayo 1970
Tomo VII – Año VI
Pág. 399

Agudezas


Las ciudades deberían edificarse en el campo, ¡el aire es allí mucho más puro!
Henry Monnier

El verdadero melómano es el hombre que oyendo cantar a una mujer en su cuarto de baño, se acerca al ojo de la cerradura y pega la oreja.
Anónimo

Sólo se viste bien en los países en los que se desviste mucho.
Daniel Darc

Una prueba de que se está civilizado es que no se les quita la vida a los imbéciles.
Emile Pontich

Las traducciones son como las mujeres: cuando son hermosas, no son fieles. Y cuando son fieles, no son hermosas.
Edmond Jaloux

No tomes la vida demasiado en serio, de todos modos no saldrás vivo de ella.
Albert Hubbard

Temático (varios autores)
No. 42, Mayo 1970
Tomo VII – Año VI
Pág. 391

La pulquería

¿La pulquería es una reminiscencia oscura de la casa de rosas, el tablado de la farsa indígena, donde Xochiquetzalli daba de beber y de fumar a los dioses cazadores de pájaros, maestros de la cerbatana, cuando caían dulcemente fatigados?

—Ansina se me hace, si siñor, pero empújese asté otro tornillo.

José Gorostiza
No. 42, Mayo 1970
Tomo VII – Año VI
Pág. 389

Exactitud


Permitid que os refiera la historia de los automovilistas en China. ¿No la conocéis acaso? El automóvil está en panne en un pueblecito chino; tiene un agujero en el depósito. Se descubre a un artesano que no puede reparar el depósito, pero que lo copiará en dos horas. Los automovilistas parten de nuevo con un depósito magnífico. En plena noche, nuevo panne. El chino había copiado también el agujero.

Jean Cocteau
No. 42, Mayo 1970
Tomo VII – Año VI
Pág. 378

Prueba


La marquesa de Saint-Pierre se encontraba en una reunión de sociedad en la que se decía que el mariscal de Richelieu había poseído a muchas mujeres sin haber amado nunca a ninguna. “¡Sin amar, está pronto dicho —contestó ella—. Yo se de una mujer por la que recorrió trescientas leguas!”. Aquí contó la historia en tercera persona y llevada su narración, terminó: “La llevó a la cama con una increíble violencia, y en la cama nos quedamos tres días”.

Chamfort
No. 42, Mayo 1970
Tomo VII – Año VI
Pág. 377

Electoral


“¡Ese pobre general!, otra vez lo han derrotado en las elecciones”, dijo la princesa de Parma, por cambiar de conversación. “¡Oh!, eso no es grave, no es más que séptima vez”, dijo el duque, que como había tenido que renunciar también a la política, se complacía bastante en los reveses electorales de los demás. “Se ha consolado queriendo hacerle otro chico a su mujer”. “¡Cómo! ¿Vuelve a estar encinta esa pobre señora de Monserfeuil?”. “¡Pues claro! —respondió la duquesa—; ése es el único distrito en que no ha fracasado nunca el pobre general”.

Marcel Proust
No. 42, Mayo 1970
Tomo VII – Año VI
Pág. 375