Retrato de un hombre sentándose a la mesa

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Entonces, señor, después de la oficina y el bus de hora y media y la cerveza en la tienda de la esquina, después de caminar despacio mirando las muchachas, por la calle de su barrio, usted llega a su casa donde tampoco lo esperan ni su mujer ni sus muchachos, y se tira encima de la cama a esperar que le acaben de preparar la sopa, y piensa en la vida cómo se le va pasando casi en silencio, como haciéndose el pendejo, con miedo pánico de darse cuenta.

Y luego, amigo, lo llama su mujer con una voz de como si usted no estuviera por ahí, porque según cuentas ya se le está enfriando el caldo maggi. Y no hay otra sino pararse despacito y caminar arrastrando las pantuflas, sentarse a la mesa sin mirar a la vieja a quien usted ya casi nada tiene que decirle porque ella no sabe hablarle de otra cosa que de deudas y facturas, y apenas aguantarse el alboroto de los cuatro muchachitos que lo enervan. Usted, por un segundo, deja de comer y apoya con fuerza la frente contra las dos manos, suspirando.

Y es aquí, hermanito, cuando usted lo entiende todo claritico y sabe mejor que nadie que esta vida así no es vida para nadie y que sería mejor arreglar toda esa puta mierda antes que se nos acabe el tiempo.

Gustavo Mejía
No. 67, Octubre-Diciembre 1974
Tomo XI – Año XI
Pág. 82

De todo un poco

Se despojó del sombrero y se sentó. Un momento después salió el caballero de la casa y comenzó la charla.

—Yo vine por lo del anuncio…

—¡Ah sí! —dijo el caballero, cortándole—¿qué sabe usted hacer?

—¿Yo?, pues… de todo. Desde cocinar hasta atender una oficina.

—¡Magnífico! Es usted, justamente, la persona a quien yo buscaba. ¿Y cuál es su nombre, por favor?

—¿Yo? Alicia Ji, ji, ji.

Eugenio Zamora Martín
No. 67, Octubre-Diciembre 1974
Tomo XI – Año XI
Pág. 78

Los cirujanos también son víctimas de tentaciones

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Hay que reconstituir el cuadro. En primer término todo es legal. El cuchillo, la sangre, la situación, los atenuantes, los caprichos del artista, la posibilidad de hacer una contribución a su manera. Y aunque la enfermedad no sea grave hay que ponerse en el caso del cirujano cuando tiene todo un mundo por delante. Un cuerpo que le pertenece como en el primer día del mundo y que las circunstancias de la vida lo fueron atando en torno a un nombre y una colección de huesos y hasta es padre de familia y tiene domicilio reconocido. Y además, articuló como Dios manda sus células, se produjo cierto equilibrio en el edificio humano desde la piedra fundamental del alma hasta las uñas, todo enredado con venas, cartílagos, pieles y memorias. Entonces cómo no intervenir para romper este equilibrio y saltarle las amarras a la víctima, cambiarle el número de su cabeza, perforarle los recuerdos, dejarlo lisiado en el fondo de las tinieblas como en otros tiempos cuando por un lado avanzaba un solo ojo, nada más que un solo ojo, y por el otro la mirada, y por algún extremo el sexo de la humanidad, y por el camino contrario venían los hijos, el éxodo de los pequeños que fueron degollados, uno por uno, con una prolijidad que aún hoy asombra leyendo cualquier tratado de cirugía general.

Alfonso Alcalde
No. 67, Octubre-Diciembre 1974
Tomo XI – Año XI
Pág. 77

Bautizar las palabras resulta un verdadero rompecabezas

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El que descubrió el agua reconoce que fue por casualidad. Luego se le metió en la cabeza inventar el fuego. Pero su problema más grande consistía en descubrir un nombre para cada cosa, porque nada estaba bautizado y no había ninguna diferencia —hasta ese momento— entre un caballo y un teléfono. Si decía “árbol”, ningún árbol se daba por enterado moviendo las alas en señal de comprensión o complicidad. Al decir “perro”, nadie movía la cola. Si nombraba “vaca” bien le contestaba una gaviota, un mono-patín, algún submarino. Si se ponía a juntar los pedazos de lo que iba a ser la primera campana y después le ponía un nombre antojadizo como piano, por ejemplo, todo quedaba en silencio nadando en el misterio como si una gran sordera hubiera invadido la Tierra cuando todo humeaba después de los orígenes. Entonces se le ocurrió decir “niño” y fue a buscar uno al colegio y lo sorprendió copiando una tarea de su compañero de banco. Después de mucho discutir pudo llegar a un acuerdo con el profesor jefe. La gente mayor, los que ya podían hace uso de la bicicleta, levantar una casa, desnudar una mujer, ser rey de algo ése se llamaría “padre” y en cambio, los más pequeños, los que eran capaces de obedecer, casi ciegamente, de usar ropa más reducida, de entretenerse tirándole piedras a un anciano vagabundo, esos se iban a llamar “hijos”, de ahora en adelante.

Alfonso Alcalde
No. 67, Octubre-Diciembre 1974
Tomo XI – Año XI
Pág. 73

Héroe

Sabía muy bien que lo que hacía, lo hacía por México. Recordó la valiente lucha de Don Benito Juárez en defensa de la soberanía de la patria. ¡Él estaba dispuesto a hacer lo mismo! Tomó una resolución heroica, entornó mentalmente las estrofas del Himno Nacional, apuntó bien y metió gol.

Eduardo López Rivas
No. 67, Octubre-Diciembre 1974
Tomo XI – Año XI
Pág. 69

Caldero mágico

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Bran Mac Llyr tenía en su poder el caldero mágico, dentro del cual resucitaba a los muertos. En sus ratos libres se dedicaba a tocar el arpa y llegó a adquirir un gran estilo. Esta afición le inclinó a proteger a poetas y cantantes.

En la refriega sostenida con los donianos en el Infierno, del cual era rey, fue herido por una saeta envenenada y, como fue despojado de sus tesoros, no pudo recurrir al encanto de su caldero; pero, a cambio de sufrir los estragos del tósigo, prefirió que le cortaran la cabeza, la cual continuó hablando y dando consejos durante 110 años, hasta que fue enterrada en Londres, con los ojos hacia el sur, por recomendación suya, para preservar de invasiones a la isla.

(Textos Goidels. Siglo IX)

Rafael Mendoza
No. 67, Octubre-Diciembre 1974
Tomo XI – Año XI
Pág. 68

La eterna Eva

Se coloca sobre el impecable traje, su ego. Ella restriega su cuerpo acariciándole. Luego, puede irse al centro sonriente, comprar chucherías, coquetear con los amigos. Él se queda extasiado, adormilado en su autosuficiencia.

Un día, cuando ella se acerca persuasiva; el ego agazapado le reclamó con su fuerza herida y ella quedó lastimada.

Ahora —dicen— él se dedica a acumular victorias y ella, con una manzana en la mano, como una eterna Eva arrepentida, lo mira pasar mientras solloza.

Magdalena Sofía
No. 67, Octubre-Diciembre 1974
Tomo XI – Año XI
Pág. 67

Algo insólito sobre la moral pública

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El gato iba por el tejado y se encontró con un gallo que regresaba de compras. La curiosidad de ambos contrincantes permitió confirmar que el gallo traía huevos en su canasto y el gato, una gata en las pupilas. La denuncia por atentar contra la honra y las buenas costumbres la hicieron en forma simultánea pero en comisarías distintas.

Alfonso Alcalde
No. 67, Octubre-Diciembre 1974
Tomo XI – Año XI
Pág. 65

Una madre, gracias a Dios, puede elegir el futuro de sus hijos.

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La Flaca al ver por primera vez un preservativo asoció la idea a un acuario con pequeños peces.

Su sentido del humor llegaba a tales extremos que se permitía cortarle la punta sin que el galán la sorprendiera de modo que todos sus hijos eligieron la carrera del mar cuando llegó el momento de ganarse la vida por su propia cuenta.

Alfonso Alcalde
No. 67, Octubre-Diciembre 1974
Tomo XI – Año XI
Pág. 64

Alfonso Alcalde
No. 85, Enero-Febrero 1981
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 564

La venganza

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En el colegio un jorobadito hace sus estudios en camaradería con un simpático y gallardo joven, quien en un baile, para burlarse de él, le coloca sobre la deforme espalda una mariposa de papel. El jorobado, conteniendo su cólera, la guarda en su cartera.

Transcurre el tiempo.

El jorobado inicia a su amigo en ciertas revelaciones de la vida ulterior. Le hace dudar. Le muestra que el espíritu necesita de su liberación, alejado de la materia venal y torpe. Entonces le da a leer el libro de Goethe. Werther.

Y su amigo se suicida.

Antes de que vayan a llevarse el cadáver para el camposanto, el jorobado se acerca al féretro, saca de su cartera la mariposa de papel y la coloca entre las manos cruzadas del cadáver.
Ernesto T. Lefevre
No. 67, Octubre-Diciembre 1974
Tomo XI – Año XI
Pág. 61

Ernesto T. Lefevre
No. 99, Julio-Agosto 1986
Tomo XV – Año XXII
Pág. 490

Sobre sueños no hay nada escrito

Despertó sobresaltado por la pesadilla: el Monstruo lo perseguía rojo de odio y estaba a punto de saltarle por la espalda. Se irguió un momento, miró a su alrededor y tornó a dormirse, tranquilizado por la familiaridad del entorno oscuro de su cuarto.

Era lo que esperaba el Monstruo para avanzar, esta vez en forma definitiva. Siempre se había sentido orgulloso de su disfraz de sombra.

Juan Armando Epple
No. 67, Octubre-Diciembre 1974
Tomo XI – Año XI
Pág. 55

Panorámica del que le dio por ir hasta San Victorino

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El hombre llega hasta las dragas de la doce por los lados de San Victorino, se detiene un instante y por obligación respira el aire con sabor a hígado asado, mira a los lados y con la mano en el bolsillo para que no lo roben, se hecha a andar por entre todo el mundo. Se deja ofrecer las yerbas, los ungüentos, los radios transistores, las pomadas y condones lubricados; en alguna parte se para un momento y se mide una gafitas, mira hacia el otro lado de la calle y allá, al fondo, oscurecidas por el vidrio, las puticas esperan a la puerta del hotel mientras conversan; deja las gafas y se llega al estante de los indios que hablan jerigonza y se ríen de la gente. El hombre siente como vergüenza de andar por ahí mirando nada más y empieza a alejarse lentamente

De repente se encuentra pensando en las cosas que tiene que hacer la gente para comer dos veces diarias.

Gustavo Mejía
No. 67, Octubre-Diciembre 1974
Tomo XI – Año XI
Pág. 53

Gustavo Mejía
No. 102, Abril-Junio 1987
Tomo XVI – Año XXIII
Pág. 147

Equivocación

Aquella tarde la vi; han sido dos o tres veces quizá después de que nos separamos. Ocho años anduvimos juntos. ¡Y qué bien me acuerdo lo de la primera vez! Desde entonces me abandoné a su capricho: no pude manejarla. Pero con todo y eso era buena, nunca me dio dolores de cabeza. Con estar abastecida y tener sus menjurjes cotidianos a tiempo estaba satisfecha. Pero como todo tiene su fin, nos aburrimos y cada quien se fue por su lado llegado el momento. Me dolió la facilidad con que encontró nuevo dueño, casi al despedirnos…

Cuando nos hemos encontrado, siento que no me mira. Ha cambiado algo: se ve un tanto descolorida; por fin le enderezaron el trasero, y hasta le han puesto parrilla. El número de matrícula es el mismo…

Sergio Ovidio García
No. 67, Octubre-Diciembre 1974
Tomo XI – Año XI
Pág. 51

Líquido poético

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Hecha la paz entre Ases y Vanes, se reunieron para escupir en una ánfora, simbolizando así el desprendimiento del mutuo odio abolido.

De la mezcla nació Vasir, criatura dotada de una sapiencia sobrehumana. Mientras los ex beligerantes celebraban su nacimiento, aprovechando la orgía reinante la nueva criatura fue matada por dos enanos que mezclaron la sangre del cadáver con miel, compuesto que conservaron escondido en tres calderos durante mucho tiempo. El tercero de estos, llamado Odrerir o Hidromiel, fue descubierto por unos inmigrantes que no supieron guardar en secreto las notables propiedades del elixir. Por eso muchos bebieron de él y se volvieron sabios y poetas. Desgraciadamente el Odrerir cayó en manos de Odín. En lo sucesivo sólo él podía determinar quién sería poeta; pero cuando lo robó cayeron varias gotas de licor y quienes ansiosos de imitar a los poetas iban  a lamer la tierra donde cayera el líquido sólo consiguieron convertirse en poetastros o simples versificadores.

 (Ibn Fadlan. 1265 – ?)

Rafael Mendoza
No. 67, Octubre-Diciembre 1974
Tomo XI – Año XI
Pág. 46

Se supone que el sistema nervioso es culpable de torcidas maquinaciones

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Casi fue en su origen que le metieron tantas cosas en la cabeza al cerebro. Si bien al comienzo sólo se trataba de un timbre de alarma (una señora de edad que abría rabiosa la puerta condenando con el puño a los niños que huían en desbandada), más tarde llegaron torneros, electricistas comenzando a desenredar la madeja, conectando a su antojo hilos y motores, dejando los resultados a la vista, una complicación que no termina nunca y en permanente corto-circuito. Kilómetros de finos engranajes quedaron sobrantes y sin destino con los cables sueltos. De ahí que los propios instaladores del sistema regresaran a su casa dominados por la esquizofrenia llegando en los extremos de su locura a inventar el cortaúñas, la bicicleta, el sartén, los guantes y otras sandeces.

Alfonso Alcalde
No. 67, Octubre-Diciembre 1974
Tomo XI – Año XI
Pág. 41

Retrato de uno que camina por la séptima

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Sin pararse a pensar cuántas veces ya lo ha hecho, usted se lanza una vez más por esa séptima sin fondo y permanentemente humedecida por la llovizna que no deja de caer, con la esperanza de encontrar de pronto o en cualquier esquina a alguien que lo reconozca, porque usted está triste o jarto o ambas cosas sin saber por qué ni cómo. Se pregunta, entonces, de dónde viene tanta soledad, qué ha hecho usted para tenerse que mamar una vida como esa. Y así como camina por la séptima, con pasos cortos se recorre los pedazos de su vida que lo empujan de la casa a la oficina y a veces al prostíbulo —que es lo mismo sólo que al revés, así lo siente usted— y luego a esta calle inundada de periódicos desechos en el viento, y se pregunta si no sería más bien que en algún lugar del mecanismo que lo lleva y que lo trae, su trabajo que no es suyo le volvió mierda la vida.

Gustavo Mejía
No. 67, Octubre-Diciembre 1974
Tomo XI – Año XI
Pág. 39

Noticias interinfernales III

CIUDAD DEL VATICANO, 26 de Agosto (PUF) El Papa desmintió ayer las declaraciones de algunos científicos, en el sentido de que la polución atmosférica impide la salida del calor solar de la atmósfera, de tal forma que por el aumento de la temperatura, los polos comenzaron a derretirse, el nivel del mar a subir y debido a esto —según los citados científicos— poco a poco irán desapareciendo los continentes.

“Estas teorías son falsas —dijo el Santo Padre—. El origen de la anunciada catástrofe —agregó— es la minifalda, infernal artefacto que está ocasionando el constante incremento de la temperatura ambiente, el derretimiento de los principios morales, el inevitable aumento de los incontinentes y por lo tanto, la paulatina desaparición de los continentes”.

Eduardo López Rivas
No. 67, Octubre-Diciembre 1974
Tomo XI – Año XI
Pág. 33

Noticias interinfernales II

WASHINGTON, 26 de Agosto (PUP).- Se cuentan por cientos de miles las personas que ayer perecieron, cuando la aviación norteamericana, por un error, bombardeó esta capital. Respecto a la terrible tragedia, el vicepresidente Espíritu Ígneo, declaró: “Si tomamos en cuenta los resultados concretos de la operación, debemos reconocer que nuestros muchachos tienen una excelente puntería”.

Eduardo López Rivas
No. 67, Octubre-Diciembre 1974
Tomo XI – Año XI
Pág. 33

Noticias interinfernales I

INFIERNO, 26 de Agosto (PIPI).- El Presidente Lucifer Endemoniado Aborto, señaló el peligro que corre el país de quedar estancado en su infernal progreso, a causa de la alarmante fuga de cerebros. “Cada año —declaró el mandatario— miles de diablos salen a Estados Unidos de Norteamérica, a tomar cursos de doctorado, sin que jamás regresen”.

Eduardo López Rivas
No. 67, Octubre-Diciembre 1974
Tomo XI – Año XI
Pág. 33

Eugenio Zamora Martín

Eugenio Zamora Martín

Eugenio Zamora Martín

Eugenio Zamora Martín, nació en Colón, Matanzas en 1940. Fue profesor de Biología, Psicología y Didáctica de las Ciencias en los Planes de Estudios Dirigidos del MINED. Su primer libro “Botánica elemental”, se publicó en 1965.[1]

Desdicha

—¿A quién echarle la culpa de esta terrible situación? ¿A los dioses? ¿A mis padres?… Yo no puedo saberlo. Sin embargo, lo cierto es que esta incertidumbre me tortura, me mata. Y lo peor del caso es que pasan los años… y ¡nada! ¡ni la mujer, ni la yegua! ¡Qué horrible es ser centauro!

Eugenio Zamora Martín
No. 67, Octubre-Diciembre 1974
Tomo XI – Año XI
Pág. 29