Trabajo forzado

Llegó a oídos de Rabí Levi Itzjak de Berdichev que las muchachas que amasaban el pan ácimo para Pesaj, trabajan desde el amanecer hasta hora avanzada de la noche, sin descanso. En la primera oportunidad, levantó su clamor:

—Los enemigos de Israel nos acusan de amasar el pan ácimo con sangre de cristiano. ¡No, es con sangre judía que lo amasamos!

Del Tesoro Jasídico
No. 64, Abril – Mayo 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 499

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De la puerta hacia adentro

Caminábamos pero nos detuvimos y de pronto el silencio entre nosotros inventó otro silencio para el mundo o caso lo distrajera para que nos olvidara un poco. Nos rodeaban árboles que se empeñaban en combatir a las luces de los autos extendiendo largos dedos de sombra que pretendían cerrarse con la oscuridad más absoluta. Y las luces se evadían de las sombras; pero yo eso lo supe al verlas persiguiéndose, casi a manera de juego, sobre y entre tu cabello dándole la apariencia de estar vivo, en espera de mi mano para también poderla acariciar.

Pensé en acercar mi rostro al tuyo para que apenas nuestros labios saborearan la tensión de las palabras, nunca dichas por temor al espectro de la confusión, nuestro aliento se suspendiera por un momento con el confín inquisidor de nuestras lenguas buscándose en el afán de borrar los silenciosos secretos de cada uno.

Con un abrazo desearía que nuestros colores se matizaran de tal modo que trazaran un puente cuyos extremos se alcanzan a sí mismos.

Mas sólo fue pensamiento y deseo. A pesar de la penumbra viscosa —era verano, quizá lo recuerdes, y salimos a tomar el fresco—, nunca dejamos de ser tres; él mi hermano; tu su mujer; yo y yo.

Federico Urtaza
No. 64, Abril – Mayo 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 502

Tentación

Al llegar el Rabí Pinjas al Beith Hamidash, observó que sus discípulos, que habían estado conversando animadamente, se interrumpieron confusos.

—¿De que hablabais?  —les preguntó.

—Hablábamos de los que nos preocupa —respondieron—, que la tentación nos persigue.

—No os preocupéis —respondió el Rabí—, que aún no alcanzasteis tal grado de perfección, que la tentación os persiga. Por ahora, sois vosotros quienes la perseguís a ella.

Del Tesoro Jasídico
No. 64, Abril – Mayo 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 498

Puñales de cera

Se ha descubierto que una abeja asesina fue la primera en inaugurar un mueso de figuras de cera. Apuñalaba a sus compañeras y luego revestía el cuerpo de las víctimas con el material de trabajo de la comunidad. Un día invitó a la abeja reina a visitar sus espléndidas colecciones, y la reina sufrió tal impresión al ver a sus súbditas convertidas en estatuas, que condenó a la criminal a morir y renacer en una mujer morbosa. La sentencia se cumplió en París a mediados del siglo XVIII, cuando nació una niña que tenía inquietud de abeja y coqueteaba con lo horripilante. Con el tiempo, esta niña se convertiría en la famosa madame Tusad, que inauguró, a fines de septiembre de 1849, un flamante Museo de Figuras de Cera. Y no son cuentos: afirman que por las noches, las ensangrentadas figuras de madame (las de la cámara de horrores) producen un rumor semejante al que emite el “alma de la colmena”, percibido por Mæterlinck.

Alfredo Cardona Peña
No. 64, Abril – Mayo 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 489

Medidas radicales

Después de asaltar el poder de la ciudad vampírica, la Junta Militar dio a conocer el siguiente edicto solemne: Primero: Queda terminantemente prohibido, bajo pena de estaca en el corazón, succionar gargantas de cadáveres recientes. Segundo: A partir de esta fecha, quedan clausurados todos los restaurantes en donde se expida, venda u ofrezca sangre de animales, como son la de todo, vaca, carnero, perro o cualquier rumiante o ser irracional.

Representantes de la “Congregación dela Sed” acudieron presurosos ala Junta, extrañados de tan drásticas y fascistas medidas, demandando por lo tanto una explicación. Se les dijo que la primera cláusula del edicto se había firmado tomando en cuenta que la grandeza de los verdaderos vampiros “consiste en chupar cuellos vivos, preferentemente de aldeanas vírgenes”, y la segunda, porque “esos establecimientos comerciales donde se consume sangre de perro y otras inmundicias, no hacen más que prohijar un detestable vegetarianismo, impropio de nuestra raza tantas veces milenaria”

Alfredo Cardona Peña
No. 64, Abril – Mayo 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 488

Blasfemia I

Y como Saray la maltratara Agar huyó. Anduvo errante por el desierto sin agua y sin pan. Dejó a Ismael bajo un matorral y fue a sentarse lejos para no ver morir de sed a su hijo. Entonces el ángel del Señor se presentó ante ella y le entregó dos fichas: ahí, a dos pasos de ella, estaba el refrigerador de Coca Cola.

(Génesis 21, 14-19)

Daniel Barbosa Madrigal
No. 64, Abril – Mayo 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 496

Lo esencial

Después de la muerte de Rabí Moshé, el de Korbin, encontrose uno de sus discípulos con Rabí Mendel, el de Kotzk.

—¿Qué era lo esencial para tu maestro? —preguntó el Zadik.

El discípulo recapacitó un momento y respondió:

—Lo que le ocupaba en ese momento, eso era lo esencial.

Del Tesoro Jasídico
No. 64, Abril – Mayo 1974
Tomo X – Año XI
Pág. 497